La Obsolescencia Programada

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Por: Carlos Tornel

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Actualmente no hay una persona en el hemisferio norte que pueda jactarse de no haber sido victima de la obsolescencia programada. La problemática que ésta genera trasciende barreras socioeconómicas, culturales y políticas; es un problema de alcances globalizados y al mismo tiempo es un problema de percepción social y psicológica.

En la actualidad, la percepción de un producto rentable y de una economía sostenible se fundamentan en el consumo desmedido de la población, el desarrollo tecnológico y la misma intención de comprar por estatus social. Estos factores se han transformado en los determinantes del proceso de compra y venta de productos en el comercio internacional. Por un lado, el desarrollo tecnológico conlleva a que el acceso a los productos más funcionales y cada vez más específicos para satisfacer ciertas necesidades o funciones, se vuelvan más baratos y tengan mayor disponibilidad al público. Sin embargo este proceso es más siniestro de lo que puede sonar a los oídos del consumidor moderno.

Este artículo se divide en dos: la primera parte revisa qué es la obsolescencia tecnológica y sus consecuencias a nivel social; la segunda, analiza dicha obsolescencia desde la problemática ambiental.

En primer lugar, debemos cuestionarnos sobre el proceso de adquisición de los productos: ¿realmente necesitamos todo lo que compramos? Es decir, ¿en realidad necesitamos productos para hacernos la vida más fácil? ¿Hasta dónde se puede hacer la vida más fácil?,¿En qué punto las personas se vuelen víctimas de sus propias compras? El proceso de producción, sin duda, una de las maneras más fáciles de hacer que el producto específico se vuelva obsoleto desde el principio, es decir al crear un producto este ya tiene un “tiempo de vida” determinado y es así como el consumidor se ve forzado a comprar más en vez de reparar el mismo producto.

El segundo punto que debemos cuestionar es el estatus social y la percepción del consumismo de manera psicológica y social. ¿Qué define a una persona? ¿Sus valores, moral, ideología, percepción de la realidad o es la interpretación que le de a su vida? Para la sociedad moderna el estatus y el valor de un individuo se mide en los niveles de consumo y la cantidad de posesiones que tiene. Estos dos puntos son la lógica y el sello del consumo en el siglo XXI. Este círculo vicioso se retroalimenta en si mismo: por un lado, el producto se vuele obsoleto, la misma sociedad -incluso la educación- empuja al individuo a adquirir más.

El problema radica entonces en cómo desprenderse de estos productos dentro del mercado. La sociedad actual está en medio de un paradigma nunca antes visto: las generaciones anteriores simplemente no tenían una opción tecnológica tan avanzada como la que tenemos hoy. A pesar de que la obsolescencia tecnológica haya sido un fuerte aliado del capitalismo industrial desde finales de la década de los veinte, es a través de otro factor que le dio un peso significativamente más bajo como el que tiene actualmente: la manipulación y control de la información. Hoy en día, este proceso de obsolescencia esta siendo expuesto por el mismo desarrollo tecnológico que, irónicamente, lo hico crecer tan aceleradamente. La opción con la que cuenta está generación es la posibilidad de escoger de manera informada y de tener acceso a la información de manera rápida y eficaz.

Entonces. ¿qué puede hacer el individuo en medio de este juego siniestro de poder y manipulación? Por un lado, la solución recae en los hábitos y decisiones del consumidor. Sabemos que las empresas no actúan de manera responsable por voluntad propia; hemos comprobado que las corporaciones y las empresas transnacionales actúan como pacientes psicóticos y autista, sabemos también que los gobiernos actúan conforme al interés estatal antes que el del individuo; los Estados y las empresas no son actores racionales. La solución entonces está con el consumidor. Muchos escépticos creen que el consumidor está siempre sojuzgado por actores más grandes y fuertes que él (o ella: lenguaje inclusivo del siglo XXI), pero a fin de cuentas el consumidor es el que toma las decisiones finales con respecto a lo que compra. Es decir, es él quién tiene la última palabra respecto al producto final.

La acción que debemos tomar, debe dividirse en dos etapas: 1) el acceso a la información; y 2) la selección de productos. El consumidor tiene la obligación de saber qué está comprando y si de todos modos es victima de la obsolescencia programada, existen diversas formas de arreglar aquello que fue adquirido; el Internet es, actualmente, la forma más fácil de acceder a este tipo de información y probablemente la mejor arma del consumidor para el acceso a la información. Asimismo, al evitar comprar productos que en realidad no nos son útiles o únicamente comprar productos de duración más larga de los cuales estemos seguros,  éstos tendrán una vida más larga y un despojo adecuado.

El segundo tema de la obsolescencia programada no tiene que ver con las percepciones psicológicas, sociales y económicas, sino más bien se centra en las maneras en las que esta pueden afectar el medio ambiente. El desarrollo y producción en masa de una cantidad inmensa de productos electrónicos diseñados a tener una duración limitada produce una fuerte tendencia a generar desechos y basura. Actualmente las cantidades de basura que se generan a partir de este tipo de productos son de tamaños industriales y la basura que se desecha combina materiales peligrosos junto con metales pesados, que además de ser dañinos al medio ambiente, al suelo, los mantos freáticos y al aire, crean problemas de salud a todas las personas que se dedican a separar y vender los desechos reutilizables de estos productos.

