¿Reforma Energética?

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Por: Carlos Tornel

El pasado 15 de agosto el presidente Enrique Peña Nieto presentó la propuesta de reforma energética. Ésta consta de la modificación a los artículos 27 y 28 de la Constitución Mexicana, los cuales tratan temas complicados dentro el panorama energético nacional: la exclusividad de PEMEX para explotar los hidrocarburos y una revisión del texto cardenista elaborado en 1938 sobre la expropiación petrolera.

En un primer acercamiento a la reforma, sorprende que el texto de la misma en realidad no haya profundizado en temas como la inversión extranjera, el rol de la privatización de ciertas atribuciones de la paraestatal, o los términos y condiciones del artículo 25 constitucional sobre la exclusividad del sector público en el sector energético. En este sentido, todo el debate de privatización, inversión extranjera y las atribuciones de PEMEX tendrán que esperar a una futura reforma. Por ahora todo parece indicar que PEMEX seguirá teniendo la exclusividad de explotación de hidrocarburos.

Para el analista energético David Shilds, la reforma presentada por Peña no es otra cosa que “un primer round” de lo que el Presidente tiene en mente, o al menos de la expectativa que se había creado alrededor de esta propuesta. Que por ahora se queda corta a lo esperado, ya que, como también señala el analista, probablemente no tendrá problemas para ser aprobada en el congreso al no tocar los temas más polémicos. El verdadero reto de la reforma, similar a la que se propuso en 2008, vendrá después de una reforma fiscal, es decir hasta el próximo año.

Detrás del debate de la privatización y el rol que representará PEMEX en el futuro de la explotación de hidrocarburos en nuestro país, surge una cuestión muy importante que sí se aborda en esta reforma, la explotación de hidrocarburos no convencionales como el gas shale (o gas de lutitas) y la exploración de pozos profundos.

En este sentido parece que el debate que ha suscitado la reforma no ha sido el adecuado, mientras nos preguntamos si la reforma energética debe permitir recibir inversiones extranjeras y cómo éstas deben de adaptarse al régimen de PEMEX; la reforma contiene implicaciones fuertes en cuestión ambiental y de costo social, que se están quedando fuera de la discusión pública.

Desde el año 2012, con la aprobación de la Ley General de Cambio Climático (LGCC), México se fijó como metas la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en un 30% para el año 2020 y en un 50% para el 2050. Esto se sumó a las metas ya establecidas en la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética (LAERFTE) la cual establece en sus artículos transitorios una participación máxima de 65% de combustibles fósiles en la generación de energía eléctrica para el año 2024, del 60% en el 2035 y del 50% para el 2050.[1]

La reforma energética, al igual que la recientemente publicada Estrategia Nacional de Energía, prevé la explotación de pozos profundos así como el uso y exploración de gas de lutitas, o gas shale[2]. La explotación de estos recursos, denominados hidrocarburos no convencionales, apuntan a que le futuro energético de México dependerá exclusivamente de la explotación de los mismos. Pero, ¿qué implicaciones tiene esto?

Desde finales del 2012, el secretario de Energía  del gobierno de Calderón ya hablaba del gas shale como “la llave del futuro energético en México”[3]. Desde entonces varios funcionarios, académicos y hasta ambientalistas han comenzado a hablar de este gas como un futuro viable para la energía en México. Debido a que este gas tiene un menor porcentaje de emisiones de GEI a la atmósfera, el gobierno de México le apuesta al shale para comenzar a explotar la capacidad de México, que se calcula a lo equivalente a 60.2 miles de millones de barriles de petróleo crudo equivalente[4].

A pesar de que el marco legal y otros instrumentos de planeación como el PND establecen  la necesidad de “Impulsar y orientar un crecimiento verde incluyente y facilitador que preserve nuestro patrimonio natural al mismo tiempo que genere riqueza, competitividad y empleo”[5] el cual prevé la necesidad de incentivar tecnologías renovables y el desarrollo del país con bajas emisiones, la contrariedad y la disyuntiva entre estos instrumentos crean un panorama confuso y contradictorio del futuro energético de México.

