Economía Verde

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Por: Carlos Tornel

La Cumbre de la Tierra en 1992, con sede en Río de Janeiro, trajo a la mesa varios temas de incidencia ambiental como la deforestación, la desertificación y la inminente y creciente degradación de los recursos naturales en el planeta. Esta cumbre se caracterizo por ser el génesis de muchos de los acuerdos internacionales en materia de protección ambiental y un importante número de leyes y legislaciones nacionales en distintos países. En junio del 2012 los países miembros de la ONU se reunieron una vez más en Río de Janeiro, esta vez para discutir y revisar qué ha cambiado en los últimos veinte años.

La conferencia, denominada “Río+20” no consiguió establecer un acuerdo palpable. Entre las cuestiones que se discutieron estaban: La pobreza como fuente principal de la degradación y la perdida del capital natural, la Economía Verde y el uso de energía, entre otras. Sin embargo, el tema que mostró más controversia entre los Estados presentes fue el de la llamada Economía Verde. La falta de consenso en las reuniones, principalmente por los Estados que forman parte del “G7+China”, los cuales rechazaron establecer compromisos duraderos con revisiones periódicas y rendición de cuentas, fueron la principal causa del problema.

En octubre del 2012, a tan sólo cuatro meses de concluida una de las cumbres más esperadas en los últimos años*, la falta de consenso parece ser la receta para el desastre, ya que el paradigma convencional económico del siglo XXI sigue imperando sobre las bases del capital natural y su valorización dentro del mercado. Así, la población sigue aumentando a un ritmo impresionante (se estima que para el año 2050 se alcanzarán los 9 mil millones de habitantes.[1]), mientras que los recursos naturales continúan siendo degradados. La crisis se hace cada vez más evidente, incluso para los más escépticos.

La Economía Verde surge como un nuevo concepto ante la inminente problemática que el sistema de derroche económico ha generado. Por un lado, la creciente desigualdad de las clases sociales a escala global, junto con la continua y desgastante extracción de recursos naturales han generado un panorama gris ante el futuro de las relaciones entre los Estados y el medio ambiente. Por otro lado, la creciente falta de consenso entre los Estados ante la problemática ambiental, y la aparente falta de internalización de costos tanto de los países industrializados, en vías de desarrollo y las empresas transnacionales, generan un panorama cada vez más difícil de asimilar para el desarrollo sustentable.

Esta claro que el crecimiento es algo inevitable, la trayectoria de los países en vías de desarrollo, los cuales concentran las reservas naturales más importantes de capital natural, muestran un crecimiento importante para las próximas décadas. Sin embargo, la depredación de los recursos no está arrojando resultados positivos. La creciente producción de alimentos y el desarrollo de nuevas tecnologías no están reduciendo la pobreza. Esto quiere decir que no se está generando una distribución equitativa de los recursos y el número de personas que cae en la pobreza aumenta junto con el número de hectáreas destinadas a las plantaciones y la deforestación de  bosques y selvas.

Es bajo este marco que la Economía Verde busca responder las siguiente pregunta: ¿Cuáles son las alternativas que tenemos para que nuestro impacto de carbono sea lo menos agresivo posible y al mismo tiempo crecer sin seguir depredando los recursos naturales? Este es el concepto base de la economía verde. El de establecer un modelo de producción y consumo en el que no se le reste importancia al crecimiento, sino que se le agregue importancia al desarrollo a la parte social del mismo, se internalice el costo de la degradación ambiental y se le otorgue un valor de mercado a la conservación. Este mismo proceso sólo puede contar con el calificativo de “verde” si funciona sin el uso de “energía nuclear, arenas de alquitrán, organismos genéticamente modificados y monocultivos”[2] y que al mismo tiempo haga una necesaria e indispensable interrelación entre la pobreza y la degradación ambiental.

