El (otro) fin de la historia

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Por: Fernando Pacheco Vences

La semana pasada, mientras veía los documentales, homenajes, análisis, comentarios, especulaciones, etcétera, en conmemoración del décimo aniversario del atentado a las torres gemelas el 11 de Septiembre del 2001, no pude sino sobrecogerme al pensar todo lo que ha cambiado en estos diez años; la manera en la que el orden internacional y las percepciones sociales en general se han transformado en un mundo que se nos prueba cambiante, dinámico e independiente. Tomando rumbos que años atrás se nos hubieran antojado improbables.

El término “terrorismo”, por ejemplo, ahora es de un uso nauseantemente común. Ya se utilice de maneras cercanas a sus definiciones más aceptadas, en sus marcos pertinentes, o ya sea para un uso enteramente coloquial, a partir de este ataque en particular, el terrorismo como concepto, realidad, amenaza, o creación, revolotea en el imaginario colectivo de una gran parte del mundo. No es de extrañarse entonces que, cada vez que alguien escucha esta palabra bajo cualquier contexto, evoque las fulminantes imágenes de las torres gemelas siendo abrazadas por el fuego, el polvo y el caos.

Particularmente en el caso de Estados Unidos, este hecho reavivó el fuego de las cenizas de la doctrina Monroe, en un sentido mucho más amplio, y, fuera por los intereses particulares de una élite o por el interés de una Nación entera, se vio redefinida su política exterior, cambiando al mundo entero con ella. Para empezar, el termino “terrorismo” comenzó a aparecer más seriamente en la arena de la política internacional tomando la forma de la resolución 1373 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde se exhortaba a la comunidad internacional, en su forma más genérica que son los Estados, a dar la espalda al terrorismo mientras, por lo bajo, se condenaba a aquellos Estados donde se ocultara o se financiara a este “nuevo” mal. A partir de entonces, la política exterior de Estados Unidos tomo el estandarte, dentro del orden internacional, de defensora de las libertades y seguridades del mundo civilizado en contra de todos aquellos bárbaros que atentaran en contra de nuestras bien amadas libertades; invadiendo primero Afganistán y luego Irak en el marco de la muy criticada “Doctrina Bush”, sumiendo a la nación Norteamericana a una dinámica política, social y económica basada en la guerra y en la seguridad.

Es entonces cuando esta palabra “seguridad” comienza a tomar diferentes matices. Ya no sólo se utiliza en situaciones de protección en caso de guerra Estado contra Estado, sino también en un marco mucho más amplio que comienza por abarcar el terrorismo, problemas ambientales, seguridad interna en forma de seguridad social, y el desarrollo de los Estados vecinos como posibles detonantes de inseguridad, por mencionar unos cuantos. Esto, en consecuencia, ha creado algunas desestabilidades a nivel mundial, así como en la dinámica internacional. Por ejemplo, el desastre pos-invasión en toda Asia Central que poco a poco ha ido incrementando la situación de conflicto, particularmente en Afganistán y Pakistán, con todo lo que ello acarrea, o la llamada “primavera árabe” que hace explícitas las resacas pos-guerra fría, donde sistemas que aún intentaban sobrevivir sin la ayuda de su principal benefactor, se vieron arrasadas por sus fuerzas sociales particulares, y por las fuerzas históricas en general, creando como resultado una situación de caos y, sobretodo, incertidumbre en aquella mal llamada región, Medio Oriente.

Así que, mientras el mundo cambiaba a pasos agigantados, Estados Unidos lentamente se veía ahogándose en este mar de nuevas dinámicas mientras seguían manteniendo el rumbo en sus objetivos bélicos y políticos. Es por ello que tras diez años les toca pagar la factura ya que, después de una crisis por el mal manejo hipotecario, se ven inmersos en una crisis que en gran parte viene del excesivo gasto militar, que representa aproximadamente el 4.3% de su PIB. Al tiempo que van perdiendo su papel como potencia única e insuperable en el mundo, dejando espacio para que otros llenen este papel. Grandes y no tan grandes, Estados y particulares, abarrotando y haciendo más compleja las relaciones en el sistema internacional.

Diez años después, entonces, el mundo es otro. Pareciendo ser que el fuego que consumió la estructura de las torres gemelas, las vidas de algunos y la percepción de seguridad de muchos más, también comenzó a fundir y moldear una nueva realidad. Una realidad donde la lucha contra aquel cercano oriente y sus moradores (casi todos terroristas y malvados bajo la doctrina Bush), además de un fracaso total, es ahora repudiada y considerada innecesaria. Donde el sistema internacional comienza a tomar sus fuerzas no de uno sino de muchos, donde el liberalismo económico y democrático no fue lo Fukuyama aventuraba a vislumbrar como la cima de la historia ya que ésta siguió con una fuerza insospechada donde esta misma realidad económica y de valores occidentales ha representado  a su enemigo más atroz. Donde el viejo maniqueísmo es irrelevante para las amenazas que no cuentan con un rostro al cual luchar, como las amenazas ambientales y de salud. Donde el mundo tiene que luchar contra sí mismo para poder sobrevivir de la mejor manera posible.

Un mundo en donde, después de diez años, 8,000 muertes aproximadamente, tan sólo del bando de la OTAN, y la muy festejada muerte del ¨malo más malo de todos¨, Osama Bin Laden, siguen ardiendo las llamas de las torres gemelas.

Imagen obtenida de sikhnet.com

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