La desaceleración económica de China

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China ha optado por un sistema de relativa apertura con libertad económica contenciosa desde 1978 con las reformas de Deng Xiaoping. A partir de entonces el crecimiento económico ha rondado el 10%. No obstante, la excesiva intervención estatal como parte medular del éxito chino podría empezar a ser insostenible.

Recientemente el gobierno de Pekín señaló que China creció 7.4% durante el tercer trimestre del 2012, la cifra por si sola llama la atención. Sin embargo, esto se agudiza al ser el séptimo trimestre consecutivo en el que la economía china se enfría. La desaceleración resulta poco sorprendente al estar basada en la baja de las exportaciones y la inversión, dentro de un contexto en el que la Unión Europea (UE)- principal socio comercial al que se destinan 20% de las exportaciones chinas- ha estado inmersa en una profunda crisis económica[1].

Junto con las secuelas de la crisis europea y el debilitamiento de Estados Unidos, los chinos -testigos de que la caída de precios es un factor de desgaste para el desarrollo nacional- han sufrido una reducción en exportaciones de materias primas, principalmente del acero. El reflejo de esto: un incremento modesto del 7.6% en la tasa total de exportaciones, cuando un año antes este incremento fue del 20.3%[2].

La situación actual ha suscitado pronósticos desalentadores para el futuro de la economía china. Se estima que para finales del año en curso, crezca en total un 7.9% y para el año 2013 ronde el 8.2%[3]. Estos datos arrojan a la mente de los políticos la idea urgente de afianzar estrategias relativas a la política fiscal y a la política monetaria, con reformas que logren, entre otras cosas: impulsar la demanda interna mediante el consumo, contrarrestar la deuda pública- que en 2011 representó el 19% del PIB-, y suplir el déficit comercial con la reactivación del mercado interno y la producción industrial- la cual ha crecido alrededor del 11% en lo que va del año, contrario al 13.9% del 2012[4]-.

Dichas estrategias se considera tendrían un propósito dual, en primera instancia limitar el alcance de esta desaceleración económica y en segundo lugar reformar el sistema en cuanto a lo político para que de esta manera el freno que acecha a la economía china no merme la legitimidad del Partido Comunista de China (PCCh).

Al interior de China, algunos políticos han declarado la desaceleración como una situación controlada y temporal. Alegan que ha habido un crecimiento real del 9.8% en los salarios, así como la creación de 10 millones de empleos y la innovación en la industria de servicios haciéndola crecer 1.2% anual[5].

Sea cual sea la lectura que se le quiera dar a la desaceleración económica, China se encuentra en un punto de inflexión donde su economía se puede encauzar hacía la recuperación o hacía una recesión. Para evitarlo, Hu Jintao, Presidente de China, tiene un enorme reto en cuanto a las estrategias y reformas que se implementen, ya que la comunidad internacional estará al pendiente de que tan rigorosas o laxas resulten.

Imagen obtenida de images.terra.com

[2]Bustelo, Pablo. La desaceleración económica de China y su impacto en la UE . en Real Instituto Elcano. 2012. Disponible en: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari45-2012

[4] Bustelo, Pablo. La desaceleración económica de China y su impacto en la UE . en Real Instituto Elcano. 2012. Disponible en: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari45-2012

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