¿Qué será de la Pérfida Albión? El veto del Reino Unido en la cumbre de la Unión Europea y sus implicaciones.

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Por: Javier Díaz

El 2011 fue un año bastante difícil para la Unión Europea. La crisis financiera ha amenazado la viabilidad de la moneda común y ha obligado a los países miembros a buscar mecanismos efectivos para rescatar sus economías de manera conjunta, en especial las de países como Grecia e Irlanda quienes cuentan con altísimos niveles de deuda, para evitar una debacle que incluya a toda la comunidad europea. La fórmula, principalmente respaldada por Alemania, de regulaciones financieras, disciplina en los regímenes fiscales y de políticas de austeridad y reducción de gastos aparentemente ha resultado la mejor opción y la más aceptada dentro de la UE.

En este contexto, en la cumbre de jefes de Estado de la Unión Europea que concluyó el 9 de diciembre de 2011 en Bruselas se buscaba modificar el Tratado de Lisboa para endurecer la disciplina fiscal de los países. El veto del Reino Unido a incluir estas medidas en un tratado ocasionó que Francia y Alemania, principales impulsores de las reformas, busquen, junto con otros 21 países, la creación de un acuerdo intergubernamental para establecer una mayor integración y control del presupuesto y del gasto entre los países de la zona euro y los otros que se adhieran.

Este bloqueo ha sido calificado por varios analistas como un error grave por parte del gobierno británico, pues representa una división importante dentro de la Unión Europea que deja al Reino Unido marginalizado de esta comunidad de países y aislado dentro de la comunidad internacional. Es por ello que en este artículo intentaré abordar brevemente los motivos por los cuales Gran Bretaña tomó esta decisión, así como las posibles implicaciones que esto puede tener tanto para el Reino Unido como para la Unión Europea.

Primero, cabe mencionar que la relación entre Gran Bretaña y la UE siempre ha sido algo especial a comparación con los otros países miembros. A pesar de que los británicos no estuvieron en la comunidad desde sus orígenes, siempre han tenido concesiones en puntos clave de la integración, como el no ser parte del Euro o tener el control de migración en sus fronteras fuera del espacio de Schengen. Esta relativa independencia hace que no parezca extraño que quieran mantenerse al margen de un mayor control comunitario sobre el presupuesto y los gastos de los países miembros. Por la misma razón, el que el Reino Unido quisiera salvaguardas especiales para su mercado financiero y de lo contrario amenazara con vetar las reformas tampoco es algo extraordinario.

El contexto de crisis es lo que cambió la lógica de la relación. Una interpretación de la medida británica podría ser que la presión por crear un mecanismo que redujera el riesgo del colapso del Euro y de tomar medidas urgentes para rescatar la economía europea representó una ventana de oportunidad para el Reino Unido para obtener mayores concesiones económicas y para no tener que comprometer la desregulación de la City de Londres. Sin embargo, la misma presión ocasionó que Alemania y los otros países no cedieran, sino que además estuvieran dispuestos a crear otro tratado con tal de evitar el agravio de la situación. Puede considerarse entonces que la marginalización británica pudo haber sido un error de cálculo de David Cameron, primer ministro del Reino Unido, que pensó que los alemanes considerarían más costoso quedarse sin acuerdo que otorgarle las salvaguardas a Gran Bretaña.

Por otro lado, la política interna juega un papel fundamental en este tipo de toma de decisiones. La tendencia a rechazar una integración económica y política más profunda dentro de la Unión Europea, en especial por medio de la moneda única, se conoce como euroescepticismo. El euroescepticismo es una postura muy fuerte en la política británica que ha dominado tradicionalmente en el partido Conservador, al cual pertenece David Cameron. El no poder llegar a un acuerdo con los euroescépticos de su partido también representó un obstáculo importante para Cameron, lo que lo obligó a radicalizar su postura frente a los otros líderes europeos, ya que de no obtener las salvaguardas, de todas formas la cámara de los comunes habría bloqueado el tratado en caso de haber sido aceptado por el mandatario.

