Detrás de la guerra civil en Siria

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Por: Fernando Pacheco Vences

Al día de hoy se estiman 27,000 personas que han perdido la vida en el actual conflicto interno por el que atraviesa Siria. En general, la comunidad internacional ha condenado la manera en la que el régimen de Bashar al-Assad insiste en tratar de perpetrarse en el poder: mediante una violencia indiscriminada que ataca tanto a rebeldes “revolucionarios” como a la población civil. Este conflicto ha orillado a una de las crisis humanitarias más escandalosas de nuestro tiempo en cuanto a la tímida reacción que ha tenido la comunidad internacional para manejarla. Ya que, resultado del conflicto civil, la población civil comienza a desplazarse hacia las fronteras de Siria, ya sea con Turquía o Líbano, provocando un serio problema de hacinamiento en los campos de refugiados. Al tiempo que a nivel político la situación se hace cada vez más complicada.

Lo más lógico ante esta situación sería apoyar la caída del régimen de al-Assad en pos de la seguridad de la población civil. Sin embargo este fenómeno se agrava de maneras que hacen de esta situación un problema verdaderamente complejo. Contextualicemos el conflicto.

Realidades de Siria.

El estado-nación, cuyo nombre oficial es el de República Árabe Siria, cuenta actualmente con una población aproximada de 20.82 millones de habitantes. De estos habitantes el 90.3 son árabes, mientras que el restante son una mezcla entre Kurdos y Armenios principalmente. El 74% son musulmanes suníes, 16% otros grupos musulmanes como chiíes ismailíes, alauíes o drusos, y 10% cristianos. Se tiene una economía modesta colocada en el lugar 151 respecto al mundo con $5,100 US de PIB per cápita y cuyas cifras se han visto gravemente afectados en materia de crecimiento dado el actual conflicto. Sus fronteras colindan al este con Irak, al norte con Turquía, al oeste con el mar Mediterráneo, Líbano e Israel y al Sur con Jordania.  Esta posición geográfica hace de Siria un territorio con alto contenido geoestratégico, dado que se encuentra en importantes rutas comerciales, y comparte fronteras con algunos de los más importantes actores regionales.

Fuente: www.infoplease.com

http://www.infoplease.com/atlas/country/syria.html

En lo político, Siria es una república constitucional secular gobernada por la familia Assad. En la década de los setenta, Hafez al-Assad, padre del actual presidente Bashar al-Assad, se hizo del poder tras un golpe de estado orquestado por el partido político Ba’ath, actualmente el único partido reconocido, y gobernó hasta su muerte en el año 2000. Sucedido por su hijo Bashar, el régimen del los Assad se ha caracterizado por oprimir violentamente a la oposición. Así como en la actualidad, Bashar al-Assad se encarga de reprimir a su población. En la década de los ochenta, su padre se hizo lamentablemente famoso por la llamada masacre de Hama, donde terminó casi por completo con la hermandad musulmana y una gran parte de la población civil en esa locación. De igual manera Siria es parte del Movimiento de Países No Alineados, aunque en la arena internacional siempre ha sido cercano a Rusia y China, sus proveedores de armas; así como Egipto, Arabia Saudita e Irán.

Cabe destacar que hasta apenas el año 2005, Siria mantuvo ocupada parte de el sur de Líbano, con el fin de hacer presión sobre Israel para negociar el territorio de los Altos del Golán, actualmente ocupado por Israel, y tema álgido durante los últimos 40 años. Al tiempo que, junto con Irán, se financiaba tanto a Hamas como a Hezbollah, por lo que las relaciones de Siria con Israel siempre han sido ásperas aunque, hasta cierto punto, estables ya que no han habido conflictos abiertos a gran escala entre ambos países tras la ocupación del Líbano.

