Transnistria: Un nodo geopolítico en los confines de la Unión Europea

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Por: Rolando M. Dromundo Valadez

A más de 21 años de la desaparición de la Unión Soviética son numerosos los conflictos regionales que quedan sin resolver de una zona del mundo que se desmembró en 15 repúblicas. Cada una de ellas con una complejidad diferente y en la mayoría de los casos con una población multiétnica y con fronteras que no correspondían a la división histórica de las diferentes nacionalidades, etnias y lenguas que componían este conglomerado multinacional.

Fueron muchos los casos en que un grupo étnico minoritario se convirtió en mayoría o viceversa. En este contexto, las 15 repúblicas se dieron a la tarea de construir un nuevo estado nación en una situación de crisis. Además, numerosos fueron los diversos grupos étnicos, que dado el complejo sistema de organización política soviético, aprovecharon para buscar más autonomía o incluso la independencia, todo esto valiéndose del complejo sistema de organización político soviético que promovía la convivencia con el concepto de la “amistad de los pueblos”.

Moldavia por ejemplo, se dio a la tarea de tener que construir un estado nación y tratar de formar una identidad que históricamente nunca había existido. La región que hoy se conoce como la república de Moldavia, era antes conocida como Besarabia, y era parte de la región rumana de Moldavia. De hecho, la nación rumana fue formada con la suma de los principados de Moldavia, Valaquia y posteriormente Transilvania. Sin embargo, por diversos motivos, el territorio de Besarabia estuvo bajo dominio ruso de 1812 a 1918 y posteriormente se incorporó a la Unión Soviética en 1940 como la República Soviética Socialista de Moldavia. Sin embargo a sus fronteras, les fue agregado un territorio que nunca había sido parte de Besarabia pero que contaba con una considerable porcentual de población rusa, donde se encuentra la ciudad de Tiraspol, hoy capital de Transnistria.

Esta república de facto, no reconocida por Naciones Unidas surge a partir de que la elite política de esta región, se negó a incorporarse a la República Moldava. Muchos pensaban, que dado que la mayoría moldava es rumana, lo más lógico es que se terminaría de incorporar a sus antiguas fronteras moldavas. La población de Transnistria que está compuesta por ucranianos, rusos y rumanos, se negó a una posible rumanización. Es así como desde 1992 y después de una corta pero sangrienta guerra civil entre grupos paramilitares de la región y el incipiente ejército moldavo, la Repúlica de Trasnistria con el apoyo de tropas del ejército ruso mantuvieron la línea que divide a ambos territorios justo a la altura del rio Dniester, del cual viene el nombre de este país.

A partir de ahí, la cúpula política de este territorio ha declarado múltiples veces su independencia además de que han hecho numerosos referenda  para ratificarla. Además han votado también su anexión a Rusia en numerosas ocasiones y vale la pena mencionar que en su momento votaron en contra de la desaparición de la Unión Soviética. Tal vez ese sea uno de los motivos por los cuales en su escudo y en su bandera todavía hoy se encuentra la hoz y el martillo y se utilizan muchos de los símbolos del período soviético. Llama la atención además que todos los grupos étnicos que se encuentran en esta entidad separatista han votado mayoritariamente por mantener el status quo actual lo cual evidencia que el conflicto tiene otras justificaciones más allá de la cuestión étnica.

En la actualidad, tienen todo el funcionamiento de un país independiente. Tienen su gobierno, su parlamento, su propia moneda el rublo de Transnistria, y tienen pleno control sobre sus fronteras, algo que no pueden presumir Palestina o Kosovo por ejemplo.

Actualmente cuentan solo con reconocimiento de la República de Abjazia y de Osetia del Sur, sin embargo hay una considerable presencia de Rusia a todos los niveles. Más del 30% de la población cuenta con pasaportes rusos y el ruso es el idioma que se utiliza a todos niveles entre la población aunque el ucraniano y rumano (aquí llamado moldavo) también son lenguas oficiales.

Desde el fin del conflicto militar en 1992 y hasta la actualidad, hay tropas rusas como garantes de paz que actualmente cuentan con un reducido número de menos de 1,400 elementos, sin embargo, esto es uno de los puntos que más generan suspicacias en occidente donde se pide desde hace más de una década el retiro de estas tropas, quizás para evitar un escenario similar a lo que sucedió en Georgia en el 2008.

