Buscando Flores en Israel

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Por: Manuel Férez

Los árabes nunca esperan recibir flores por eso cuando les regalan flores se ponen muy contentos.

Abraham B. Yehoshua en La Novia Liberada

En su libro “Presencias Ausentes” el novelista y activista político israelí David Grossman realiza un viaje, tanto fìsico como mental y espiritual, a la vida cotidiana, ideas y posturas políticas y religiosas , aspiraciones educativas y ubicación (real y percibida) de la minoría árabe israelí. A través de pláticas casuales y entrevistas, Grossman nos lleva a un mundo que muy pocas veces es mencionado o analizado en los medios de comunicación fuera de Israel y que siempre ha estado envuelto en un manto de prejuicios e ideas preconcebidas: ¿cómo vive realmente la minoría árabe del Estado de Israel que representa más del 20% del total de la población?

Es dentro de la última parte de la obra que se reproduce un interesantísimo debate entre Abraham B. Yehoshua (reconocido escritor y profesor judío israelí) y Antón Shammás (famoso poeta y novelista árabe israelí), teniendo al mismo Grossman de testigo, y que en la coyuntura actual me parece totalmente adecuado retomar.

Dicha discusión gira en torno a lo que implica ser un árabe israelí en un país que busca ser definido oficialmente como un Estado judío y sobre el significado de lo que implica ser  “israelí”y la identidad que de ese concepto se construye y reconstruye constantemente dentro del Estado. Si bien el encuentro entre Shamás, Yehoshua y Grossman fue en el ya lejano año de 1986, el tema tratado en aquella ocasión resuena hoy en mis oídos ante la propuesta que se debate actualmente en la Knesset de eliminar el árabe como idioma oficial del Estado de Israel ( calga recordar que desde su fundación en 1948, el Estado de Israel reconoce al hebreo y al árabe como sus dos idiomas oficiales).

Cómo si la presión internacional a la que está sometido Israel por su política de asentamientos en territorios ocupados no bastara; como si los movimientos palestinos en la arena internacional no fueran suficientemente graves; como si la amenaza nuclear iraní no fuera un gran peligro que debería poner a pensar en establecer alianzas regionales para contenerla; como si el actual aislamiento internacional israelí no tuviera comparación en la historia de este país; como si los reclamos de estudiantes, doctores, desempleado, académicos y periodistas no fueran un indicio de la descomposición social, económica y política del país; a la actual Knesset (totalmente dominada por los sectores más radicales de la derecha judía) se la ha ocurrido la grandiosa idea de cuestionar la conveniencia de mantener el idioma árabe como una lengua oficial.

Es imposible entender la profunda intención de esta propuesta parlamentaria basándose en una lógica de integración lingüística. La inmensa mayoría de la población árabe israelí habla un hebreo suficientemente bueno como para realizar sus actividades cotidianas en las escuelas, universidades, trabajos o centros sociales, cumpliendo, en ese sentido, su obligación como minoría nacional; sin embargo, la gran mayoría de los judíos israelíes no sólo carecen de un nivel suficiente de árabe para comunicarse, sino que manifiestan un enorme desprecio por todo lo árabe, siendo el idioma sólo un simple reflejo de lo que en realidad se esconde detrás. (idioma y cultura incluído).

 Personajes como Shlomo Avineri y Moshe Arens han manifestado su inconformidad ante este panorama en sendos artículos de opinión aparecidos en el periódico Haaretz. Ambos coinciden en que con este tipo de propuestas sólo se logra dañar la libertad de expresión y la democracia israelí, lanzando un mensaje violento y agresivo hacia la minoría árabe israelí.

No obstante, las cosas no siempre han sido así. La página de internet del Israel Ministry of Foreign Affairs[1] respalda  la contribución de los árabes a la literatura israelí mencionando, en un artìculo de Shmuel Moreh, a figuras como Michel Jadad, Nazih Kajyhr, Shimón Balas, Naím Araide, Suleimán Masalja, Samih al-Qassim, entre otros. Todos estos árabes israelíes, en palabras de Shmual Moreh, profesor de lengua y literatura árabe de la Universidad Hebrea de Jerusalén (él mismo un judío proveniente de Irak y ganador en 1999 del Premio Israel), muestran la riqueza cultural que se ha logrado generar en el pasado  a pesar de todos los probemas. En ese mismo Israel que ahora duda de la conveniencia de tener al árabe como un idioma oficial, lo cual, en mi opinión, era un símbolo de la buena voluntad que en algún punto de su historia se convino, hoy es un tema que viene a alimentar la tensión entre esto dos pueblos que comparten territorio.

Actualmente, al igual que en 1986, surgen múltiples preguntas: ¿Cómo construir una israelidad que incluya lo judío y lo árabe en un mismo nivel? ¿Se puede agregar realmente a lo no judío dentro del discurso y la cultura israelí contemporáneos? ¿Encontrarán su lugar en la igualdad los ciudadanos árabes israelíes en este Estado Judío que se perfila cada vez más intolerante? Y, para mí, la más importante ¿Por qué de todos los problemas y desafíos que enfrenta Israel actualmente se decide debatir este específico tema? ¿Algo bueno saldrá de esta discusión?

Independientemente del resultado del debate y del futuro de la propuesta de ley en la Knesset , el mismo hecho de que este tema se plantee en estos días en las esferas poíticas y gubernamentales le da la razón a Yehoshúa: ¨Hoy no se regalan flores para el árabe en Israel.¨


[1] http://www.mfa.gov.il/MFAES/MFAArchive/2000_2009/2002/7/La%20literatura%20arabe%20en%20Israel

 

Manuel Ferez es Profesor de Medio Oriente en la Universidad Iberoamericana y Director del Centro de Investigación y Docencia para América Latina y Medio Oriente (CIDAM).
Imagen obtenida de shiahispania.blogspot.com

 

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