El costo de la democracia en Egipto: un experimento fallido

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Por: Sofía Pacheco Niño de Rivera

Hoy ya es evidente que la crisis egipcia será profunda y prolongada, y que tendrá consecuencias geopolíticas de gran alcance. El largo camino hacia la consolidación de la democracia se ha detenido, y ha comenzado un periodo de incertidumbre política y caos social.

La causa del actual estado de desesperanza política en Egipto, irónicamente, es precisamente la que hace un año pretendía ser la solución al autoritarismo que vivió Egipto por más de tres décadas. Mohammed Morsi simbolizó esta solución al ocupar democráticamente la presidencia hace un año. Morsi, miembro de la Hermandad Musulmana, llegó al poder entre aplausos que se traducían en altas expectativas de un Egipto revolucionado cuyo desarrollo poco a poco permitiría reducir el desempleo, mejorar la educación, estabilizar la economía y eliminar los lastres represivos que la dictadura de Hosni Mubarak había dejado como herencia.

En un año, resultó peor el remedio que la enfermedad. Morsi fue acusado de emprender un fascismo teológico y religioso dentro del cual, evidentemente, no hubo cabida más que para consolidar la agenda ideológica de su partido.  Más que presidente se creía faraón, alegó tener licencia divina para gobernar y creó una Constitución cuya base era la sharia. A su vez, descuidó la economía e ignoró las inquietudes del pueblo. En consecuencia, el pueblo egipcio abrió los ojos ante la decepción de lo que estaban viviendo y se dio cuenta que durante el gobierno de Morsi se había favorecido un discurso revolucionario, pero nunca se había concretado aquella revolución que empezó el 25 de enero del 2011 en la Plaza Tahrir.

Se alcanzó un nivel récord en el número de paros laborales por semana, el número más alarmante rondaba las 500 huelgas; la inflación sobrepasó el 8%; el turismo descendió; la lira egipcia perdió valor frente al dólar; las reservas se desplomaron de 36,000 millones de dólares en 2011 a 16,000 millones a mediados de este año y el excesivo gasto llevó a que el déficit presupuestal se elevara a 13% del PNB.[1] A pesar del turbulento escenario, la economía egipcia no colapsó gracias a la ayuda financiera de Qatar, Turquía y Libia. Ahora Egipto solamente es  acreedor a una deuda de 25,000 millones de dólares para los próximos dos años…¡vaya consuelo!

Los síntomas de esta situación se materializaron en una nueva oleada de protestas y manifestaciones. Los pilares de la estrategia que se empleó en 2011- el activismo digital y la movilización de masas- resurgieron a finales de junio para dar forma a nuevas protestas más organizadas, como el movimiento Tamarod[2], y con demandas más ambiciosas. No obstante, estos movimientos no hubieran tenido tal impacto sin el empuje de Las Fuerzas Armadas del Ejército -uno de los actores más importantes de la crisis egipcia- quienes adjudicándose prerrogativas que no les corresponden, nadaron en favor de la corriente y depusieron a Morsi del poder mediante un golpe de Estado el pasado 3 de julio. Al parecer la democracia se ha vuelto un valor superfluo y relativo, sujeto a la interpretación del más fuerte, pues al menos en Egipto se acata únicamente cuando a la élite militar le conviene, convirtiéndola en  “un salvador a quien siempre se puede volver a crucificar”[3].

En teoría, el ejército está para mantener cierta estabilidad, en él se deposita la imparcialidad necesaria que modera entre población y gobierno. En la práctica, se ha adjudicado facultades draconianas que lo han vuelto de facto la cabeza del poder. Específicamente, esa cabeza tiene nombre y apellido: Abdel Fatá Al Sisi-comandante de las fuerzas armadas-quien nombró a Adly Mansour-juez reconocido-como presidente interino y a Mohammed El Baradei, premio nobel de la paz, como vicepresidente[4]. Como resultado del nombramiento de Mansour, se perpetúa una alianza con el poder judicial y se aleja cada vez más a la Hermandad Musulmana, ya que dentro del poder judicial aún persiste el espíritu del antiguo régimen, el cual permitirá el ingreso de tecnócratas, militares y liberales laicos, pero no de hermanos musulmanes y mucho menos de salafistas[5].

Desde que los movimientos Kifaya[6] surgieron, popularmente bautizados como la primavera egipcia, el país ha pasado del autoritarismo, al sectarismo, hasta llegar al pretorianismo que hoy lo caracteriza. Entonces ¿en cuál de las tres etapas cabe la tan esperada y necesaria revolución?…Definitivamente en ninguna. Tendría que haber una cuarta etapa: la restauración democrática, la cual de vuelta a la legitimidad gubernamental mediante una reconciliación que sea genuinamente inclusiva. Es decir, que tome en cuenta los intereses de todos los actores: militares, Hermandad Musulmana y liberales laicos.

