¿Qué implicaciones tiene la reforma fiscal?

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Por: Carlos A. Tornel

Al igual que las recientes reformas publicadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto, la reforma fiscal no decepciona al crear una lluvia de críticas y comentarios. Si partimos de que, según encuestas de la OCDE y el Banco Mundial, el 60% de los mexicanos no confiamos en nuestro gobierno,[1] no está de más pensar que la presente reforma fiscal no es algo que generará mayor desconfianza en el gobierno y se prestará un arduo debate sobre sus posibles implicaciones.

México es el último país en la OCDE en recolectar ingresos a partir de la retribución tributaria, es decir, nuestro país no recauda ni siquiera el 14% de su PIB[2]  por medio de la recaudación fiscal, colocándonos por debajo de países como Chile y otros países similares como Brasil. Estos datos se refieren a los niveles federales, sin embargo la recaudación a nivel estatal y municipal es aún menor, (acumulando únicamente el 0.6% del PIB)[3]. Como vimos hace un par de meses, la recaudación ha sido tan insiginificante que tenemos municipios endeudados y en ocasiones  en quiebra.

La reforma fiscal se presenta en un momento pecuiliar. Hace un mes, el gobierno de EPN presento su iniciativa de reforma Enegética[4], la cual sin duda trajo varios debates a la mesa como la privatización del uso de tecnología para explotar hidrocarburos no convencionales, la tendencia a explotar aún más los recursos petrolíferos de nuestro país sin fomentar su sustentabilidad a largo plazo y la poca congrunecia del marco legal en México con los instumentos de planeación del presente gobierno[5].  La reforma fiscal propone nuevos instrumentos para el “fomento” a las energías renovables, pero también presenta otra cara de la reforma energética.

La incongruencia de presentar a la reforma energética como la “respuesta para el futuro de México” no sorprende y más aún, tampoco sorprende que ésta haya contado con el apoyo de los otros dos grandes partidos políticos en México: el PAN y el PRD ¿Pero como lograron hacer eso? Lo que aparentemente sucedidó, es que para hacer funcionar el “Pacto por México”, las dirigentes de estos partidos políticos pactaron detrás de la cortina el futuro fiscal y energético de nuestro país. Por un lado, el PRI cedió a las demandas de la izquierda en la reforma fiscal al no incrementar los impuestos al consumo de medicinas y a la canasta básica, es decir, dejar de “cargarle la mano” a los más pobres, pero a cambio, pidió nada más y nada menos que el futuro energético y la caja chica de los ingresos de nuestro país: PEMEX.

Este acto tiene cuatro consecuencias fundamentales: la primera, es que PEMEX seguirá siendo la caja chica del gobierno. El año pasado (2012) PEMEX represento el 38% de los ingresos del gasto público en México, eso quiere decir que 38 centavos de cada peso en México provienen de la renta petrolera[6]. Es claro que la reforma fiscal no planea modificar esto en lo más mínimo y es aquí en donde la reforma energética tiene su papel fundamental, pues la reforma, en efecto, no apunta a un cambio en la producción y explotación de hidrocarburos, sino que por el contrario, apuesta a una mayor explotación y dependencia de los mismos. La apuesta sigue siendo la de seguir dependiendo en un recurso no renovable en vez de transitar hacia opciones más sustentables e incluso viables. Dejémosle entonces a la izquierda los impuestos al refresco y el alcohol, el impuesto verde al carbón, los impuestos a los plaguicidas y no cobremos impuestos a las medicinas (que hasta ahora parece ser -si es que no es el único-  gran paso adelante en esta reforma), pero el control del verdadero ingreso no se toca.

La segunda es que la reforma fiscal es más bien un sistema de misceláneo de recaudación que no pretende modificar los patrones de recaudación actuales. Si el objetivo de la reforma era recaudar más y traducir este ingreso en mayor bienestar, habría apuntado a incrementar los impuestos de forma diferenciada, es decir, a cobrar más dinero a quien puede pagar más y a efectivamente mejorar y eficientar la forma en la que pagamos impuestos. Asimismo, debió apuntar a que los ciudadanos puedan ver traducidos estos recursos en acciones concretas. La realidad es que el gobierno no realiza ningún cambio estructural de la forma en la que se recaudan y pagan impuestos, no propone una solución viable a la problemática de la corrupción y la desigualdad, no le asegura a la población que pagar impuestos será más efectivo y conducirá a un sistema más saludable de tributación pero propone recaudar aún más ¿Para qué?

Países  de la Unión Europea tienen un promedio de recaudación físcal de alrededor del 30%, pero los niveles de desigualdad social se reducen dráticamente despúes de la recaudación fiscal, modificando el coeficiente GINI o de desigualdad en más de 10 puntos. En México la recaudación fiscal únicamente modifica los parametros de desigualdad en 2 puntos.[7] Asimismo, únicamente el 6% del PIB se invierte en bienestar y salud social y todo parece indicar que, por el camino en el que nos dirigimos, no habrá un cambio sustancial de estos números. La reforma fiscal pretende entonces recaudar más sin hacer grandes modificaciones al sistema tributario, de bienestar y de desigualdad. Está reforma se plantea en un país que tiene el mismo porcentaje de pobres  (60% de la pobación )  que hace 20 años.

Una de las medidas más eficientes para recaudar más dinero es la de cobrar menos impuestos pero imponer mayores multas por falta de pago. Esto incentiva a la población a pagar porque es más barato que no pagar o de lo que se paga antes. Si el objetivo es hacer más eficientes las finanzas públicas, entonces la presente reforma fiscal parece ir por el camino contrario.

