Fukushima: No solo es Seguridad Nuclear

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Por Mtro. Erasmo Zarazúa Juárez

Catedrático Universitario

 

Cuando tratamos el tema de Chernóbil en la clase de Desarme y Seguridad Internacional, un alumno preguntó que si podía darse un escenario parecido. La respuesta que le di fue que las medidas para evitar errores humanos y técnicos se han reforzado, aunque no del todo pues muchas de las plantas son instalaciones viejas. Mi temor siempre ha sido el deterioro, pero a las dos semanas de esa sesión, el 11 de marzo de 2011, sucedió lo inimaginable, un tsunami, lo que causó un accidente en las plantas nucleares de Fukushima, Japón.

Las medidas de seguridad nuclear son estrictas en todas las plantas, pero obedecen a diferentes protocolos por las características del llamado “modelo de planta”, por el año de construcción y tecnología, no hay uniformidad global de las plantas nucleares. Existe mas homogenización de protocolos, medidas de seguridad, revisiones, sanciones, acciones, etc., por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de la ONU.

¿Falló el sistema de seguridad, en cuanto al manejo de los materiales nucleares? No. ¿Un error de procedimiento en la obtención de energía? No. ¿Liberación de desechos radioactivos? No. ¿Descomposturas? No. Lo que falló fue la estructura física de la planta, es decir, su diseño de construcción. Fue hecha pensando en todos los posibles acontecimientos que podían pasar en el terreno, sobre todo los constantes sismos en Japón; pero sucedió lo inimaginable, es decir, ese pequeño porcentaje que no permite decir siempre que es 100% seguro, conocido por algunos como el margen de error.

No se le dio la debida importancia a las características locales, por ejemplo estar frente al mar; sino solo a las características nacionales, es decir los sismos. Recordemos que la planta fue hecha para resistir terremotos, por estar construida en una de las zonas más sísmicas del planeta; pero fue el tsunami lo que causó el problema y éste se agrava por las características estructurales de la planta y de esa localidad.

El terremoto no tuvo ningún efecto negativo directo sobre los reactores nucleares, están hechos para esas situaciones, pero al poco tiempo las gigantescas olas del tsunami golpearon los reactores más cercanos a la costa. Construidos para resistir sismos no pudieron resistir la fuerza del agua salada, la cual dañó no solo la capa externa del edificio del reactor, sino que también los sistemas; produciendo daños técnicos en la maquinaria. Esto provocó la gradual pérdida de control del reactor, es decir, un auto sin respuesta de los frenos ni del volante y con el acelerador en aumento.

Al perder el control total del reactor, su temperatura aumenta, pues es como un motor que sigue trabajando porque no hay indicaciones de que se detenga, un problema considerado en los protocolos de seguridad, y más después de Chernóbil. Para esto hay que enfriar el corazón del reactor, es muy fácil, se hacen pasar grandes cantidades de agua cerca de él, pero no lo toca, para que recojan el calor. El agua, ahora caliente, sale sin contaminación y se lleva el calor; en caso de una mayor temperatura el agua sale del otro extremo convertida en vapor. Esta acción se debe hacer rápidamente después de que la temperatura comienza a subir, pues si se pasa de cierta temperatura ya no será posible pasar agua ya que la reacción sería violenta, esto es similar a lo que pasa cuando cae agua al aceite caliente

Los técnicos al querer comenzar con este proceso se dieron cuenta de lo inimaginable, y ésta es la característica principal de este desastre. El plan B no se puede llevar a cabo, pues los edificios donde estaban las bombas de agua que se accionan en caso de emergencia para bajar la temperatura del reactor, estaban al lado de la costa listas para traer agua del mar y arreglar el problema, pero el tsunami las destruyó, es decir el paracaídas de emergencia estaba roto.

Al no poder enfriarse, el reactor se comenzó a fundir, es decir, las barras que contienen el material radiactivo comienzan a pegarse y a crear una sola masa de material nuclear. Entre más pase el tiempo más caliente se pondrá, por consiguiente el peligro es mayor. El corazón del reactor esta hecho como un huevo, ahora se tendría que hacer resistir el cascaron para que el material no salga. Mediante helicópteros se despachó agua y otras sustancias para mantener la temperatura, mientras los robots e ingenieros se acercaban, luchando contra la radio-actividad para ir reparando el reactor y poder echar andar el sistema. Afortunadamente no hubo fuga de material, el piso construido para soportar sismos ayudó a que no se desfondara, la situación se normalizó, si se puede decir así, pero no se pudo rescatar el reactor.

En el mundo hay más de 450 reactores nucleares, de los cuales 54 están en Japón. El problema que no habíamos visto son las características locales, aunque en el mundo todas las plantas nucleares cumplan las medidas básicas de seguridad, no es lo mismo una planta nuclear en las grandes extensiones de Rusia o en las poco pobladas regiones de Suecia o con la casi nula sismicidad de Eslovaquia.

La alta concentración de reactores en tan pequeño espacio es otro problema, en la localidad de Fukushima hay seis reactores casi juntos, y en esa parte del país (centro) hay cinco plantas nucleares (Mihama, Fugen, Ohi, Tsuruga y Monju), casi una tras otra. La gran mayoría de las plantas están construidas al lado del mar para el uso del agua en el enfriamiento de emergencia, pero como vimos en caso de tsunami, esto podría no funcionar.

