Malí: El conflicto olvidado

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Por: Alvaro Céspedes

En una región desértica, de dimensiones territoriales gigantescas y con una posición geoestratégica muy privilegiada, está sucediendo un conflicto difícil de superar y fácil de olvidar.

Este conflicto se ha caracterizado por su complejidad, tanto para comprenderlo como para solucionarlo. Lo que busco en este breve artículo es tratar de aclarar lo que sucede y evidenciar los riesgos que supone para la región y para el mundo entero.

A partir de la guerra civil que vivió el pueblo Libio para deshacerse de Muamar Gadafi, miles de armas inundaron la región del Magreb. Un grupo de tuaregs se hizo del control de un fuerte arsenal para atacar al vecino estado de Malí. Los tuareg son un grupo nómada que habitan en el Sahara, y que han sido tradicionalmente marginalizados y discriminados por los gobiernos de los territorios en los que habitan.

Desde enero de 2012, una rebelión tuareg causaba estragos en el Sahara maliense. El 22 de marzo de 2012 el presidente de Mali fue depuesto por un golpe de Estado a cargo de una junta militar, que se justificó aludiendo a la incapacidad del mandatario para resolver el conflicto. La acción fue condenada, básicamente, por  toda la comunidad internacional.

La inestabilidad en Azawad, un territorio reconocido internacionalmente como parte de la República de Malí pero sobre el cual éste gobierno no tiene control,  está siendo llevada a cabo por dos grupos antagónicos, que a su vez buscan más o menos los mismos objetivos: El Movimiento Nacional por la Liberación del Azawad (MNLA) y Ansar Dine. Su misión principal es una total independencia del gobierno central de Malí y la implementación de la ley islámica (shari’ah) en la región. Ambos grupos han sido, a mayor o menor escala, vinculados con al-Qaeda y su interpretación fundamentalista del Corán. Después de expulsar al ejército de Malí, ambos grupos se han discutido el control de las tres principales ciudades de la región: Timbuctú, Gao y Kidal. Desde julio de 2012, Ansar Dine, el grupo que parece tener una visión más estricta de la religión musulmana, ha ido ganando terreno en el conflicto.

El contexto actual internacional no ayuda mucho al pueblo maliense. El conflicto que inició en Siria en el primer semestre de 2011 ha tenido al Consejo de Seguridad de la ONU y a las potencias mundiales en constante tensión. La dirección política de uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial pende de un hilo en un hospital cubano. El futuro de la Unión Europea se vuelve cada vez más difuso. Como ha sucedido muchas otras veces en la historia, los problemas que aquejan al continente africano pasan a un segundo plano.

Entre las pocas acciones que ha tomado la comunidad internacional fue la propuesta de Francia, aprobada por unanimidad por el Consejo de Seguridad , que ha permitido un despliegue de tropas de la Unión Africana con duración de por lo menos un año con el objetivo de reconstruir el fragmentado ejército de Malí y combatir a los islamistas en el norte. Sin embargo, las tropas de los Estados vecinos de Malí bajo la dirección de este debilitado organismo internacional no han sido suficientes para detener el avance de la rebelión tuareg.

La lucha en el norte de Malí ha reunido todos los componentes para hacer de esta una verdadera crisis en los siguientes ámbitos:

1) Humanitaria: Se estima que cerca de 400,000 personas han sido desplazadas por el conflicto. Dicha población h a huido a los Estados vecinos de Burkina Faso y Mauritania. Ninguno de estos países se encuentra en condiciones para asegurar el bienestar de estos refugiados. Además, han surgido reportes de mujeres lapidadas en público y amputación de manos en las ciudades bajo el control de Ansar Dine.

2) Política y económica: El débil gobierno central de Malí apenas es capaz de defenderse en las zonas que aún controla. Los rebeldes tuaregs parecen ir ganando la lucha por el control del país entero, por lo que la amenaza de un Estado fallido es cada vez más probable. Este caso limitaría enormemente los esfuerzos económicos multilaterales y sumiría a Malí en una crisis aún más profunda.

3) Cultural: De la misma manera que el talibán destruyó las gigantescas estatuas de Buda en Bamiyan, Afganistán, Ansar Dine se está ocupando de destruir reliquias históricas que considera paganas. Este país cuenta con un importante número de monumentos y aldeas consideradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO, sobre todo en Timbuctú, oasis del Sahara y referencia de lo exótico y desconocido para visitantes europeos desde el siglo XIX. Malí también cuenta con una riqueza musical que estos grupos islamistas están buscando prohibir. Miles de jóvenes occidentales disfrutan la mezcla de música maliense con rock y blues de Amadou & Mariam, o las colaboraciones de Toumani Diabaté con Björk, Bela Fleck o Damon Albarn.

4) Internacional: Con el control de Ansar Dine, las extensas llanuras del Sáhara maliense pueden servir de refugio para militantes de al-Qaeda, poniendo a varias naciones, incluyendo a las potencias occidentales, en peligro de nuevos ataques terroristas.

El futuro de este débil Estado africano es muy incierto y deja en claro las verdaderas prioridades de la comunidad internacional. La escasa atención por parte de las potencias económicas mundiales deja en evidencia el apodo más conocido de África: El continente olvidado.

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