Paso a paso: Irán

0

Por: Fernando Pacheco  Vences

La región de  Medio Oriente, siempre receptáculo de atención esporádica por parte de occidente, se ha tornado de considerable interés a raíz de la llamada “Primavera Árabe”. Los medios se han encargado de reproducir imágenes, declaraciones, así como un sinfín de adjetivaciones y juicios acerca de los fenómenos que han acontecido en el último año y que siguen aconteciendo aún.

Sin embargo no todos los casos han obedecido a la misma “chispa” que ha detonado esa especie de reacción en cadena que ha puesto a la región y, dicho sea de paso, a sus actuales regímenes, a temblar. El origen de esto es otro, aunque no por ello la importancia de los eventos sea menor en la arena internacional.

Un caso que ha tenido su énfasis particular es el de la nación de Irán y las múltiples sanciones y amenazas que se han realizado en contra de ella. Sin embargo, su situación lejos ha de estar de esta ola de fenómenos que tanto han llamado la atención del publico occidental en el último año. Su caso particular puede verse fuera de ese contexto al adoptar un discurso mucho más amplio, que involucra a muchos más actores y una fenomenología ajena a estos incidentes.

Antecedentes:

El conflicto actual con Irán tiene sus orígenes más lejanos en la revolución islámica de 1979 encabezada por el Ayatollah Khomeini, quien hizo de Irán una república islámica chi’i, alejada de las doctrinas económicas y políticas occidentales.

El antecedente inmediato, sin embargo, se encuentra en 2002 cuando el ex-presidente de Estados Unidos, George Bush, metió a Irán dentro de su lista de países proscritos e indeseables, el célebre “Eje del Mal”, donde incluía, además de Irán, a Corea del Norte, Afganistán, Al-Qaeda e Irak al mando de Saddam Hussein. Desde entonces el hostigamiento a estos actores en general ha sido explícito por parte de la política exterior de Estados Unidos, por ende, de la OTAN y algunos otros países que han apoyado estas políticas.

Es por ello que a lo largo de la década pasada y los inicios de esta, el hostigamiento ha pasado primero por Afganistán, luego por Irak, deponiendo y ejecutando a Saddam Hussein, luego momentáneamente pasó hacia Corea del Norte, y recientemente hacia Irán.

Desde el inicio del gobierno del presidente Obama la desocupación de Irak y Afganistán han tomado un importante papel en la base de la política exterior de Estados Unidos en lo discursivo, pero en la práctica nunca se ha dejado de practicar el hostigamiento a esta región que sigue siendo considerada como una amenaza para Estados Unidos.

Situación actual:

Uno de los principales elementos en el discurso estadounidense con respecto a Irán, es el de la existencia de una posible amenaza nuclear, empapado de un régimen “fanático” y no afín a occidente. Es por ello que en los últimos años se ha denunciado la existencia de un programa nuclear con fines armamentistas. Esto ha generado fuertes debates en la esfera internacional y un constante “estira y afloja” por parte del gobierno iraní con respecto al sistema internacional en general y a Estados Unidos en particular.

Sin embargo, con los fenómenos de la “primavera árabe la atención se ha focalizado más insistentemente en la región, donde reina la incertidumbre y el peligro de que más regímenes no afines a occidente se solidifiquen y marquen una tendencia histórica, así como el inicio de nuevas dinámicas en la región con respecto al sistema internacional. Esta atención ha hecho que los procesos que se venían dando con Irán se potencialicen y cobren aún más atención.

Actualmente Estados Unidos, a través del sistema de Naciones Unidas, ha exhortado a que Irán abandone su programa nuclear en múltiples ocasiones, ya que se considera que este sigue siendo desarrollado con fines bélicos. Sin embargo, Irán ha permitido en múltiples ocasiones la inspección por parte de investigadores calificados nombrados por Naciones Unidas para desmitificar estas aserciones, siempre con resultados que comprueban la naturaleza no bélica de este programa nuclear.

No obstante, la política de Estados Unidos sigue siendo de constante hostigamiento, exigiendo el desmantelamiento del programa nuclear, aún después de las inspecciones de los expertos de Naciones Unidas. Esto ha creado un marco de incertidumbre ya que, teniendo el antecedente de Irak, donde se planteaba una situación similar que terminó con una invasión que aún pesa en el imaginario y en las arcas estadounidenses, una intervención se considera posible, así como una escalada del conflicto dada la inestabilidad actual de la región. Una situación calificada por los medios como una posible “tercera guerra mundial”.

Dadas estas posibilidades tanto Irán como Estados Unidos han entrado en un estado de provocación y formación de alianzas en lo explícito. En el caso de Irán, la situación ha derivado, por ejemplo, en el acercamiento a Venezuela, el virtual cierre del estrecho de Ormuz y la decisión de detener las exportaciones de petróleo hacia Francia e Inglaterra. Aunque por otro lado se busque el acercamiento y la pacificación por parte de Irán hacia las peticiones estadounidenses, aceptando entrar en conversaciones con la AIEA.

Estados Unidos también sigue atendiendo a estas provocaciones burlando el cierre del estrecho de Ormuz e imponiendo, junto con el apoyo de la Unión Europea, un embargo petrolero a Irán que tendría inicio en junio de este año.

¿Que nos espera?:

Estas se rigen en dos ejes, el del discurso, donde se ha construido una imagen y una situación alrededor de la “amenaza e insubordinación de Irán” como nación dentro del sistema internacional que plantea la posibilidad de una tercera guerra mundial, y la segunda, que gira entorno, particularmente, a las elecciones en Estados Unidos y a las crisis económicas europeas.

De estas últimas, el año electoral de Estados Unidos plantea la más importante ya que, siendo Irán el último bastión de aquel “eje del mal”[1], en el imaginario popular sería una enorme victoria para la golpeada administración de Obama que, con respecto a su política exterior, en cuatro años pudo lograr lo que Bush no pudo en ocho, una plataforma electoral que se dispararía si consiguiera imponerse a Irán.

Europa, por otro lado, también se vería beneficiado de participar en una purga de amenazas internacionales cuando la opinión pública europea se encuentra tan en contra de sus gobernantes debido a las crisis económicas, aunque esto último siga siendo la principal preocupación de sus ciudadanos.

Es por ello que este conflicto puede terminar, en un escenario extremo, en la intervención en Irán, o la sumisión de la misma por medios institucionales.

Impacto para México:

Este viene en dos sentidos, aunque algo ajenos de los ejes rectores de las dinámicas internacionales.

Primero en el económico, donde el embargo y posible intervención a Irán aumentará los precios del petróleo, trayendo con ello a México un benefició explícito e inmediato.

En segundo lugar, con respecto a la interacción con Estados Unidos ya que estos últimos se enfocarán de lleno a sus procesos electorales y al conflicto con Irán, dejando a México de lado en su agenda y postergando los temas de interés y urgencia común, como son la migración y el tráfico de armas y narcóticos.

Finalmente, directamente con este caso, la doctrina Estrada, eje rector de la política exterior mexicana, es muy probable que imponga a México la condena o abstención con respecto a cualquier intervención o embargo a Irán, como se ha visto en los últimos años.


[1] Osama Bin-Laden fue capturado y asesinado a mediados del 2011, Saddam Hussein tiene largo tiempo muerto, Kim Jong-Il recién ha fallecido y los talibán en Afganistán han plantead el acercamiento para la pacificación de Afganistán.

Imagen obtenida de www.csmonitor.com

Leave A Reply