El conflicto actual

A partir del comienzo del gobierno de Bashar al-Assad, Siria comenzó a reformar sus estructuras económicas, abriendo sus mercados e invitando a capitales extranjeros, sobretodo de Turquía, Irán y Arabia Saudita. Por lo que la economía comenzó a crecer considerablemente. Sin embargo, esta nueva riqueza sólo llegaba a las altas jerarquías sociales, ya que Siria es un país con una crecida y rancia burocracia con uno de los índices más altos de corrupción. Aunada la falta de equidad a un desempleo lacerante del 12%, se comenzó a crear un ambiente de inconformidad social que vería una esperanza en los movimientos que se comenzaron a dar en la región. Tras el comienzo de la mal llamada “Primavera Árabe” el muy temido efecto dominó llegó a Siria donde la población comenzó a manifestarse a principios del 2011 debido al desempleo. Estas manifestaciones se vieron pronto respondidas con tanques y balas. Sin embargo, en vez de terminar las protestas, la respuesta violenta del gobierno de al-Assad, sólo sirvió para prender la mecha en una población que parecía a la espera de cualquier provocación para alzarse en armas. Casi después de un año y medio de iniciado el conflicto, Siria se encuentra en caos- Día y noche las fuerzas del gobierno atacan tanto a la población como a les rebeldes. La comunidad internacional ha sido incapaz de llegar a una solución. El Consejo de Seguridad no pudo llegar a un consenso debido a que tanto Rusia como China vetaron cualquier intento de intervención en contra del régimen de al-Assad. La misión de Naciones Unidas liderada por el ex-secretario general Kofi Annan, fue un fracaso que terminó en la renuncia de este último y el nombramiento de un nuevo enviado para mediar con el gobierno de al-Assad, el consejero de Naciones Unidas Lakhdar Brahimi.

Así que mientras la violencia sigue ocurriendo en Siria el mundo sigue sin poder hallar un punto de encuentro para la solución de este conflicto.

El conflicto actual, en lo interno, engloba varios factores que no pueden ser dejados de lado. Primero los actores: El gobierno de Assad y la oposición rebelde que a su vez está dividida:

  • Syrian National Council (SNC) – Organización liderada por una unión de Kurdos y la Hermandad Musulmana. Sus líderes actúan desde el extranjero y buscan instaurar un estado no secular aunque si democrático, cortando los lazos de Siria tanto con Irán, como con Hamas y Hezbollah. Piden principalmente una zona parcial de exclusión aérea para proteger a la población, así como un corredor humanitario que permita a los civiles alcanzar resguardo del actual conflicto.
  • Free Syrian Army (FSA) – Principalmente compuesto por desertores del ejército oficial de Siria. Este grupo supone ser la principal fuerza de oposición en cuanto a lo militar. No tienen una agenda tan definida y su composición es altamente variada.
  • National Coordinating Comitee (NCC) – Compuesto principalmente por las izquierdas seculares de Siria y Kurdos. Completamente en contra de cualquier tipo de intervención, este grupo cree sólo en la participación de las operaciones de mantenimiento de la paz como ayuda a la lucha actual.

Estos grupos actúan generalmente por separado y dificultan las negociaciones hacia el exterior ya que, al tener diferentes enfoques y objetivos dentro del conflicto, no se puede obtener una postura clara en cuanto a la ayuda y apoyo internacional en Siria.

A nivel internacional, si bien se condena en el discurso las acciones de al-Assad en contra de su población, países como Rusia y China, apoyan políticamente al actual régimen. Se calcula que el 10% de la producción de armas en Rusia son vendidas al actual régimen sirio, mientras que un porcentaje considerable de las importaciones de Siria provienen de China.

El reto internacional.

A primera vista el conflicto es sencillo. Un tirano cometiendo flagrantes crímenes internacionales en contra de una población que no tiene de otra mas que devolver el golpe a través de una guerra civil. El paso a seguir es el apoyo a estos movimientos insurgentes y/o incluso, apoyar mediante una intervención de medianas proporciones, con un plan de desarrollo post régimen que ayude a cimentar las nuevas instituciones en pos de un ejercicio libre y democrático de construcción social.