El argumento oficial del primer ministro británico para bloquear las reformas fue que iban en contra del interés nacional y de la soberanía de su país, fundamentalmente porque afectarían dramáticamente a su sector financiero. Recordemos que la City de Londres es el mercado financiero más importante de Europa, por lo que resulta vital para la economía británica mantenerlo protegido de cualquier regulación externa. El Reino Unido, al igual que cuando rechazó entrar al Euro en su momento, está intentando mantener su libertad de maniobra dentro del sector financiero internacional.

Esta división entre el Reino Unido y “los demás” definitivamente tendrá consecuencias importantes para el futuro de la Unión Europea. Incluso en la prensa internacional se ha hablado de un “divorcio” o de la posibilidad real de que los británicos abandonen la UE. Pero, ¿Realmente este escenario es realista? ¿A alguien le conviene la separación? ¿Qué significaría para las dos partes? En realidad, entre ambos hay una codependencia que hace que, a pesar del nuevo acuerdo que pueda surgir, difícilmente exista una ruptura definitiva.

Por un lado, gran parte de la influencia que tiene el Reino Unido en el mundo se debe a que es parte de la Unión Europea. Al ser uno de los mercados más grandes del mundo, países como Estados Unidos, India o China utilizan al Reino Unido como puente o como entrada al mercado Europeo. Fuera de la Unión, Gran Bretaña podría dejar de ser tan influyente para las políticas de estos países, particularmente en el caso de los Estados Unidos, que es uno de los principales socios de los británicos. El 50% del comercio de Gran Bretaña es con el resto de la Unión Europea, por lo que de haber una separación tendrían que buscar un acuerdo que fuera lo más cercano posible al mercado único del que gozan y aun así se vería tremendamente afectado.

La Unión Europea tampoco saldría bien librada de un “divorcio” con el Reino Unido. Además de ser una de las economías más fuertes de mundo y de ser el enlace entre Europa y otras economías, éste ha fungido como un contrapeso entre Alemania, Francia, y el resto de la comunidad. Gran parte de las barreras que se han deshecho dentro del mercado interior han sido gracias al impulso de políticas liberales por parte de Gran Bretaña

Sin duda, el más beneficiado del bloqueo británico fue Francia. Los franceses han defendido una integración profunda pero más cerrada, que gire en torno a la zona euro como núcleo, y que ésta esté más protegida de las políticas liberales británicas. Tener fuera de la jugada al Reino Unido, o por lo menos fuera de las cumbres para el diseño y firma del nuevo acuerdo, le otorga a Francia una mucho mayor influencia en la política económica de la Unión.

En realidad lo que más afecta al Reino Unido es que al realizarse un acuerdo del cual éste no forme parte, la dirección económica que tome Europa para salir de la crisis y para rescatar el Euro será sin sus aportaciones y sin cuidado de sus intereses. Aunque se lleve a cabo por fuera de los órganos comunitarios, este pacto afectará directamente todas las funciones dentro de la Unión Europea, por lo que los británicos tendrán que adaptarse a los cambios que esto ocasione.

Todavía son inciertos los alcances que este acuerdo tendrá, si los 23 países que en un principio lo apoyaron terminarán por ratificarlo o si los otros tres pendientes –Republica Checa, Hungría y Suecia—entrarán o no con los demás. Sin embargo, lo que se puede ver es a un Reino Unido que quedó marginalizado y aislado dentro de la Unión Europea y que tendrá que ver la forma de adaptarse a estas circunstancias y de recuperar su parte en este bloque. Tanto la Unión Europea como Gran Bretaña están condenados a entenderse, pues a fin de cuentas a ninguno de los dos les iría bien sin el otro, aunque están por verse los efectos que este veto en la cumbre ocasionará a ambos.

Javier Díaz es egresado de la licenciatura de Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana

Imagen obtenida de: grandlogistics.blogspot.com

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