El lado (más) oscuro del chocolate

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Por: Nicole Figot

El tema de hoy no trata sobre guerras civiles o golpes de Estado, sino de un asunto al que no se le suele dar mucha importancia en los medios de comunicación y, sin embargo, afecta diariamente a millones de personas. Se trata de una situación grave que ocurre en algunos países del continente africano, y está relacionada con uno de los productos más dulces y conocidos del mundo: el chocolate.

El cacao – principal ingrediente del chocolate – fue introducido por primera vez a los paladares europeos por Hernán Cortez, quien lo llevo a España desde América. Fueron los europeos quienes formularon el chocolate, primero para beber y luego sólido, como lo conocemos hoy en día, al mezclarlo con leche y azúcar. Para el siglo XIX la demanda por este artículo de lujo era tal que para satisfacerla se llevó la producción de cacao a África.

Actualmente África Occidental es la mayor región productora de cacao del mundo, con casi 70% de la producción total, la mayoría de la cual es para exportación. El cacao es el principal producto agrícola de exportación  de la región, y representa casi la mitad de los ingresos por este concepto. Los principales países en donde se cultiva el cacao son: Costa de Marfil con 38%, Ghana 21%, Camerún 5% y Nigeria 5%. En estos países la mayoría del cacao se produce en pequeñas granjas familiares, de máximo 5 hectáreas, en donde por lo general trabaja la familia completa.

Ahora se podrían preguntar, ¿cuál es el grave problema con esto? La respuesta es sencilla: la explotación infantil.

Resulta que tan sólo en Costa de Marfil hay 200 mil niños trabajando en los cultivos de cacao, miles de los cuales es probable que sean víctimas de la esclavitud o de trata de personas. El trabajo infantil suele definirse como todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. En sus formas más extremas, los niños son sometidos a situaciones de esclavitud, separados de su familia, expuestos a graves peligros y enfermedades y/o abandonados a su suerte en la calle de las grandes ciudades (con frecuencia a una edad muy temprana).

El cultivo de cacao es intensivo en mano de obra, mientras que los productores son presionados por las empresas chocolateras de mantener sus precios bajos. Como la mano de obra es el único costo que los agricultores pueden controlar, han buscado la manera de mantenerlo bajo. Por ello recurren al trabajo infantil  En una investigación realizada en 2002 por el Instituto de Agricultura Tropical, se descubrió que había 284 mil niños trabajando en condiciones peligrosas en África Occidental. Estas condiciones se refieren al manejo de sustancias tóxicas, como pesticidas, sin la protección adecuada; a trabajar con objetos filosos para bajar el cacao de los árboles, y a cargar sobre sus espaldas objetos muy pesados. Además, el 64% de los niños eran menores de 14 años. Por lo general comienzan a trabajar a las 6 a.m., trabajan por 12 horas, y son golpeados con frecuencia.

Asimismo, es muy probable que los niños que trabajan no vayan a la escuela, muchas veces por insistencia de las familias que necesitan la ayuda en el campo. Aunque no se puede afirmar que todos los niños que trabajan en granjas familiares están siendo explotados, el que participen en la labor familiar no debería de impedir que acudan a la escuela, ni que tengan tiempo para otras actividades. En Costa de Marfil, el 64% de los niños que no trabajan en granjas acuden a la escuela, mientras que entre los que sí trabajan el porcentaje es de 34%.

Se debe resaltar que no todos los niños que trabajan cultivando el cacao son miembros de esas familias, muchas veces se trata de esclavos. Niños que fueron robados o hasta comprados en países vecinos, como Mali, Burkina Faso y Togo. Según funcionarios del gobierno de Mali, cerca de 15 mil niños provenientes de ese país, algunos de tan sólo 11 años, se encuentran trabajando en Costa de Marfil. Estos niños son de familias muy pobres, que reciben unos cuantos dólares a cambio de mandar a sus hijos a trabajar a otro país. Los padres creen que los niños tendrán un trabajo y podrán enviar dinero a casa, pero una vez que dejan su hogar, trabajan en condiciones de esclavitud, y muchas veces los padres no vuelven a saber de ellos.