Sin embargo, la trama se complica en todos estos puntos. Primero, la deposición de este tirano, cuyo gobierno es dentro de lo que cabe occidental (secular y liberal capitalista sobretodo), no garantizaría en sí mismo que el gobierno resultante fuera afín a los intereses occidentales institucionales. Si hacemos caso de las lecciones de las últimas revoluciones en países musulmanes, como el caso de Egipto o Libia, estas nos indican que como caso probable, el gobierno será primordialmente musulmán. Con ello el nivel de dialogo que se pueda entre este nuevo régimen y Occidente, será difícil en el mejor de los casos. Por otro lado, con la caída de un régimen de mano dura, se podría dar el caso de que los diferentes grupos aún en pugna por el poder, se enfrasquen en una lucha intestina o fitna[1], que lleve al país a una guerra civil más sangrienta. Anclando cualquier proceso de desarrollo post conflicto que se quiera aplicar, tal como ocurrió en el caso de Afganistán. Human Rights Watch (HRW) declaró en uno de sus últimos informes, que incluso los grupos de oposición han atentado contra los derechos humanos de la población al realizar ejecuciones sumarias y tortura en contra de aquellos que están a favor del régimen; por lo que nada garantiza que la violencia e inseguridad del régimen de al-Assad se detendrá con su deposición.

De igual forma Israel, pese a que no mantiene una buena relación con Siria, tiene más que perder de lo que tiene que ganar frente a un cambio de régimen. Esto se debe a que con al-Assad se tiene un frágil Status Quo que puede tornarse funesto para sus intereses al no saber que tipo de régimen pueda quedar en lugar del actual.

Rusia, por su parte, hará lo posible por mantener a uno de sus mejores clientes armamentísticos, al tiempo que obtiene un posicionamiento geoestratégico, ya que se sabe que mantiene parte de su armada en el puerto de Tartus, el último remanente de las bases militares ex-soviéticas en el mediterráneo. Por tanto las potencias occidentales yacen maniatadas en el Consejo de Seguridad tras la negativa rotunda de China y Rusia de apoyar cualquier tipo de intervención.

Estados Unidos se encuentra actualmente enfocando toda su atención en el proceso electoral y cualquier paso en falso puede ser bastante caro para cualquiera de los candidatos en el tema de Siria en particular, y en el Medio Oriente en general.

Es entonces cuando nos asaltan las preguntas acerca del funcionamiento de las dinámicas del sistema internacional y de cómo con las actuales instituciones y mecanismos se pueden evitar catástrofes humanitarias cuando se tiene una realidad tan compleja. Me pregunto, fallando por completo en encontrar la respuesta, sobre el valor del actual régimen en el contexto más amplio y acerca de hasta que punto se pueden tolerar los actuales abusos en pos de la tranquilidad de una región que puede estallar en cualquier momento y de maneras insospechadas.

Pese a todas estas preguntas, es un hecho que la situación se vuelve cada vez más difícil de controlar y, si el sistema actual ya se ha probado falible llevando por costo la vida de millones de personas, como en los casos de Yugoslavia, Ruanda, Somalia, Libia, y actualmente en Siria; de igual manera cada vez será más difícil encontrar una solución en donde no se tenga que ponderar sobre el bienestar de unos sobre el de otros tantos. ¿Cómo terminar con el actual abuso sobre la población de Siria sin crear un desastre internacional? De cualquier manera lo que es cierto es que el régimen de al-Assad, pese a todo, ha probado aguantar las presiones que se le han puesto encima; por lo que no se le ve un fin cercano a esta situación. Mientras que las víctimas del sistema siguen siendo las poblaciones civiles, alejadas por completo del conflicto político, pero que siguen muriendo a costa de el.


[1] Guerra sectaria.

Imagen obtenida de www.apuntesinternacionales.cl

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