El hombre más poderoso de Rusia

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Por: Carlos A. Tornel

El pasado 4 de marzo la comunidad internacional posó la mirada  sobre Eurasia en donde el gigante de la región, Rusia, eligió de nueva cuenta a Vladimir Putin como Presidente. La opinión pública internacional ha cubierto crecientemente a las manifestaciones en dicho país, evidenciando el descontento de la clase media con las políticas de modernización y hegemonía del todavía Primer Ministro Vladimir Putin. Probablemente inspiradas en las manifestaciones masivas en los países del Medio Oriente y del norte de África, en donde los pobladores de países como Egipto, Libia y Túnez han logrado deponer del poder a sus ex mandatarios, la creciente clase media rusa ha levantado la voz ante la polémica en la política, generado  por la aparente victoria con más del 50 por ciento de los votos del partido gobernante “Rusia Unida” en las elecciones del “Duma” o congreso de la nación en noviembre del año pasado. Esto, para muchos, fue un indicio claro de un  fraude electoral.

El Primer Ministro Vladimir Putin, a pesar del creciente descontento y de la cobertura por parte de los medios internacionales y del aumento de las protestas sociales en el país, se prepara para volver a fungir como Presidente de Rusia por tercera ocasión. De acuerdo con la constitución instaurada después del régimen soviético, existe la posibilidad de que un presidente pueda ser reelegido una vez después de un periodo administrativo de cuatro años. Putin,  quien tomó protesta  como Presidente por primera vez en el año 2000, —ocupando el lugar de Boris Yeltsin—., dejó la presidencia en los periodos intermedios para fungir como Primer Ministro, en los años intermedios, dándole a su antiguo colega de San Petesburgo y actual presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, la oportunidad de tomar el cargo. Sin embargo, de acuerdo con la ley del país euroasiático es posible que Putin vuelva a la oficina presidencial ya que técnicamente es viable una posible tercera y cuarta presidencia mientras los términos no sean consecutivos.

Este nuevo planeamiento de la política rusa refleja varias posibles situaciones del futuro de la nación: la primera y más obvia se refiere a que Putin podrá estar al mando del país hasta el año 2024, si su popularidad no disminuye en los próximos años y las protestas no toman niveles más importantes. De esta forma Putin podría servir dos términos presidenciales más y otro como Primer Ministro a pesar de la aparente inconformidad proyectada por los medios de comunicación. La segunda situación, se enfoca en las posibles políticas que continuaría y generaría el nuevo régimen de Putin. La continuación de la llamada “modernización” del país es una política que, sin duda alguna, seguirá alejando aún más a los sectores agrarios y primarios del país en una economía no lo suficientemente dinámica. Y finalmente, la última situación reflejará claramente la posición de Rusia hacia la Unión Europea, el mundo árabe, Asia y los Estados Unidos en particular.

En el ámbito nacional, es necesario considerar varios aspectos clave: La política interna de Vladimir Putin se ha enfocado en situar a Rusia como un líder regional, tanto en el ámbito militar, como en el económico y el político. La cascada de la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos en 2008 provocó una fuerte recesión en Rusia, ya que los crecientes precios del petróleo se habían incrementado lo necesario a principios del 2008 como para que la economía rusa estuviese lo suficientemente estable como para seguir adelante en las traicioneras aguas de la economía mundial. Sin embargo, el colapso de la bolsa y la explosión de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos no fue lo suficientemente aislada como se esperaba y la economía rusa sufrió un gran colapso, ya que sus números sucumbieron ¿ante? el resto de los países del G20.

El posible ascenso de Putin podría dirigir al país hacia un continuo descontento dentro de las clases medias y bajas del país debido a la falta de seguridad en la economía y la continuación del poder en manos de unos solos.

Por otro lado es cierto que el régimen de Putin ha generado y llevado prosperidad y estabilización a Rusia, desde la salida de Yeltsin a finales de la década de los años noventa. Putin, como sucesor de un presidente apoyado por los Estados Unidos y con el control absoluto de un país como Rusia[1] logró estabilizar al país después de una turbulenta salida de la Unión Soviética del panorama internacional y la sucesiva explosión del capitalismo y privatización masiva del país a comienzos de la década de los noventa. Asimismo la gran desigualdad y el crimen organizado aún reflejan a una sociedad rusa dividida ante el desempeño del actual Primer Ministro y su posible actuación en las próximas décadas del país.

