La Disidencia en América Latina: por una democracia sin adjetivos

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Aunque les pique la mano izquierda,

o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Por:  Ivonne Georgette Villalón Pérez

Si, como lo apuntó la revista Times, el protagonista del teatro político internacional en 2011 fue el manifestante (The protester), sin duda, el personaje apaleado en el drama habría sido la democracia ―la gran decepción de esta generación. Tras décadas de iniciados los procesos transicionales, la corrupción, las violaciones a derechos humanos, la violencia, el abuso de poder, la pobreza, el rezago educativo, y el desempleo siguen siendo la norma en los países de América Latina. Miles de adjetivos se enarbolan en torno a nuestras democracias: fallidas, parciales, virtuales, delegativas, de baja intensidad, de poca calidad, pseudo- o semidemocracias.1 Claro, respecto a un modelo arquetípico, que por inexistente, alude a las del mundo desarrollado. Idealmente, la democracia entraña igualdad, encarna la representatividad. Hoy por hoy, las democracias distan mucho de ello. Ni las democracias del mundo desarrollado ni las del no desarrollado se salvan. Al son de:«¡No nos representan!», «Democracia real ¡YA!», los indignados se manifestaron en contra de sus regímenes políticos económicos. Lo mismo han dejado en claro las movilizaciones en este lado del mundo: en América Latina las democracias no nos representan. Y, ¿a qué se debe? En esencia, yo opino, tiene sus raíces en la profunda e hiriente desigualdad que asfixia a la región.

De unos meses para acá se han organizado movilizaciones en Chile, México y Bolivia (las primeras dos, mucho más organizadas). En Chile se gestó el movimiento estudiantil, en México el Movimiento por la Paz, y en Bolivia se han presenciado protestas del sector indígena, obrero, sanitario y transportista.2El primero defiende la educación pública y el segundo apela por la justicia para las víctimas de la violencia. Los bolivianos, por su parte, pugnan por derechos laborales y derechos sobre las tierras. Aunque disímiles en múltiples aspectos, a las reivindicaciones de las disidencias en estos países subyace una fuerte crítica (implícita y explicita)a los regímenes políticos. Los estudiantes chilenos han cuestionado la institucionalidad y las prácticas de todos los gobiernos herederos de la dictadura. Han desnudado la vacuidad y las contradicciones de la tan aclamada democracia chilena, entre ellas, la desigualdad que esconde su cara económica: el neoliberalismo.2.1Lo mismo en el movimiento pacifista mexicano, que ha reiterado una y mil veces que las víctimas, el dolor de muchos y la violencia tienen sus raíces en la indolencia, egoísmo y  corrupción de la clase política, y en el sistema económico preponderante. Los bolivianos han puesto en duda el carácter democrático del mandato de Evo, su cerrazón ante sindicatos disidentes, ante las peticiones indígenas de no construir carreteras en zonas sagradas. Pero sobre todo, se critica la represión de la protesta, clara abdicación de la democracia, sistema político de inherentes desacuerdos: la rivalidad institucionalizada. En fin, cito aquí a Galeano, que dice en un poema, aunque “les pique la mano izquierda o se levanten con el pie derecho […] los nadie, los dueños de nada.” Al margen del partido triunfante en las urnas, lo cierto es que las democracias han sido incapaces de proveer servicios públicos universales y de garantizar los derechos básicos de la población (justicia, condiciones de vida dignas, derechos sociales, libertades de expresión, etc.).El obstáculo no yace tanto en ideología del poder como en las estructuras.

América Latina es la región más desigual del mundo.3Entre los ricos y los pobres se extiende una profunda brecha, no sólo económica sino también social, y de ahí se extiende la falta de conocimiento, empatía y responsabilidad4 de los de arriba hacia los de abajo. Estudios revelan que las élites latinoamericanas tienden a refutar la implementación de impuestos proporcionales a la riqueza,5a recibir una mayor proporción del gasto social,6 a ser poco filántropos,7ergo, contribuyen (intencional o indirectamente) con la postergación del inequitativo status quo. Aquellos con mayor poder en la política y la economía, generalmente ignoran, y en consecuencia, son indiferentes ante las condiciones de vida de los menos favorecidos. Quienes diseñan y ponen en práctica las políticas públicas para los de abajo, desconocen a este sector al igual que sus necesidades. Difícilmente los tomadores de decisión hacen uso de los recursos que provee el Estado, recurren al sector privado.  La desigualdad obstaculiza (o impide) la solidaridad entre gobernantes y gobernados. Siendo la raíz del problema una estructural, la solución implicaría acuerdos y reformas profundas que, hasta ahora, los gobernantes no han puesto en marcha.