Fukushima nos da una gran lección, no sólo fue un tema de Seguridad Nuclear, debido a las características de la zona, del país y del accidente. Fukushima tuvo sus repercusiones en la Seguridad Ambiental, Económica y más, no sólo en el ámbito nacional, sino regional y mundial.

Japón es uno de lo países mas desarrollados del mundo, es una potencia económica, por lo cual necesita de grandes cantidades de energía, tanto para sus habitantes y su nivel de vida, así como para la industria. La concentración en este país de la producción mundial, como la de microprocesadores, la sufrimos todos, pues se paralizó o disminuyó. Por meses escasearon productos en el mercado, como partes para celulares, computadoras laptop y principalmente iPads, las cuales sufrieron un retroceso en su producción y por consiguiente una disminución en exigencias de almacén. A quién peor le fue es a las empresas ensambladoras de computadoras dentro y fuera del país, sin las piezas atrasaron su producción, la competencia reaccionó y sacó más unidades al mercado mientras ellos no podían producir más. Algunos aparatos electrónicos aumentaron de precio debido a esta situación, algunas empresas comenzaron a bajar más su posición en el mercado global como el caso de Sony o Panasonic.

Los aparatos de estas empresas, así como autopartes o cualquier cosa proveniente de Japón, comenzaron a ser detenidas en las aduanas para ser inspeccionadas por contaminación radiactiva. Esto repercutió en sus ventas, ganancias y hasta en los empleos de los japoneses.

China, Corea del Sur y EUA sufrieron de lo mismo, ya que Japón proporciona partes de otros productos desarrollados en estos países. La demanda de petróleo bajó y el precio se estabilizó, para alegría de los consumidores pero poniendo de mal humor a los productores. Y ni hablar del turismo para Japón, desde entonces no se ha podido recuperar, algunos atribuyen a este accidente el por qué Tokio haya quedado descartado de los Juegos Olímpicos del 2016, y posiblemente quede fuera para los del 2020.

El accidente tuvo lugar en una zona y en un país importante para el mundo desde el punto de vista industrial, por lo cual su repercusión fue la más fuerte a nivel mundial como ningún otro accidente nuclear. Japón es el único país que ha sufrido un ataque nuclear, su sociedad y Estado trabajan por la erradicación de las armas nucleares con distintas acciones; pero es tal la necesidad de energía, que tuvo que construir plantas nucleares ya que aunque sea el tercer importador de petróleo, no le alcanza para cubrir sus necesidades y se convirtió en el tercer país generador de energía nuclear, la cual le proporciona el 25% del total.

Lamentablemente, en Japón no es posible el uso de plantas hidroeléctricas de gran escala y el desarrollo de las energías limpias, como la solar o la eólica, es muy pobre y no cubre la alta demanda energética. Una de la soluciones que se han encontrado es mandar a otros países la industria, claro que en decremento de empleos para los japoneses, pero en un alza para los países receptores como México; el cual ahora maneja más maquiladoras, ensambladoras y fabricas de Sony, entre otras marcas provenientes de aquel país.

Países como Alemania pusieron nuevamente mayor atención a sus plantas nucleares y se reabrió el debate sobre el abandono de esta energía para hacerlo lo más pronto posible, pero repito, no es la seguridad de la planta, sino las características de seguridad de la localidad y/o del país las que hay que tomar en cuenta también. Si Alemania, centro industrial y financiero, tiene un problema nuclear, las repercusiones no son sólo en el país sino en la Unión Europea y el mundo. Lo mismo ocurriría si hay algún problema en EUA o en China, las primeras potencias económicas actualmente.

Japón no debió construir tantas plantas, si se toma en cuenta extensión territorial, tipo de suelo y densidad poblacional, por mencionar algunas. La AIEA debería dar un tope a cada nación de cuántas plantas y reactores debe de tener, si bien esto probablemente causaría problemas de soberanía. Aunque el riesgo sea mínimo por planta, sumando la concentración de varias crece el peligro y el país se puede poner en riesgo, como se ha comprobado Fukushima. Lamentablemente, otro país con una alta concentración de plantas nucleares y sin ninguna perspectiva de dejar de usarlas es Francia, aunado a esto España con su crisis podría dejar de poner atención a sus plantas y sorprender con un accidente.

Chernóbil es el gran ejemplo de un desastre nuclear, pero no era densamente poblado como ahora Japón; además este accidente no paralizó la producción o perjudicó al sistema internacional, pero si dañó de manera ambiental a toda Europa y fue uno de los clavos de ataúd de la Unión Soviética. Los escenarios dantescos de Japón no son solo producto del sismo, el tsunami y la seguridad nuclear de Fukushima, sino también de la mezcla perfecta de sus características territoriales, densidad de población, virtudes industriales y problemas económicos, sin olvidar la crisis política que ya tenía desde hace tiempo; dando una crisis no sólo de carácter nacional, sino regional y mundial; pues con un planeta cada vez mas interconectado la seguridad en una dimensión en una localidad se vuelve en breve un problema de seguridad multidimensional y global.

El Mtro. Erasmo Zarazúa Juárez es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestro por el CINADE, especializado en temas de política, seguridad internacional, desarme, deporte internacional, educación, entre otros. Catedrático universitario. Colaborador en medios informativos impresos, internet, radio y TV.

Imagen obtenida de thinkprogress.org

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