Repensando el desarme nuclear

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Por: Jorge López

Por más de cincuenta años hemos estado a menos de diez minutos del “Día del Juicio Final.” Según el Doomsday Clock, un reloj simbólico diseñado por el Bulletin of the Atomic Scientis[1]t de la Universidad de Chicago, mientras más se acerca la media noche, más cerca está el mundo del desastre global representado por las armas nucleares.

Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI)[2], un centro de investigación reconocido por sus informes de contabilidad de arsenales nucleares, actualmente son diez los países que poseen las cerca de 20,500 ojivas nucleares existentes en el planeta[3], de las cuales, alrededor de 5,000 están activadas y 2,000 en estado de alerta, es decir, a sólo unos minutos de lanzarse.

Junto al calentamiento global, las armas nucleares representan la mayor amenaza no sólo para la seguridad y la paz internacionales, sino para la existencia misma de la humanidad. Su capacidad destructiva es incapaz de discriminar objetivos militares de civiles, lo que las convierte en una contradicción tanto para el Derecho Internacional como para el Derecho Internacional Humanitario.

Las armas nucleares tienen como principal objetivo el destruir ciudades, no complejos militares, como aconteció en las comunidades de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Su poder va más allá de la explosión al instante de detonarse, pues el nivel de radiación emanado de la fisión nuclear que genera permanece por décadas en el ambiente, los recursos naturales y en los organismos vivos, entre ellos las personas.

Es a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando la comunidad internacional decidió enfrentar la amenaza nuclear y, a través de la firma del Tratado para la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) en 1968, se delimitaron tres pilares centrales en el contexto legal y político del tema: los usos pacíficos de la energía nuclear, la no proliferación de las armas nucleares y el desarme nuclear.

El TNP es la principal referencia en el tema dentro del contexto del Derecho Internacional, tanto por los avances del régimen de no proliferación, como por las contradicciones que su contenido presenta. De los 190 Estados que han ratificado el instrumento, 5 son reconocidos como Estados poseedores de armas nucleares (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia) en el preámbulo y en su articulado[4]. Al momento en que el TNP hace una distinción entre Estados poseedores y no poseedores de armas nucleares, el Tratado impone el paradigma de que hay países con el derecho legítimo de poseer estas armas de destrucción masiva, mientras que el resto tiene que someterse al régimen de no proliferación a fin de evitar el surgimiento de nuevas potencias nucleares; por lo tanto, se trata de un régimen discriminatorio.

Mientras que algunos Estados Parte del TNP, como Irán, mantienen su programa de energía nuclear con fines civiles bajo vigilancia e inspección del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y son acusados, aún sin la evidencia suficiente, de intentar construir el arma nuclear, otros países no signatarios como Pakistán, India e Israel, han desarrollado y acumulado (según estimaciones del SIPRI y no pocas agencias de inteligencia) arsenales nucleares que no han tenido la atención como la que se presta a otros actores, dígase Irán actualmente e Iraq y Libia en décadas pasadas.

Mientras Pakistán, India e Israel se niegan a firmar el TNP y sus arsenales son reconocidos y aceptados políticamente por las potencias, el régimen de no proliferación contradice al tercer pilar del TNP: el desarme nuclear. El TNP en su Artículo VI afirma: “Cada Parte en el Tratado se compromete a celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional.” Es decir, desde la entrada en vigor del Tratado, los Estados poseedores de armas nucleares están incumpliendo con sus obligaciones emanadas de este instrumento.

Las potencias igualmente han evitado brindar a los Estados no poseedores de armas nucleares[5]  de Garantías Negativas de Seguridad contra el uso o la amenaza del uso de armas nucleares, lo cual podría considerarse una medida parcial hacia el fin último que es el desarme general, completo y verificable.

En ese sentido, cabe preguntarse si la perspectiva de los tres pilares es la más adecuada en esta época de posguerra fría, donde la doctrina de la disuasión y el concepto de la destrucción mutua asegurada[6]  parecen anacrónicos en un mundo donde no son los Estados los únicos actores relevantes en la estructura de la seguridad internacional[7].

El paradigma de los tres pilares obedece a las relaciones de poder creadas luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, por lo tanto, en esta época es necesario considerar el análisis de los elementos como un cuerpo completo, es decir: el uso de la energía nuclear con fines pacíficos no es compatible con el uso de la energía fisible para la construcción de armamento.

La mayor garantía para la no proliferación de las armas nucleares y el uso exclusivo de la energía nuclear para fines pacíficos, entonces, es la eliminación completa, transparente y verificable de las armas nucleares. Mientras algunos Estados posean esas armas, otros estarán tentados a también adquirirlas o desarrollarlas. Un mundo en que la existencia de las armas nucleares continúe siendo aceptada y legitimada en el discurso y en la práctica, es un mundo intrínsecamente inseguro, incluso para los que pretenden aún justificar su existencia.

El autor es egresado de Licenciatura en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey campus Chihuahua (2011) y actualmente se desempeña como oficial de prensa en el Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (OPANAL). Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad única del autor y no responden a la postura de ninguna institución o grupo en particular.

Imagen obtenida de cosmoecologos.blogspot.com


[1] Bulletin of the Atomic Scientists. (2012). “Doomsday Clock Overview” en Bulletin of the Atomic Scientists,Universidad de Chicago. [En línea]. Chicago, disponible en: http://www.thebulletin.org/content/doomsdayclock/overview

[2] SIPRI. (2012). SIPRI Yearbook 2012, world armaments and disarmament. Oxford University Press.

[3] Los 5 Estados poseedores de armas nucleares reconocidos por el Tratado sobre la No Proliferación de las ArmasNucleares (TNP): China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia; así como Israel, India, Pakistán y Corea del Norte.

[4] United Nations Office for Disarmament Affairs. (2012). “Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares” en ONU. [En línea]. Nueva York, disponible en: http://www.un.org/spanish/events/npt2005/npttreaty.html

[5] Ello con excepción de los Estados Partes de la Zona Libre de Armas Nucleares de la América Latina y el Caribe (ZLAN), creada por el Tratado de Tlatelolco (1967) y la del Pacífico Sur, construida por el Tratado de Rarotonga (1985), cuyos Protocolos Adicionales representan Garantías Negativas de Seguridad contra el uso o la amenaza de uso de armas nucleares contra los Estados Partes de dichas ZLANs. Por otro lado, las potencias nucleares al momento de adherirse a los respectivos Protocolos, presentaron Declaraciones Interpretativas que algunos consideran como reservas, las cuales señalan las circunstancias en las que no cumplirían sus obligaciones.

[6] Para mayor información de estos conceptos, consultar: WMDC. (2006) “WEAPONS OF TERROR: Freeing the World of Nuclear, Biological and Chemical Arms” en Blix Associates. [En línea]. Estocolmo, disponible en: http://www.blixassociates.com/wp-content/uploads/2011/02/Weapons_of_Terror.pdf

[7] 8Existen grupos no estatales, como los considerados “terroristas” que luego del fin de la Guerra Fría han presentado un desequilibrio en las relaciones de poder. Uno de los nuevos retos para la paz y seguridad internacionales es que dichos grupos no estatales se apoderen de armas nucleares para perseguir sus propósitos políticos. Para mayor información consultar: UNIDIR. (2003). “Disarmament forum, nuclear terrorism” en UNIDIR. [En línea]. Ginebra, disponible en: http://unidir.org/bdd/fiche-periodique.php?ref_periodique=1020-7287-2003-2-en

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