De tal suerte que la educación superior es confinada a quienes pueden pagar por ella o a aquellos dispuestos a endeudarse por largo tiempo, como ocurre en Chile. De tal suerte que las víctimas continúan a la alza, en virtual anonimato y conocen la justicia sólo en proporción a su poder socioeconómico, como ocurre en México. De tal suerte que los salarios mínimos permanecen siendo los más bajos de la región andina y los indígenas de facto desprovistos de voto en las decisiones políticas, como ocurre en Bolivia. De tal suerte que los manifestantes son o ignorados o cooptados o reprimidos por los gobernantes, como ha ocurrido en los tres países. Porque el presidente Piñera no ha necesitado ir a la escuela pública. Porque al presidente Calderón no le han desaparecido o asesinado a un familiar. Porque él sí accedería a la justicia ya que las instituciones son dirigidas por sus colegas. Porque a Evo le incomodó la disidencia, los bloqueos y las presiones sindicales ya estando en el poder, siendo cuestionado como él alguna vez lo hizo con los mandatarios.8

Evidentemente, la desigualdad no es ni el único obstáculo para la consolidación de las democracias en la región. Pero es sin duda esencial, puesto que de ella se desprenden muchas otras problemáticas políticas, económicas, sociales, culturales, etc. La inequidad económica mina las posibilidades de acceso a la justicia, a las libertades, a los servicios y a los derechos humanos. Las movilizaciones en Chile, México y Bolivia son productos de las condiciones políticas, sociales y económicas que imperan en dichos países. Al reivindicar derechos sociales y constitucionales, los manifestantes revelan y critican la falta de representatividad de sus democracias. De algún modo, las disidencias actuales en América Latina apuntan hacia una democracia sin adjetivos, una democracia plena, representativa de los intereses de las sociedades sobre las que se erigen, no sólo de las élites que las dirigen. Mientras más equitativos sean los grupos, más convergen los intereses con las decisiones, por ende, menos adjetivos y más contenido tendrá la democracia.

REFERENCIAS

(1)     Véase, Steven Levitsky, y Lucan A. Way, “The Rise of Competitive Authoritarism”, en Journal of Democracy¸ vol. 13, núm. 2, April 2002, pp. 51-65; FareedZakaria, “The Rise of Illiberal Democracy”, en Foreign Affairs, vol. 76, núm. 6, November-December, 1997, pp. 22-43; y, Guillermo O’Donnell, “Delegative Democracy”, en Journal of Democracy, vol. 5, núm. 1, April 1996, pp. 94-108; Larry Diamond, “Thinking About Hybrid Regimes”, en Journal of Democracy, vol. 13, núm. 2, April 2002, pp. 21-35.

(2)     Véase, Mabel Azcui, “La protesta social atenaza al Gobierno de Evo Morales”, El País, 18 de enero, 2012; Mabel Azcui, “Bolivia, entre marchas obreras y las contramarchas de cocaleros”, El País, 9 de mayo, 2012.

(3)     “Camila Vallejo: ‘Los jóvenes chilenos no somos hijos de la democracia, sino de la posdictadura’,” El Mostrador, 24 de marzo, 2012.

(4)     MerikeBlofield, “Desigualdad y Política en América Latina”, en Jounal of Democracy en Español, p. 62.

(5)     Loc. cit.

(6)     En seis países grandes de América Latina, los dos quintiles de ingreso superiores reciben en  promedio un 70% de los gastos en seguridad social, mientras que el quintil más bajo recibe solo un 7%. En cambio, los países europeos gastan un 16% del PIB en transferencias, y cada quintil percibe aproximadamente un 20% del gasto total. Edwin Goñi, J. HumbertoLópez y Luis Servén, “Fiscal Redistribution and Income Inequality in Latin America”, Policy Research Working Paper 4487, The World Bank Development Research Group, 2008, pp. 18-19.

(7)     En 2007, los ricos de América Latina —definidos como quienes poseen más de un millón de dólares estadounidenses solo en inversiones— destinaron únicamente un 3% de sus activos a la caridad, mientras que la cifra correspondiente a sus contrapartes en los Estados Unidos y el Asia fue un 12%. Además, aunque la riqueza de los latinoamericanos acaudalados en conjunto aumentó desde 2007 más rápidamente que en cualquier otra parte, en 2010 sus planes de donar a la caridad eran de un monto inferior a aquellos de los ricos de cualquier otra región del mundo. Capgemini y Merrill Lynch, “World Wealth Report 2010’’, citadopor Andrés Oppenheimer, “Latin America’s Rich Could Be More Generous”, The Miami Herald, 26 de junio de 2010.

(8)     De acuerdo al Banco Mundial, en América Latina el coeficiente de Gini es 0.52, mientras que la segunda región más desigual es ocupada por África subsahariana (0.49). Véase Francisco H.G. Ferreira y Martin Ravallion, “Global Poverty and Inequality: A Review of the Evidence”, Policy Research Working Paper 4623 (Washington, D.C.: The World Bank Development Research Group, 2008).

(9)     Véase, Mabel Azcui, “Contradictorio Evo Morales”, El País, 6 de mayo, 2012; Mabel Azcui, “El segundo día de huelga sanitaria en Bolivia acaba con violentos disturbios”, El País, 11 de mayo, 2012.

FOTO: Truman Factor

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