Actualmente el formato de diálogo 5+2 establecido desde hace varios años no ha dado resultado. Este esquema compuesto por Moldavia, Transnistria, Ucrania, Rusia y la Organización Seguridad y Cooperación en Europa más la Unión Europea y Estados Unidos como observadores no ha traído avances y ha sido difícil llegar a un esquema que deje satisfechas a ambas partes.

A grandes rasgos hay dos escenarios para solucionar el conflicto, el primero e ideal para el gobierno moldavo y para occidente sería que Transnistria acepte un estatuto de autonomía dentro de la República de Moldavia similar al que tiene hoy la república de Gagauzia. El segundo, va en el sentido de crear una federación que prácticamente asegure a las repúblicas de Trasnistria y Gagauzia veto sobre cualquier decisión de peso en el gobierno federal. Todo esto, impediría por un lado, una cada vez menos probable anexión a Rumania y por otro tener un mayor acercamiento con la OTAN o incluso con la Unión Europea. La segunda variante, apoyada por Rusia estuvo cerca de ser aceptada por el gobierno moldavo pero ante la presión de Estados Unidos no fue así.

De esta forma, esta franja de territorio que cuenta con más de medio millón de habitantes sigue funcionando como una especie de territorio sin ley ya que además no puede estar sujeto a algún acuerdo internacional en tanto no es un país reconocido ni por la ONU ni algún otro organismo internacional y ni siquiera por algún otro miembro de Naciones Unidas.

La situación actual a quien más beneficia es a los rusos, mientras que en el plano interno con más de 20 años de existencia, en Transnistria se empeñan por desarrollar una identidad propia y crear su propio concepto de nación. Es por eso que a la mayoría de los habitantes locales parece no incomodarles la situación ya que además al contar casi todos con algún otro pasaporte no tienen problemas para viajar. En ese sentido, Rusia utiliza el estado actual para poder condicionar la política exterior de Moldavia y tal como hicieron en Osetia del Sur y en Abjazia, juegan con la posibilidad de reconocer a este país lo cual cambiaría completamente el escenario.

Por otro lado, el ingreso de Rumania a la Unión Europea aumentó el interés en occidente para buscar una solución a un conflicto que mantiene una frontera “sin control” en un país vecino y  potencial candidato a ingresar a la UE algún día. Aún así, más allá de la falta de control en la frontera, es poca la preocupación, ya que Moldavia es hoy el país más pobre de Europa y una mayor integración significaría verse obligados a lidiar con la pobreza de este país e incorporarlos al mercado laboral europeo.

Falta por definir si Ucrania, país vecino y que se vería beneficiado por una solución al conflicto pudiera desarrollar una propuesta propia soberana e independiente de los intereses geopolíticos que confluyen en la región. Esta solución pudiera ser anexar Transnistria a Ucrania, argumentando que los ucranianos son casi el 40% de la población y que seguramente contaría con el respaldo de la mayoría de esta entidad que ya votó en numerosas ocasiones su anexión a Rusia.

Por lo pronto, la solución al conflicto parece lejos. La respuesta, será seguramente parte del juego geopolítico entre los diferentes intereses que confluyen en la región y se decidirá en función también de lo que pase en otras latitudes. Así pues, conflictos como el de Naborno Karabagh en Armenia, Kosovo en Serbia y Transnistria sean probablemente decididos no por los actores locales sino en función de acuerdos entre Moscú, Bruselas, París, Berlin y Washington.

Rolando M. Dromundo Valadez es Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM . Actualmente cursa el doctorado en geopolitica en la Universidad de Pisa. Durante varios años se ha desempeñado como periodista y como docente en diferentes instituciones. Los últimos 5 años ha sido corresponsal del canal Telesur donde ha cubierto diferentes eventos de la realidad política y deportiva en México, Centroamérica, Estados Unidos y otros lugares entre los que destacan el golpe de estado en Mali y los Juegos Panamericanos en Guadalajara.  Entre sus objetos de estudio se encuentran la geopolítica y la realidad de los países de la Ex Unión Soviética y por otro lado los problemas sociales vinculados al deporte. Es miembro de la Asociación Internacional de Sociología del Deporte. Viajero incansable. Habla 6 idiomas entre los cuales ruso.

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