Por supuesto, tampoco se podrán poner en riesgo los intereses de Los Estados Unidos (EE.UU.), quienes en esta ocasión han quedado bastante al margen. Barack Obama, Presidente de los EE.UU., discursivamente ha condenado la situación en Egipto. Sin embargo, no la reprueba profundamente, pues de hacerlo tendría que reconocer que ha habido un golpe de Estado, y por ende tendría que retirar el apoyo económico a los militares, quienes sirven a intereses norteamericanos en tres temas principales: (1) EE.UU. confía en que el grupo militar egipcio frenará la insurgencia terrorista al interior de Egipto como alrededor, puesto que al agravarse la situación, los grupos se vulneran y pueden ser presa fácil de grupos como Al Qaeda, quienes ofrecen toda clase de apoyo a cambio de la formación de células en ese país. (2) los militares son quienes garantizan que EE.UU. siga teniendo paso por el Canal de Suez, estratégico para el comercio de petróleo. Y (3) los militares egipcios son un agente tapón para EE.UU. en Medio Oriente. Recientemente wikileaks  difundió un cable que hacía constar lo siguiente: “los líderes militares [egipcios]ven nuestro programa de asistencia militar como una ‘compensación intocable’ por mantener la paz con Israel”[7]. En palabras simples y llanas, mientras los militares tengan el control y en sus manos esté la gobernanza directa o indirecta de Egipto, el Tratado de paz con Israel de 1979-una de las piezas claves para mantener la estabilidad en la región-permanecerá intacto[8].

EE.UU. responde a Egipto de manera un tanto ambigua con financiación militar, principalmente mediante el obsequio de helicópteros Apache y tanques M1A1 Abrams Battle[9]. Aunque la desproporcionalidad es evidente EE.UU. necesita a Egipto, y viceversa.

A esta potencia mundial, sin embargo, parece ser no le ha quedado claro que la situación actual en Egipto no es un paréntesis democrático, que la violencia escala día con día, que el tejido social se resquebraja y las identidades se fragmentan. No hay poder que EE.UU. tenga capaz de camuflar la muerte de más de 750 personas durante los últimos días ante el escrutinio internacional.

Aunque en Medio Oriente estos movimientos ya parezcan plausibles, la incertidumbre prevalece en Egipto. Su futuro aún no está perdido como en Siria ni en manos de extranjeros como ocurrió en Libia. Lo que corroe al país no desaparecerá tan fácil como en Yemen, ni se podrá aprisionar a todo presunto culpable como en Túnez.

La ruta que seguirá Egipto es incierta. Al parecer nada se concreta y todo empeora. Esta incógnita permanecerá los próximos meses mientras a través de quiebres y tropiezos el país del Nilo vuelve a convocar elecciones. Aunque es muy poco probable que la Hermandad Musulmana vuelva al poder ejecutivo, nadie sabe quién estará a cargo en un mediano plazo. Gane quien gane el privilegio de gobernar a un pueblo crítico y soñador, hay supuestos que apuntan a lo que predice Sara Khorshid -periodista egipcia- acerca de que el destino egipcio ya no son las urnas sino las armas…¿Será cierto?

Referencias

Brown J., Nathan. Redoing the Egyptian Revolution. Foreign Affairs. USA. 2013.

El Economista. 2013. http://eleconomista.com.mx/internacional/2013/08/14/renuncia-vicepresidente-interino-egipto

ElPaís.” Los islamistas se hacen fuertes en el Sinaí”. Consultado el 20 de agosto del 2013. Disponíble en: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/19/actualidad/1376897064_074368.html

Enciclopedia Británica. Consultada el 20 de agosto del 2013. http://www.britannica.es/

Fareed Zakaria´s Blog. Sahar Aziz: Egypt´s Identity Crisis. 2013 Disponible en: http://globalpublicsquare.blogs.cnn.com/

Fernández, Haizam Amirah. Egipto,rumbo al desastre. Real Instituto Elcano. España. 2013.

Mundo Árabe.2013. http://www.mundoarabe.org/kifaya.htm

Pérez Colomé, Jordi. El largo camino de la revolución. Letras Libres. México. 2012.

Volpi, Jorge. El Insomnio de Bolivar. Editorial DeBolsillo. México. 2013 Pg.91.

www.bbc.co.uk

www.wikileaks.org

Imagen obtenida de mexico.cnn.com

[1] Fernández, Haizam Amirah. Egipto, rumbo al desastre. Real Instituto Elcano. España. 2013.

[2] Tamarod quiere decir rebelión en árabe. Representa una Organización Civil formada en 2004 por los integrantes del Movimiento Egipcio por el Cambio (Enciclopedia Britanica, 2013).

[3] Volpi, Jorge. El Insomnio de Bolivar. Editorial DeBolsillo. México. 2013 Pg.91.

[4] El Baradai renunció al puesto de vicepresidente el 14 de agosto al no hacerse responsable de una sola gota de sangre (El Economista, 2013).

[5] Grupo islámico radical, ultraconservador.

[6] En árabe significa basta. Es un movimiento político formado por oponentes al régimen del ex presidente Hosni Mubarak, los cuales abogan por una mayor democracia (Mundo Árabe, 2013).

[7] WikiLeaks 2013.

[8] Pérez Colomé, Jordi. El largo camino de la revolución. Letras Libres. México. 2012.

[9] Brown J., Nathan. Redoing the Egyptian Revolution. Foreign Affairs. USA. 2013.

 

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