Las elecciones del 4 de marzo mostraron una política de Putin enfocada en continuar con la  modernización y el replanteamiento de Rusia como un hegemón clave en la zona del Cáucaso, una creciente potencia económica en la región europea y con la intención de jugar un papel más importante ante la creciente preocupación china en la frontera sur con Asia central.

La administración de George W. Bush mantuvo un doble juego de poder con Rusia. Por un lado, negociando su creciente participación en acuerdos de desarme nuclear y cooperación en ámbitos económicos, mientras que las relaciones políticas llegaban a su punto más bajo desde la caída de la Unión Soviética. En 2008, el creciente interés de los Estados Unidos y del estado georgiano de pertenecer a la OTAN se interpreto como un ataque directo de los Estados Unidos hacia Rusia, lo que culminó en la intervención en Osetia del Sur ante la invasión de Georgia, incrementando la tensión entre viejos enemigos.

Con la entrada de la administración de Obama, las políticas de Acercamiento de los Estados Unidos hacia China, pláticas propuestas por Obama como el G2 (Rusia y China) también significaron una fuerte tensión para Rusia pues China, con su increíble crecimiento demográfico y económico, y el constante incremento de su presupuesto de defensa[2], representa un clara competencia como hegemón en el continente asiático, el cual ha sido muy descuidado por Rusia a lo largo de su historia y también juega un papel importante en la reestructuración del país para Putin.[3]

Finalmente, con respecto a la estabilidad geopolítica de Rusia es importante recalcar su papel a nivel internacional, por un lado la caída de la Unión Soviética permitió el nacimiento de un número importante de estados independientes, los cuales hoy son mucho más dinámicos en el sistema internacional que Rusia,. Ésta es la primera vez en que la nación no funge como una potencia importante en toda su historia. Asimismo, la continua presencia de los Estados Unidos y el efecto de la crisis económica le han ganado a Rusia el escepticismo de varios politólogos y economistas alrededor del mundo respecto a su posible recuperación como potencia económica, su reestablecimiento como una hegemonía estable y especialmente la capacidad de generar un cambio social y dinamizar la economía otorgando un beneficio a la sociedad rusa del siglo XXI.

El potencial de Rusia es enorme; además de ser el país más grande del mundo y de contar con una increíble cantidad de recursos naturales —entre ellos gas y petróleo— cuenta con una ubicación geopolítica mucho más privilegiada que en décadas anteriores debido al creciente peso económico de China e India. Sin embargo, la poca experiencia de adaptación al sistema internacional y a la economía de mercado han dejado a un lado las zonas rurales de Rusia en donde las ciudades se han convertido en la principal fuente de la economía. El campo y otros sectores importantes en la época de la Unión Soviética han sido marginados por la creciente economía y claras víctimas del mercado internacional y las oligarquías, propiciando al mismo tiempo la creciente desigualdad del país.

La historia del gigante euroasiático dará mucho más que hablar en los próximos años y sin duda en las próximas semanas en que el mundo observe el regreso de Putin al poder. La pregunta que queda por ser respondida es hacia dónde continuará Putin su política como presidente, ya que el peso político del país parece estar en constante declive, mientras que la economía aún se encuentra endeble después de la crisis del año 2008 y la falta de reformas al sistema internacional. Queda por preguntarse si Putin buscará la estabilización y la reforma a largo plazo postrándose como un líder más abierto a la oposición y con un interés por estabilizar la situación de descontento de la sociedad rusa o si continuará con el replanteamiento de Rusia como una potencia de  peso regional e internacional volviéndose un líder más autocrático y con un distanciamiento claro hacia las políticas occidentales.


[1] Yeltsin, después de permitir la privatización de muchos sectores de la economía rusa dio paso directo al descontento del pueblo lo que llevo a revueltas masivas en 1993, a lo cual Yeltsin con el apoyo de la administración de Bill Clinton, disolvió el parlamento ruso y quedo como líder supremo de la nación.

[2] El presupuesto  de defensa chino de 106 mil millones de dólares es el segundo en el mundo después de los Estados Unidos. Este año muestra un incremento de 11.2%, mientras que incremento un 13% en 2009 y 7% en 2010.

[3] Esto tiene que ver con la inclusión de Rusia en siglas como los BRIC o grupos con un peso político importante como el G20, los cuales la posicionan como un líder en crecimiento económico y una influencia importante en la política internacional, sin mencionar su asiento en el Consejo de Seguridad.

 

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