Crisis educativa en América Latina

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Por: Nuria Gironés

«La pedagogía del oprimido, como pedagogía humanista y liberadora tendrá, pues, dos momentos distintos aunque interrelacionados. El primero, en el cual los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación, y, el segundo, en que, una vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación»

Paulo Freire

Mucho se ha hablado durante varias décadas acerca de una “crisis” entorno a la educación en América Latina, cada uno de los países que la conforma la ha asumido como parte de la historia misma de nuestro amado continente. Nuestro sistema educativo se ve fragmentado y segmentado, cada año que pasa son más los jóvenes que como yo y muchos otros, asumimos que elegir ser estudiante es enfrentarte a un sistema que te obliga a invertirle a un futuro completamente incierto.

Las políticas neoliberales que acechan y rigen nuestros países le apuestan cada vez más a la iniciativa privada, esto quiere decir que millones de latinoamericanos quedan endeudados por muchos años (si no la vida entera) con bancos que fungen ahora como los proveedores de aquello que es un derecho universal, lo que a su vez permite que la educación pública y de calidad (a la cuál muchos jóvenes en  países como Chile ni siquiera tienen acceso)  pase a último plano.

Hablamos entonces de un sistema hegemónico, que desde su estado de control nos despoja de los medios básicos para enfrentarnos a una realidad cercada por el mismo. Así explica Althusser -muy acertadamente- a  la educación como uno de los aparatos ideológicos del Estado, pues este es un instrumento por el cuál legítima su fuerza y asegura su reproducción discursiva, en pocas palabras, la producción y mercantilización del hombre llevada a uno de sus más grandes extremos.

Es el caso de México, por ejemplo, que al tener educación pública, genera y reproduce mano de obra calificada y en muchos casos sobrecalificada, provocando que estudiantes de maestría, doctorados y postdoctorados se vean en la necesidad de buscar oportunidades en países como Estados Unidos, Canadá, Australia e Inglaterra, donde puedan ejercer y realizar aquellas capacidades académicas e intelectuales en las que se prepararon.

Somos el producto de reformas educativas fallidas, grupos políticos corruptos, modelos sociales y económicos demasiado limitados y separatistas. Es así que la paradoja latinoamericana reside en tener que trabajar para estudiar y al finalizar este proceso enfrentarte a la falta de oportunidades, con el sector privado como única salida.  Se cuenta con eficiencia técnica y desaparece la idea primordial de la educación, que es transformar la realidad desde bases ideológicas, sociales, científicas y humanistas.

Nuestro sistema educativo aparenta ofrecernos una paleta de oportunidades, pero mientras más nos desarrollamos dentro de éste afrontamos la cruda realidad, las universidades públicas que ofrecen buenas oportunidades tienen demasiada demanda, las becas no son suficientes y los puestos para la investigación están sobresaturados. Entonces, ¿En dónde queda la solidez y abundancia de este sistema?

“Un  buen sistema educativo debe tener tres propósitos: proveer a todo aquel que quiera aprender el acceso a los recursos que estén a mano, en cualquier momento de su vida: otorgar, a todo aquel que quiera compartir lo que sabe la posibilidad de encontrar a aquellos que quieran aprender de él; y finalmente suministrar a todo aquel que quiera dar a conocer en público un tema la oportunidad de exponer su reto”  Ivan Illich.

Un buen sistema educativo, siguiendo con la idea de Illich, puede ser generado mediante la  re conceptualización de la educación  dentro de nuestro contexto histórico y  debe plantear nuevas alternativas desde la inclusión, con opciones concretas y posibles desde la igualdad, considerando elementos pedagógicos que abarquen la diversidad cultural,  el alcance de metas posibles y el desarrollo de millones de jóvenes que desean y exigen seguir estudiando.

Es por eso que los movimientos sociales y estudiantiles son sumamente importantes y deben ser observados atentamente, en toda América Latina muchos jóvenes han decidido exigir y generar nuevas alternativas que no dependan del Estado y sus constantes crisis. La movilización como determinación de cambio es una de ellas, darle voz al arte y generar propios medios de expresión, prestar atención a los esfuerzos existentes en muchos países latinoamericanos que le apuestan a la educación intercultural, a la posibilidad de cambio, son muchas las luces que se van prendiendo y muchos los que se juegan la vida por hacer la diferencia; pues es la educación, arma para transformar y reestructurar nuestro entorno y ninguna generación debe dejar de luchar por aquello que es un derecho inherente al “ser” humano.

Bibliografía:

ALTHUSSER, Louis. Aparatos Ideológicos del Estado, México 2008. Ed Quinto Sol

ILLICH, Iván. La Sociedad Desescolarizada,  Nueva York. Herder and Herder.

FREIRE, Paulo. La pedagogía del oprimido, México, 2005. Siglo XXI Editores.

Foto: EFE

Discussion1 comentario

  1. Gracias por compartir, lo empecé a leer con ánimo belicoso y terminé sin ese impulso.
    ¿Qué se puede hacer? . . .
    Desde mi perspectiva son múltiples factores los que complican una solución, en México éstos factores son particularmente delicados.
    Yo no estudié en la UNAM (no quedé) realicé mis estudios en una escuela privada, becado por mi trabajo durante dos años.
    Creo que los modelos están cambiando a fuerza de no sostenerse, la población es mucha y sencillamente no hay manera de que los modelos económicos y sociales actuales soporten tanta demanda, consecuencia de suponer que los modelos son estáticos tenemos anquilosadas instituciones, a fuerza de encontrar una solución inmediata y nada creativa hemos complicado aún más las cosas.
    Entonces habrá que ser creativos y replantear modelos económicos, educacionales y tantos más.

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