La tercera consecuencia es sobre tratar de responder a la pregunta  anterior de ¿para qué recaudar más? ¿En verdad necesitamos más dinero? La pregunta es muy válida, en especial para las personas que pagaran aún más impuestos en este sexenio. La respuesta es un punto intermedio entre el sí y el no. Es cierto que México podría recaudar al menos un 30% de su PIB por medio de recaudación fiscal, esto podría traer un mayor desarrollo y bienestar en la población, podría mejorar las instituciones gubernamentales, las vialidades, reducir la pobreza y la desigualdad, sin embargo, antes de que todo eso suceda, los recursos recaudados se tienen que traducir en acciones transparentes que regeneren la confianza de los ciudadanos en el gobierno, que se traduzcan en justicia social, en la efectividad en el uso de sus recursos y que al mismo tiempo observen y se beneficien de un incremento en sus niveles de bienestar (esto enfocado a la clases de menores ingresos), es decir una reducción de la desigualdad.

Es necesario preguntarse cuáles son las intenciones de esta reforma. El PRI parece querer recaudar por recaudar, es decir, recaudar más ingresos desde cualquier sector que sea posible, sin haber delimitado cual será el beneficio de recaudar más dinero. ¿O es que el gobierno de EPN dejo muy claro como pretende gastar estos recursos? En tanto los mexicanos comencemos a ver menos gastos en los salarios y prestaciones de nuestros funcionarios públicos, mayor transparencia, menores casos de corrupción dentro del gobierno y mucho mayor bienestar social, en ese momento y sólo en ese momento, estaremos dispuestos a aceptar una reforma fiscal congruente que busque incrementar los niveles de recaudación.

Lo bueno de la reforma Fiscal

De las pocas cosas buenas que se integran en la reforma fiscal podemos resaltar: el impuesto a los plaguicidas, a las bebidas azucaradas, al alcohol, el incremento a los precisos de los combustibles fósiles y el impuesto al carbono. Estos pueden ser la base para mejorar el bienestar de la población,  incentivar el uso de nuevas tecnologías y redirigir subsidios regresivos hacia quienes más lo necesitan. En las últimas semanas, varias empresas y formadores de opinión (como el columnista del periódico Reforma, Sergio Sarmiento) han abogado continuamente en contra de estas medidas, calificándolas como medidas en contra de los intereses de la industria y el comercio. Esto no quiere decir que es necesario defender la reforma o el conjunto de reformas, sino que más que un llamado al conformismo, es un llamado a exigir al gobierno, nos informe y nos haga participes de sus acciones, para que nos sea posible decir el porqué no estamos de acuerdo con la reforma  y en estos casos específicos, el porqué debemos rescatar medidas como estas, que pueden traducirse en medidas con mayor bienestar para la población.

Una de las medias más controversiales de la reforma es la del impuesto al carbono, a partir del cual el gobierno planea cobrar 70.68 pesos por tonelada de emisiones de carbono provenientes de los combustibles fósiles. Este podría representar un impuesto muy importante para el gobierno, el cual permitiría recaudar cerca de 20,000 millones de pesos anualmente[8], sin embargo la propuesta también prevé eliminar el artículo 40 del la Ley del Impuesto sobre la Renta, el cual daba competitividad en el mercado a las energías renovables frente a los combustibles fósiles.

Esto no sólo quiere decir que lo bueno de la reforma, no es tan bueno, sino que es responsabilizad de la ciudadanía presionar por otra reforma energética y fiscal mucho más incluyentes, democráticas y participativas, recordemos que los beneficios de estas deben traducirse en beneficios para la sociedad y no de los intereses de las grandes empresas  y nuestros gobernantes.

Finalmente, debemos entender estas reformas (energética y fiscal), como parte de un pacto político que no representa las necesidades de la población mexicana, que violenta el derecho democrático de la población de elegir la forma en que se gobierna, que no rinde cuentas, que no es transparente, incluyente y que ejemplifica el abuso del poder por parte del Estado. Este es otro paso más en el camino que poco a poco parece haber terminado con el Estado de bienestar y peor aún con el mismo contrato social.


[1] Agenda de Refromas para un Crecimineto Icluyente y Sostenible.Banco Mundil-LAC. México  2013. Presentación para la Nueva Alianza Estratéica en México. 17 de Septiembre de 2013.

[2] Agenda de Refromas para un Crecimineto Icluyente y Sostenible.Banco Mundil-LAC. México  2013. P 117.

[3] Ibidem.

[4]  http://elinternacionalista.com/2013/09/10/reforma-energetica/

[5] La LGCC establece la reducción del 30% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero para el año 2020 y el 50% al 2050. La LAERFTE, establece la participación de las energías renovables debería ser de al menos  35% para el 2024 y del 50% para el 2050.

[6] Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (2012). Dependencia petrolera de las finanzas públicas de México. Disponible en http://www.cefp.gob.mx/publicaciones/nota/2012/julio/notacefp0462012.pdf). Consultado el 08 de agosto de 2012.

[7] Op. Cit Banco Mundial 2013. Resúmen Ejecutivo, pag. 25.

[8] Reforma Fiscal. Negocios, Períodico Reforma 13 de septiembre de 2013.

Foto obtenida de la página de Presidencia de la República. www.presidencia.gob.mx/

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