La reforma energética parece contribuir a esta confusión al no esclarecer ciertas particularidades, como el papel que jugarán las energías renovables en el futuro de México. En este sentido existen 3 grandes problemas desde la perspectiva de la sustentabilidad con lo establecido en la reforma así como en otros instrumentos de planeación como la ENE y el PND:

Primero, el petróleo es un recurso del que desafortunadamente seguiremos dependiendo, pero en este sentido, la reforma energética apunta a que México piensa explotar este recurso como si no hubiera mañana, es decir, la finalidad de la reforma energética es incrementar la producción diaria de barriles de petróleo. De este modo, México no sólo se une al grupo de países que incrementarán su explotación de petróleo y por lo tanto de emisiones de GEI, sino que promueve una contrariedad de lo ya estipulado en las metas de reducción de emisiones y de transición energética. Apostarle a una continua explotación de petróleo no asegurará la sustentabilidad de este recurso a largo plazo, sino que es una señal de una economía paternalista que no tiene visión a largo plazo.

Segundo, apostarle a estos hidrocarburos no convencionales es tomar una decisión a ciegas. La explotación de aguas profundas y gas shale requieren de métodos de perforación a los cuales PEMEX no tiene acceso o capacidad tecnológica sufriente para implementar de forma rentable. En el caso del gas shale, los métodos de extracción requieren de un alto uso de agua para perforar las piedras en las que se encuentra sepultado el gas. Un solo pozo requiere entre 9 a 29 millones de litros de agua, lo que sería equivalente a la misma cantidad de agua que consumirían entre 4.9 y 15.9 millones de personas en un año[6]. Las implicaciones ambientales de este proceso no se pueden ignorar.

Tercero, ante este escenario surge la pregunta de cómo se planea la explotación y extracción de estos recursos. Ya que PEMEX no cuenta con las capacidades tecnológicas suficientes, la respuesta más obvia es que caerá en manos de grandes petroleras e inversores privados. Es necesario plantarse si en verdad la vía para el crecimiento será por medio de la inversión entre tipo de tecnologías y en la continua explotación de hidrocarburos. La apuesta del gobierno, en congruencia con el marco legal y los instrumentos de planeación debería estar apuntado hacia la transición energética y la sustitución progresiva del uso de hidrocarburos por energías renovables. Depositar nuestro futuro y nuestro dinero en hidrocarburos no convencionales solamente atrasará nuestra transición energética y pone en riesgo el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

La reforma energética en México se ha convertido en algo inminente y necesario. Está, sin duda será una de las principales acciones que promoverá el presente gobierno. Sin embargo, está por verse si esta reforma será para el bien el futuro de México o si será un gran paso en retroceso. La reforma debe buscar posicionar a México en un camino hacia un futuro sustentable, debe ser congruente con lo establecido en el marco legal mexicano y debe impulsar el bienestar para las generaciones presentes y futuras. Lo que vimos el pasado 15 de agosto fue, por un lado, el primer acercamiento al debate necesario sobre la privatización de PEMEX, mientras que por el otro se vislumbra un futuro no muy prometedor en cuanto a la sustentabilidad energética se refiere.

Imagen obtenida de http://www.vicerrectoriaurc.uson.mx/


[1] LAERFTE. Cámara de Diputados México 2013. Disponible en línea en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LAERFTE.pdf

[2] El gas shale, de lutitas, o exquisito,  es el mismo gas natural que ya consumimos habitualmente en nuestros hogares y en la industria. Sin embargo, tiene la particularidad de encontrarse atrapado en formaciones de pizarra (lutita o esquisto) que se encuentran en el subsuelo. Para liberar el gas de estas rocas es necesario fracturarlas por medio de una técnica conocida comúnmente como fracking. Carvioto, Francisco. El Gas Exquisito y el Canto de las Sirenas. El Universal. 22 de febrero de 2013. Disponible en línea en: http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle17922.html

[3] Ibidem.

[4] Estrategia Nacional de Energía 2013.2027. Secretaría de Energía. México 2013. Disponible en línea en: http://www.sener.gob.mx/res/PE_y_DT/pub/2013/ENE_2013-2027.pdf

[5] PND. Objetivo 4.4. Disponible en línea en: http://pnd.gob.mx/

[6] Alianza Mexicana contra el Fracking. Documento Base.  Disponible en línea en: http://nofrackingmexico.org/

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