En este contexto, el cambio cultural parece ser inevitable. Los patrones de consumo (principalmente en la sociedad occidentalizada) deben de ser replanteados, ya que la tendencia actual incita a un rechazo total de la sustentabilidad. En este sentido, la reducción de la demanda por parte de los consumidores es el mejor instrumento para generar la tendencia deseada en el modelo de producción. Los consumidores, desde el punto de vista democrático y liberalizado, tienen el derecho de exigir y fomentar el uso de productos más duraderos, amigables con el ambiente, biodegradables y de calidad.

La visión egocéntrica de este paradigma no embona en el marco del Informe Bruntland de 1987*, en donde la visión general es de proteger y mantener los recursos de manera sostenible para las próximas generaciones abogando por la presente. El continuo debate “norte-sur” aún rige las discusiones en torno al tema del crecimiento. No se ha establecido la responsabilidad de los países del norte como los principales contaminadores a nivel mundial y progresivamente, de los países en vías de desarrollo, los cuales se desentienden de su responsabilidad  como contaminantes, bajo la justificación de que es necesario emitir gases de efecto invernadero para el desarrollo.

Por otra parte, el sector privado sigue imperando en este sistema de capitalismo financiero, principalmente a partir de la década de los ochentas, en donde se fundamentó el proceso de privatización masiva y la expansión globalizada de las empresas a nivel internacional.[3] Es por eso que en el contexto de la Economía Verde, es importante señalar cuál será el papel del sector privado y las multinacionales en este panorama.

Partiendo del hecho de que compañías como Exxacon o Shell concentran más dinero anualmente que más de la mitad de los  países a nivel mundial[4], no debe sorprender que actualmente 140 empresas multinacionales controlen el 40% del volumen total de ventas en todo el globo. Asimismo, sólo las empresas de 26 países controlan el 60% de los ingresos globales en manufactura, energía y otros rubros básicos.[5] Empresas como DuPont, Unilever, Chevron, Monsanto, Solazyme, Roche, Procter & Gamble, y Michelin, entre otras, están involucradas de una  u otra manera en el desarrollo de productos transgénicos y tecnología avanzada en producción de fertilizantes, combustibles, químicos, etc.

Estas compañías se están aprovechando de las fallas de mercado para comercializar procesos naturales de la Tierra, rebautizados ahora como servicios ambiéntales (por ejemplo los ciclos de carbono, los nutrientes del suelo y el agua.)”[6]

En este sentido la economía se enfrenta a un nuevo reto ya que la  inminente privatización de los recursos naturales representa una perdida de biodiversidad en escalas masivas, la desaparición de los bienes comunes y una agresión al estilo de vida de millones de personas alrededor del mundo incluyendo sus tradiciones, costumbres y culturas, las cuales no están valuadas ni tienen un precio tangible en el mercado.

El posible cambio de paradigma ante las continuas crisis se ha convertido en un tema recurrente por diversos informes, comisiones y acuerdos sin embargo, únicamente el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente* (PNUMA) ha desarrollado una propuesta de economía verde, planteando la necesidad de desarrollar un modelo económico integral, enfocado en el desarrollo de la sociedad y en los problemas ambiéntale y económicos como una respuesta a esta aproximación y no viceversa.

Según el documento del PNUMA, se busca proteger ecosistemas al otorgarles un valor de mercado en si mismo, es decir, reconocer el valor del capital natural e invertir en el.  Los cálculos arrojan cifras y efectos positivos de las inversiones verdes sobre el empleo, la intensidad de recursos, las emisiones y los impactos ambiéntales en comparación con la idea de Business As Usual. Para esto propone inversiones en 10 sectores clave (agricultura, energía, desarrollo urbano, agua, silvicultura, pesca y protección de ecosistemas, etc.), todo esto orientado a la relación de la pobreza con la degradación ambiental.

