La línea roja: La problemática línea roja

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Por: Javier Díaz Pinelo

El conflicto en Siria lleva ya más de dos años y ha cobrado la vida de alrededor de cien mil personas. A pesar de esto, la comunidad internacional, y especialmente Estados Unidos, se habían visto renuentes a involucrarse demasiado en esta guerra civil hasta el 21 de agosto de 2013, cuando ocurrió un mortífero ataque a las afueras de Damasco en el que se presume que se usaron armas químicas. Este nuevo escenario ha hecho casi inminente una intervención militar estadounidense. Sin embargo, a pesar de las declaraciones beligerantes del presidente Barack Obama y de su secretario de Estado, John Kerry, todo parece indicar que hay duda entre el gobierno norteamericano y que cualquier decisión será tomada con extrema cautela. Pasándolo en limpio, aparentemente no quieren intervenir, pero se están viendo obligados a hacerlo.

El meollo del asunto está en el uso de armas de destrucción masiva, específicamente de las famosas armas químicas. Aproximadamente hace un año, el presidente Obama advirtió al régimen de Bashar Al Assad, presidente de Siria, que tomaría cartas en el asunto en caso de que fuera utilizado este tipo de armamento en combate, o en sus palabras, eso representa una línea roja que de ser cruzada habría consecuencias. A pesar de esto, en marzo de este año se reportó un primer ataque con armas químicas en las cercanías de la ciudad de Aleppo, del que los rebeldes y el gobierno de Assad se culparon mutuamente. Los ojos de la comunidad internacional se voltearon hacia Estados Unidos, pero la única reacción fue una declaración de condena por parte de Obama. Las cosas se empezaron a poner más serias cuando en junio de 2013 la inteligencia norteamericana concluyó que había indicios de uso de gas sarín por parte de las fuerzas de Assad, sin embargo, la respuesta nuevamente fue débil, siendo solamente la promesa por parte de la Casa Blanca de apoyar a los rebeldes sirios con armamento.  Finalmente, tras el ataque del 21 de agosto, Estados Unidos la soltó directa: es necesario intervenir.

¿Es este el momento en el que se tocó directamente los intereses estadounidenses? Es posible que sí, pero en mi opinión, lo que está motivando a los Estados Unidos es más la incertidumbre que la certeza. Una de las principales preocupaciones está centrada en la seguridad nacional.  En un lugar altamente inestable como Siria, en el que el terreno todavía no tiene un vencedor definido (aunque tendiendo más a favor de Al Assad),  y en el que hay varias fuerzas rebeldes combatiendo, este tipo de armamento puede caer fácilmente en manos equivocadas, específicamente en grupos jihadistas o de Al Qaeda. Aunque Estados Unidos haya afirmado determinantemente que el gobierno sirio fue el que realizó el ataque, a ciencia cierta todavía no está confirmado que efectivamente ellos hayan sido. Carla Del Ponte, miembro de la  Comisión Independiente de Investigación Internacional de la ONU sobre Siria comentó a la prensa que existen evidencias que sugieren la posibilidad de que los rebeldes también hayan usado gases neurotóxicos. Esto entonces presenta cierta amenaza para Estados Unidos por el lado del terrorismo y los grupos extremistas.

También el haber establecido una línea roja obliga a Estados Unidos a usar la fuerza. No actuar respecto a las armas químicas le daría poca seriedad y credibilidad a sus advertencias, más concretamente de la administración Obama, y por lo tanto, implicaría que se puede rebasar una y mil veces cualquier límite impuesto por los estadounidenses, por lo que demuestra debilidad.

A pesar de los motivos anteriores y volviendo al punto original, Obama no quiere intervenir. La opinión pública está en su contra, los fracasos recientes en medio oriente (Irak y Afganistán) son un estigma profundo en la sociedad norteamericana y en su economía y, por si fuera poco, el apoyo internacional es incierto. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas cualquier acción es bloqueada por Rusia y China, el Reino unido se vio forzado a desistir y todavía Francia se ve reticente en entrarle o no.

El sábado 31 de agosto, Obama pidió autorización al congreso para el ataque a Siria. Esto sin duda demorará cualquier acción que pueda realizarse, lo que dará tiempo a Obama y al sector militar norteamericano de definir qué estrategia seguir y qué tan profundo se involucrará en Siria. Aunque es una señal de cautela, y de ser aprobada, legitimaría mucho más la intervención al interior del país. Este movimiento además puede ser conveniente para Obama considerando que no sería él, sino el congreso, quien quede como responsable de realizar o no el ataque,  con lo que se curaría en salud frete a la comunidad internacional y se amortiguaría un poco cualquier golpe político.

Al mismo tiempo, todavía no se sabe si esto sería una intervención limitada, corta y barata para castigar al régimen de Assad o algo más profundo que realmente cambie significativamente el campo de batalla. No creo que en una situación tan delicada y compleja Obama se arriesgue a involucrarse demasiado, por lo que probablemente escogerá la opción más discreta, aunque muy seguramente, terminará por verse inmiscuido de forma más profunda.

¿Y los civiles? Bien, gracias. Es triste que hayan pasado más de dos años para que un actor internacional tan importante como Estados Unidos medio se decida a intervenir en Siria y que su prioridad sea el control de armas de destrucción masiva por encima del problema de fondo: la protección de vidas humanas. El futuro se sigue viendo negro para los sirios y al parecer nos encontramos frente a un conflicto al que le quedan todavía muchos años y posteriormente un muy doloroso proceso de sanación.

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