Hoy, países como Ghana, Nigeria y China[2] son los principales receptores de la basura tecnológica que se desecha por los países desarrollados y, a pesar de que  existe un tratado de prevención para evitar el esparcimiento de este tipo de desechos a los países más pobres, los países industrializados se aprovechan de la necesidad de estos países en extrema pobreza para quitarse un problema de encima y revender este tipo de residuos y basura como objetos de segunda mano.

Actualmente se generan cerca de 53 millones de toneladas de basura electrónica alrededor del mundo, de las cuales únicamente se recicla un 13 por ciento del total, obteniendo una ganancia de alrededor de 5.7 mil millones de dólares. Esto quiere decir que, si recicláramos el 100 por ciento de los productos que se pueden obtener de la basura electrónica a nivel mundial, obtendríamos cerca de 250 mil millones de dólares anuales. El problema es que la basura se trata como algo indeseable y es esta percepción la que lleva a los países a deshacerse de ella en vez de reutilizarla.

Este problema, además de representar un riego enorme para el medio ambiente y las personas que se emplean a partir del reciclaje de estos productos obsoletos, está estrechamente relacionado con tintes racistas a nivel internacional. El envió de estos productos a países en vías de desarrollo, necesitados de ingresos económicos representan un problema menos para occidente y los procesos de producción a los que, desgraciadamente, nos hemos acostumbrado.

El escepticismo actual de todas las élites en las cumbres económicas a niveles internacional con este tipo de lógica de mercado productivo simbolizan la capacidad de control que han llegado a obtener sobre el público consumidor en general. El creciente fatalismo del tema hace que los consumidores se mantengan alejados de este tipo de cuestionamientos propios, pues si en realidad todos exigiéramos un alto a este tipo de políticas, la economía se detendría y el mundo dejaría de existir como lo conocemos. ¿Es en realidad esto algo tan malo? Si en realidad detuviéramos estos proceso de producción, no generaríamos más chatarra y basura electrónica, sino que además de producir menos, generaríamos desarrollos tecnológicos reales en donde el mismo sistema económico empujaría a los fabricantes a desarrollar productos en verdad funcionales con una duración de vida mucho más larga y un uso mucho más extenso.

¿Es  imposible ser victima de la obsolescencia programada? Yo diría que si, sólo es cuestión de, poco a poco, convencer a los consumidores que en realidad son ellos los que deciden y no viceversa.


[1] El título de este artículo proviene de un documental realizado en el año 2011 por la TVE, del cual obtuve la clave para expresar mis preocupaciones sobre el sistema económico actual y el culto al consumo desde una perspectiva social. Asimismo, la idea surge de una experiencia que tuve hace poco: Un proyector de marca “*****” tuvo una avería interna. Al solicitar una revisión al servicio técnico de la compañía, la señorita que atendía al teléfono suspiro un par de veces ante mi indignación al saber que el costo de la reparación excedía casi en más de 6 veces el costo de un proyector nuevo. Después de un par de comentarios sarcásticos colgué el teléfono y no tuve otra opción que la de adquirir un proyector nuevo.

[2] Solo regiones específicas de China, como es el caso de Guiyu.

Imagen obtenida de rtve.es

 

Discussion2 comentarios

  1. estoy muy de acuerdo en casi todo, por un lado creo que el estatus ligado a las pertenencias materiales ha sido una constante desde hace ya siglos, incluso podría decir que desde el comienzo de la civilización, lo que para mi opinión ha cambiado es la proporción con las cuales se consumen estos bienes y en segundo la masificación de este consumo. por otro lado estoy de acuerdo en que el consumidor tiene la ultima palabra, y que mientras no exista un concepto de consumo responsable, es decir que todo lo que consumes repercute de algún modo social y ambientalmente, es difícil que se modifiquen estos hábitos en el consumo masivo. Más allá estoy convencido de que mientras no existan opciones viables para que exista un mayor consumo responsable no puede haber un cambio real porque las personas difícilmente van a dejar de consumir hasta que exista un cambio, como ejemplifica perfectamente tu propio caso con el proyector. por último como estudiante de RI (recién terminé sexto semestre) de la ibero es frustrante que no te enseñen a pensar más allá y solo te enseñen el modelo económico-social-ambiental actual, ya que no es sostenible en ninguno de los aspectos, pero aun así nos enseñan a replicarlo. felicidades por el artículo.

    • Excelente artículo Charlie. Te falto recomendarles que vean el documental! Es muy bueno. Te muestra el otro lado de la moneda de todas estas empresas de computadoras que tanto idolatramos. Sin embargo, no podemos echarle toda la culpa a las empresas, como lo mencionaste, mientras no haya una consciencia ambiental las empresas ven una oportunidad para seguir produciendo de manera excesiva.

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