¿Primavera turca?

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Por: Sofía Pacheco

El lunes 27 de mayo el centro de Estambul comenzó a bullir al grito de “democracia”, el sábado las calles de Ankara se contagiaron y así cada día una nueva ciudad se une al espíritu de protesta que hoy predomina en gran parte del país.

Los manifestantes demandan democracia al gobierno de Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco desde hace 11 años, quien últimamente ha lanzado políticas autoritarias, inconscientes y que frenan el impulso hacia la modernización y occidentalización de Turquía.  Las más criticadas han sido: la limitación del uso y consumo del alcohol y la imposición de un sistema educativo basado en el Islam. La responsable de las recientes protestas es la decisión de construir un centro comercial sobre un parque público de Estambul. Los críticos argumentan que el gobierno de Erdogan pretende hacer muchas obras públicas que atentan contra la salud ambiental de Turquía, como es el caso del proyecto para el tercer puente del Bósforo o este nuevo centro comercial.

Erdogan asegura que las manifestaciones son producto de un plan por parte del principal partido de oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), al que ha acusado de conspirar contra su gobierno, mientras que ha reafirmado que tanto su gobierno como su partido – el AKP – trabajan únicamente para promover la democracia y el bienestar de Turquía. Sin embargo, parece que gran parte de la población no comparte su pensamiento, pues ya van más de 1,700 personas detenidas por las manifestaciones en la plaza Taksim Gezi.

Las manifestaciones han consistido en protestas con carteles que piden el alto a los planes urbanísticos del gobierno, así como mayor democracia en las acciones políticas e incluso algunos piden la renuncia de Erdogan. La policía ha reaccionado con el uso de gases lacrimógenos para impedir que la gente se aproximara a Beskitas, barrio donde se encuentran las oficinas de Erdogan. Los agentes antidisturbios que han intentado controlar la situación han dejado personas lastimadas y heridas, las cuales únicamente claman su derecho a expresarse.

Para ninguna de las partes- población y gobierno- es conveniente que la situación escale. La población turca no quiere mayor inestabilidad y represión, mientras que a su vez el gobierno no desea un país fraccionado por un motivo más a los existentes (derechos humanos y la situación de los kurdos) que permitiera la posibilidad de un escenario de intervención extranjera.

A pesar de que, como es costumbre en Turquía, algunos medios han sido censurados y dejan en entredicho el verdadero comportamiento de la fuerza pública contra los civiles, debemos entender que lo que sucede no es una revolución como la de Egipto, una anarquía armada como la de Libia, ni una guerra civil como en Siria. La situación turca tiene sus propios matices, es claro que hay descontento social y que el gobierno se ha mostrado intransigente ante las demandas de la población. Sin embargo,  lo que sucede en Turquía no pierde el carácter de protesta social y por lo pronto no es necesario comenzar a etiquetar estas manifestaciones con conceptos más serios.

Imagen obtenida de cdn.20minutos.es

Fuentes

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/06/03/actualidad/1370240317_244597.html

http://www.publinews.gt

http://www.ft.com/cms/s/0/2401af76-cc31-11e2-9cf7-00144feab7de.html

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