Estos retos y cambios podrían solucionarse con una inversión del 2% del valor financiero mundial actual (cerca de 1.3 billones de dólares).[7]  Sin embargo, como se mencionó en el articulo pasado de esta sección, el costo de no valuar e internalizar los valores del capital natural puede alcanzar costos muy elevados.[8] Por ultimo, será importante agregar al documento del PNUMA una obligación de cumplimiento siguiendo las bases del derecho internacional, hacer una distinción clara con la economía tradicional, en donde los valores aún representan los de una economía tradicional; falta enfatizar de que manera se habrá de reformar el sistema internacional financiero para hacerlo compatible con el punto de vista de la transformación ecológica; eliminar y reducir progresivamente los subsidios a los energéticos y finalmente, es importante recalcar la evidente tendencia de continuar con el concepto de “mercantilización” de los recursos naturales.

Los retos para la economía verde se reflejan entonces en la promoción de nuevas tecnologías, en donde un número muy reducido de empresas multinacionales controlan las tecnologías y recursos, mientras que su poder ha aumentado por medio de los regímenes de propiedad intelectual. La sociedad global (y en ocasiones incluyendo a los gobiernos) tienen muy poco acceso a estas tecnologías que permitirían el desarrollo en cuestión. Por otro lado los países en vías de desarrollo requieren de una fuerte inversión en expansión masiva de energía, transporte, sistemas urbanos y agrícolas más eficientes y un enfoque al desarrollo sustentable más generalizado.

Tanto los países desarrollados como los subdesarrollados se enfrentan a un gran reto, probablemente el más difícil de superar en la historia de la humanidad. Sin embargo, las opciones se reducen cada vez más mientras el modelo económico actual perdura. Es necesario asumir una responsabilidad y empujar a los gobiernos a tomar acciones y establecer acuerdos cada vez más concretos y vinculantes a nivel internacional.

Imagen obtenida de efeverde.com

* Similar a lo que sucedió con la Cumbre de Copenhagen en 2009, en donde no se logró llegar a ningún acuerdo trascendente.

[1] Gillis, Justine. The New York Times.. “U.N. Forecasts 10.1 Billion People by Century’s End” Disponible en línea en: http://www.nytimes.com/2011/05/04/world/04population.html. Consultado el: 01/10/2012.

[2] Unmübig, Barbara. “Economía Verde: ¿La nueva Formula Mágica?” Fundación Herich Böll.  México.

** El informe Bruntland, fue el primer documento en establecer las bases de lo que se conoce como “Desarrollo Sustentable”. Disponible en línea en: http://conspect.nl/pdf/Our_Common_Future-Brundtland_Report_1987.pdf.

[3] Naomi Klein. La doctrina del Shock.

[4] Fortune 500. March 2008. Disponible en línea en: http://media.ft.com/cms/7f24a88e-0faa-11dd-8871-0000779fd2ac.pdf. Consultado el: 01/10/2012.

[5] Grupo ETC. ‘Corporaciones y Tecnología en la “Economía Verde’”  México 2012. P.19.

[6] Ibid. P.21.

* PNUMA. “Hacia una Economía Verde: Guía para el Desarrollo Sostenible y la Erradicación de la pobreza.” http://www.pnuma.org/eficienciarecursos/documentos/GER_synthesis_sp.pdf

[7] Unmübig, Barbara. Op Cit. P.13.

[8] “Monsanto hizo solicitudes para sembrar comercialmente 700,000 hectáreas en el estado de Sinaloa del maíz NK603 y otra cantidad similar para sumar un millón 400,000 hectáreas con otras dos variedades apiladas de Monsanto Comercial S.A. de C.V. (MON-89Ø34-3 x MON-88Ø17-3) que incluyen la toxina Bt y tolerancia al herbicida glifosato. En Tamaulipas son tres solicitudes de la empresa Pioneer cada una para sembrar 351 has. con maíz NK603,  con maíz DAS-01507-1  y con un combinado que incluye el NK603. Esta situación no tiene marcha atrás, si se contamina el principal estado productor de maíz, estaríamos frente a una situación muy difícil de revertir y pondría en grave peligro la salud de los mexicanos y de los consumidores de maíz.” Disponible en línea en:  http://www.senasica.gob.mx/?id=1344.

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