Macedonia: un país en busca de una identidad

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Por: Rolando M. Dromundo Valadez

Los Balcanes es una de las regiones más complicadas de Europa; primero, por el conflicto geopolítico que ha existido en esta zona durante varios siglos, segundo por su composición multiétnica y la diversidad religiosa, y por último, por la desigualdad económica que ha azotado a esta región, sobre todo después del desmembramiento de Yugoslavia. Cada una de las seis repúblicas que componían la Federación Yugoslava ha seguido caminos diferentes. Eslovenia es ya parte de la Unión Europea (UE) y de la Eurozona y Croacia parece que entrará el 1 de julio del 2013 a la UE. El resto está en situaciones diferentes, pero parece que de la que se habla menos, es de Macedonia, la más pobre y la segunda menos poblada.

Este país, que también tiene frontera con Bulgaria, Grecia, Albania y Serbia, escapó a tener un conflicto de la envergadura del que se vivió en Bosnia, Croacia y Serbia, mas no estuvo exento de una gran tensión entre los grupos étnicos mayoritarios, los macedonios y los albaneses. De hecho, a pesar de que su separación de Yugoslavia fue relativamente pacífica, la tensión entre eslavos y albaneses fue creciendo hasta desbordarse en graves enfrentamientos durante el año 2001, que solamente lograron resolverse mediante los acuerdos de Ohrid en 2002. Una de las demandas principales era que la población albanesa quería sentirse más integrada y por otro lado los eslavos no querían dar tantas concesiones. A final de cuentas, los acuerdos obligaron a que al menos el 20% de los cargos de la administración pública sean para albaneses, además de permitir cursar escuelas en su lengua materna en aquellos municipios donde su presencia sea de una proporción considerable.

Sin embargo, a una década de dichos acuerdos, pareciera que ambas comunidades viven en órbitas diferentes. Por un lado, los macedonios, si es que se le puede llamar así al grupo étnico mayoritario, que descienden de los búlgaros y que hablan un derivado de la lengua búlgara, son ortodoxos y en general hablan serbio como segundo idioma. Son más del 60% de la población del país y ven con recelo el continuo crecimiento de la comunidad albanesa debido a una desconfianza ante la posibilidad de que pueda suceder algo como en Serbia con Kosovo. Por otro lado, los albaneses, interactúan con los eslavos pero no se sienten macedonios a pesar de ser ciudadanos en pleno derecho. No dudan en identificarse con Albania, frecuentemente cuentan con pasaportes albaneses e incluso evitan en lo posible el uso de la lengua macedonia. Están más ubicados en ciudades como Tetovo y otras poblaciones al occidente del país y también en la parte norte de Skopje.

Por lo pronto, el gobierno actual ha invertido muchos recursos en un proyecto denominado Skopje 2014, que incluye remodelar numerosas zonas de la capital, sobre todo las plazas principales y edificios de gobierno, además de la instauración de una serie de monumentos dedicados a exaltar el pasado macedonio. Estatuas de Alejandro Magno y de Filipo II, griegos ante la historia, son mostrados aquí como antepasados de un país poblado mayoritariamente por eslavos y albaneses y cuya cultura es más bien una mezcla de origen búlgaro con influencia turca y la enorme interacción con diferentes pueblos balcánicos antes y durante la existencia de Yugoslavia. Es por eso que el proyecto, a pesar de la propaganda oficial, genera poco entusiasmo entre la población de ambos grupos étnicos.

Otro de los puntos pendientes, es precisamente el nombre del país y es que aunque el referente para llamarlo es Macedonia, Grecia no reconoce este nombre y ha bloqueado su entrada a la UE y a la OTAN a menos que cambien su denominación. De hecho ante Naciones Unidas el país se llama “Ex República Yugoslava de Macedonia” pero esto aún no satisface a los griegos, quienes consideran que la nomenclatura de Macedonia corresponde solamente a una región helénica que, dicho sea de paso, es más grande que el país. Es por eso que no es casual que al ir en carretera desde Skopje hasta Tesalónica, justo después de entrar a territorio griego, haya un letrero gigante que dice: “Bienvenidos a la verdadera Macedonia”.

Macedonia, a pesar de ser candidato a entrar a la Unión Europea, parece poco probable que a corto plazo pueda resolver la gran cantidad de reformas necesarias para su ingreso, además de que actualmente el nivel de vida de este país balcánico dista mucho de acercarse al de cualquier miembro de la Unión.

En política exterior, Macedonia ha hecho todo lo posible por satisfacer a Occidente: enviaron tropas a Iraq y a Afganistán, fueron uno de los primeros en reconocer la independencia de Kosovo y han tratado de evitar cualquier decisión que pueda alejarlos de la Unión Europea. Además, su cercanía con la aún región serbia de Kosovo, les da una posición estratégica para aquellos que quieren influir en el conflicto. No es casual que la embajada de Estados Unidos cuente con un edificio de enorme tamaño con una amplia vigilancia, mucho mayor de lo que uno supondría son las relaciones entre estos dos países.

De esta forma, con un vecino al sur (Grecia) que no reconoce su nombre, un vecino al este (Bulgaria) que no reconoce su idioma, un vecino al oeste (Albania) que reclama más derechos para los albaneses de Macedonia, un vecino al norte (Serbia) que no le perdona haber reconocido a Kosovo y, por último, una región de Kosovo cuyo reconocimiento genera hasta el momento un rechazo de más de la mitad de los miembros de Naciones Unidas, la situación de Macedonia, al menos en términos de política exterior, se muestra como complicada y más aún con el interés geopolítico en la región de Estados Unidos, Rusia y la UE.

En el terreno económico, Macedonia cuenta con un desempleo cercano al 30% de la población económicamente activa y siendo un país donde el salario mínimo ronda el equivalente a los 130 euros mensuales, las perspectivas para la mayoría de la población son complicadas. Es por eso que las expectativas de muchos habitantes son simplemente aprovechar que desde este año los macedonios pueden viajar sin visa a la Unión Europea y esperar que eso les permita en el futuro mejores condiciones para poder migrar.

Hoy en día, Macedonia enfrenta el reto de querer construir un estado nación en una zona de numerosos intereses geopolíticos, con una composición multiétnica y con casi 30% de la población categorizada dentro de los niveles de pobreza. Todo esto, genera dudas sobre quiénes fueron los verdaderos beneficiados con la desaparición de Yugoslavia, sobre todo cuando, al igual que Macedonia, Bosnia y en cierta medida Serbia con Kosovo enfrentan hoy una complicada situación donde las divisiones étnicas impiden consolidar una entidad política capaz de tomar decisiones y mejorar al menos un poco la situación económica de la población balcánica.

Parece ser que, al menos en lo inmediato, lo que se decida en torno a esta zona del mundo será, como ha sido desde 1992, definido por actores externos.

Imagen obtenida de www.vanguardia.com.mx

Rolando M. Dromundo Valadez es Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM . Actualmente cursa el doctorado en geopolitica en la Universidad de Pisa. Durante varios años se ha desempeñado como periodista y como docente en diferentes instituciones. Los últimos 5 años ha sido corresponsal del canal Telesur donde ha cubierto diferentes eventos de la realidad política y deportiva en México, Centroamérica, Estados Unidos y otros lugares entre los que destacan el golpe de estado en Mali y los Juegos Panamericanos en Guadalajara.  Entre sus objetos de estudio se encuentran la geopolítica y la realidad de los países de la Ex Unión Soviética y por otro lado los problemas sociales vinculados al deporte. Es miembro de la Asociación Internacional de Sociología del Deporte. Viajero incansable. Habla 6 idiomas entre los cuales ruso.

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