Crisis humanitaria en Mali

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Por: Karen Bialostozky

La república de Mali se encuentra ubicada al interior de África occidental, colinda con Argelia al norte, Níger al este, Burkina Faso y Costa de Marfil al sur, Guinea al sur-oeste; y con Senegal y Mauritania al oeste.

 En 1960 la República del Sudán, la cual estaba conformada por Senegal y Mali, se independizó de Francia. Ese mismo año Senegal se retiró de la República del Sudán, lo que permitió que, a su vez, se formara la nación independiente de Mali.

Mali ha tenido una historia de relativa estabilidad política desde su independencia, sin embargo, uno de los retos principales para el mantenimiento de ésta ha sido la insurgencia de los Tuareg, quienes han buscado obtener un Estado independiente. Las insurrecciones datan desde 1963, cuando se realizó la primera rebelión Tuareg. La segunda rebelión se llevó a cabo en junio de 1990, la cual finalizó con los Acuerdos de Tramanrasset. Con este tratado de paz se le reconoció un status especial a los habitantes del norte del país, y los Tuareg renunciaron a sus demandas de independizarse. Se estima que entre 60,000 y 100,000 refugiados Tuareg volvieron al territorio después del acuerdo.

En 2006 el gobierno firmó un acuerdo de paz mediado por Argelia con los rebeldes Tuareg, quienes buscaban mayor autonomía en la región del Norte. Los rebeldes saquearon las armas en la ciudad de Kidal, aumentando los temores de una nueva rebelión. En diciembre de 2008 los rebeldes asesinaron a diecisiete soldados del ejército Malinés, pese a que se había acordado un cese al fuego un mes antes. Los rebeldes continuaron cometiendo atentados en contra de civiles y del gobierno. En el 2009 los Tuareg pusieron fin a su rebelión mediante un nuevo acuerdo con el gobierno.

El 17 de enero de 2012 los combates entre el grupos rebeldes Tuareg y las fuerzas del gobierno en la región de Azawad, al norte de Mali, se reanudaron rompiendo así el acuerdo establecido en 2009. “La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), ha desplegado equipos de emergencia en los países fronterizos con Mali para atender las necesidades de las personas que se han visto obligadas a huir de los combates al norte del país”. La cifra total de personas que han cruzado desde Mali a países vecinos se sitúa ya en las 80.000, según las cifras oficiales del ACNUR. Además, el número de personas desplazadas dentro de Mali ha sido revisado a la alza, y alcanza ya una cifra similar; unas 81.000 personas, según funcionarios del gobierno y organizaciones humanitarias que operan en el norte de Malí.

Los gobiernos de los países fronterizos, así como el ACNUR, enfrentan el imperativo de satisfacer las necesidades, tanto de los refugiados como de la población que habita en las zonas áridas de Burkina Faso, Mauritania y Níger; esto debido a una grave sequía que ha traído consigo escasez de alimentos y de agua.

El 23 de febrero del año en curso, el portavoz del ACNUR, Adrian Edwards, hizo un llamamiento por un valor de 35,6 millones de dólares para poder responder a la creciente crisis humanitaria y poder cubrir las necesidades de 85.000 personas desplazadas hasta el próximo mes de julio. Dichas necesidades constan de alimentos, agua, saneamiento, servicios sanitarios y educación. Además, necesitan materiales básicos para el hogar, como esteras para dormir, mosquiteros, mantas y utensilios de cocina.

El ACNUR ha enviado tiendas y materiales de ayuda esenciales para cubrir las necesidades de 22.000 personas en Níger, Burkina Faso y Mauritania; así mismo ha hecho la compra de alimentos para 20.000 personas ubicadas en Mauritania, y ha comenzado a reubicar a los refugiados en el campo de Mbera, un espacio que ha sido rehabilitado especialmente para responder al constante flujo de refugiados.

Es importante recalcar que a pesar de que el ACNUR ha sido otorgado el mandato de asegurar que los refugiados sean protegidos en el país en el que se busca asilo, los gobiernos deben de asistir en la medida de lo posible para cumplir con dicha tarea. “Los Estados tienen la obligación de no expulsar ni devolver a los refugiados o solicitantes de asilo a cualquier país donde puedan correr peligro, comprendido, el mismo país del cual huyen.

En circunstancias en donde la afluencia de refugiados es muy grande y los gobiernos de los países de asilo no cuentan con los recursos disponibles para cubrir las necesidades básicas de los refugiados, el ACNUR es el responsable de proveer la asistencia necesaria, ya sea mediante ayuda financiera, alimentos, utensilios de cocina, sanitarios y de vivienda; o estableciendo escuelas y clínicas.

Sin embargo, ni el ACNUR, ni los gobiernos de los Estados que proveen el asilo, pueden sustituir la protección del Estado, en el cual no se han garantizado los derechos básicos y la seguridad física de sus habitantes. La cuestión sobre los refugiados requiere de cooperación y eficiencia, es esencial que las crisis que generan el desplazamiento de refugiados sean resueltas desde el fondo. La acción de la comunidad internacional es fundamental para concretar acciones eficientes y definitivas, que no constan únicamente de proveer ayuda humanitaria; se requiere una perspectiva más amplia que incluya propuestas políticas, económicas y sociales, así como de los mecanismos necesarios para su aplicación y salvaguarda.

Foto: AFP/Boureima Hama

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