Ha habido algunos esfuerzos internacionales por resolver esta situación y eliminar el trabajo forzado del cultivo de cacao. En la década pasada, el diputado Eliot Engel de los Estados Unidos propuso crear un sello para los productos de chocolate que garantizaran que no se utilizó esclavitud infantil en su producción. Estuvo muy cerca de convertirse en ley, hasta que empresas chocolateras cabildearon para que no sucediera. Lo que se creó fue un acuerdo voluntario, el Protocolo Harki-Engel, en el cual miembros de la industria chocolatera se comprometen a generar estándares para certificar a los productores de cacao que no recurran al trabajo infantil. Además, los productores tendrían un sello de “sin uso de esclavos” para incentivar a los consumidores a comprar sus productos. Se estableció que el 2005 sería la fecha límite para que todos los signatarios garantizaran que ninguno de sus proveedores utilizaba esclavitud infantil. Sin embargo, para el 2012 se había aplazado la fecha y aún no se tiene una certificación completa. Este año la Unión Europea pasó una resolución para implementar el Protocolo y combatir el trabajo infantil en el cultivo de cacao. Aunque estos esfuerzos han ayudado a llamar la atención sobre esta terrible situación, no han sido suficientes; principalmente porque el instrumento no contiene ninguna medida legal, por lo que las empresas tienen poca motivación para cumplir con él.

Una de las razones que dan quienes usan esclavos en estos países de mantener éstas prácticas en las cultivos de cacao es que las grandes compañías multinacionales de chocolate mantienen los precios de compra de su materia prima, el cacao, muy bajos y obligan a los granjeros a usar trabajo forzado. Ellos ganan su vida vendiendo cacao, a precios muy bajos, por lo que tienen que mantener sus costos de mano de obra igual de bajos para obtener alguna ganancia. Por otro lado, las empresas chocolateras culpan a sus proveedores de cacao de no garantizar que provenga de granjas en donde no se empleen esclavos, y el gobierno culpa a las compañías chocolateras extranjeras de comprar y usar esclavos. Finalmente, los consumidores de chocolate ni preguntan de dónde viene el cacao que se usó, ni quién lo cultivó.

Por esto último queda en la sociedad hacer presión para cambiar estas prácticas. Una de las ventajas de pertenecer a una economía de mercado es que los flujos en la demanda impulsan a las compañías a cambiar sus prácticas. Al vivir fuera de África y no poder influir directamente en los gobiernos de los países en los que la esclavitud es cosa de todos los días, tenemos que usar otras herramientas que están a nuestra disposición para cambiar la situación.  Hay muchas empresas que tienen cuidado para que sus productos provengan del comercio justo (fair trade), y así lo marcan en sus empaques. Pero hay muchas otras que no lo hacen. Es nuestra responsabilidad como consumidores estar informados y tomar las decisiones que creamos correctas para recompensar a las empresas que toman el camino más difícil; el de garantizar que sus trabajadores tengan condiciones laborales dignas, a la vez que mandamos la señal a quienes no lo hacen que no lo toleraremos más.

Tenemos que leer e informarnos sobre qué compañías garantizan que su cacao no provenga de fábricas en donde se emplean esclavos, así como las empresas que garantizan tanto el comercio justo, como salarios dignos para sus trabajadores. Mientras no hagamos algo de nuestra parte, las cosas no cambiarán; y miles de niños seguirán pasando sus días trabajando en condiciones peligrosas, sin poder ir a la escuela, para que el resto del mundo pueda satisfacer sus antojos

*** Si quieren saber más del tema, recomendamos el documental de la BBC “The Bitter Truth”, disponible en YouTube.

 

Discussion2 comentarios

  1. Muy interesante articulo, hacer conciencia de esta problematica es muy importante para los consumidores en general, y mas aun de los que consumimos chocolate.

  2. Cecilia Gomez del Campo

    Existe una certificacion de productos: FTC. Fair Trade Certified. Los productos obtienen dicha certificacion cuando se verification que a Los trabajadores un precio justo y de que sus condiciones laborales son justas tambien. Elegir consumir productos asi puede ser el principio del cambio.

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