Non habemus papam

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Por: Sofia  Pacheco

El acto más innovador de la Iglesia católica desde hace un largo tiempo ocurrió está mañana al hacerse pública la dimisión del papa Benedicto XVI.

Joseph Ratzinger fue un papa alemán bastante conservador y abiertamente criticado por haber pertenecido a las juventudes hitlerianas. Su renuncia cuenta con pocos precedentes, ya que el último papa que dejó su cargo fue Gregorio XII en 1415, con el objetivo de finalizar el gran cisma occidental entre varios papas que se disputaban la autoridad pontificia.

Con esto presenciamos un evento que impacta en el ámbito religioso y político, ya que el Sumo Pontífice también funge como Jefe del Estado Vaticano; la comunidad internacional ha expresado por la vía diplomática su más profundo respeto ante la decisión del papa, la cual es totalmente válida dentro del Código de Derecho Canónico y de la Ley Fundamental de la Ciudad del Vaticano.

No obstante, entre la opinión pública, la renuncia ha sido recibida como una lección de humildad, la cual pone fin a la labor de Su Santidad a favor del diálogo interreligioso y su empeño ante la resolución pacífica de conflictos. Mientras que otros, mucho más críticos, se alegraron de su decisión al declarar que ésta concluye 7 años de pasividad en cuanto a numerosos escándalos.

 La renuncia puede interpretarse bajo cualquier óptica. Lo que resulta innegable es que esta acción sienta paradigmas dentro de una institución amante de la usanza, por lo que se ha desatado un revuelo mayúsculo al tratar de descifrar las verdaderas causas e implicaciones de este evento.

Las causas quedan explícitas. El papa sufre de una salud endeble provocada por sus 85 años de edad, la cual ya no le permite liderar a 1.2 billones de feligreses. Sin embargo, las implicaciones aún permanecen difuminadas ¿acaso este acto novedoso dará pie a cambios positivos al interior de la Iglesia? O ¿marcará una ruptura dentro de una institución ya de por si frágil?

Quien borre esta incertidumbre, es decir el próximo papa, será electo en marzo por el Colegio Cardenalicio, que se reunirá dentro de la Capilla Paulina para intentar llegar a una mayoría absoluta sobre quien será el 256ª líder de la Iglesia.

La idea de un papa latinoamericano o africano sigue viva en el imaginario colectivo, dado que el 42% de los fieles católicos son originarios de Latinoamérica. Y como si fuera campaña política,  algunos nombres figuran ya entre los posibles y favoritos: Leonardo Sandri (Argentinoa), Peter Turkson (Ghana), Joao Braz (Brasil), Marc Ouellet (Canadá) y  Gianfranco Ravasi (Italia).

Quien quede se enfrentará a los desafíos que emprende la secularización mundial, al avance del islamismo y a la enorme gama de retos sociales como: el matrimonio gay, el uso de preservativos, el debate entorno al aborto y la clonación.  Sea conservador o un poco más liberal, el nuevo papa debe asumir aunada a su vocación religiosa una mayor vocación de liderazgo.

Imagen obtenida de noticias.terra. com.mx

Discussion1 comentario

  1. Hola Sofia

    Felicidades por tu documento, sin embargo una corrección: no sólo Gregorio XII renunció, también Benedicto IX en 1032 y Celestino V (santo) en 1294.

    Saludos

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