El Tratado de Tlatelolco a sus 44 años de existencia: logros y desafíos ante un nuevo contexto internacional

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Por: Ricardo Ballesteros

El pasado 14 de febrero se celebró el 44º aniversario del Tratado de Tlatelolco o Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (1967). Este tratado fue impulsado por el diplomático mexicano y Premio Nobel de la Paz en 1982, Alfonso García Robles tras casi un lustro de largas negociaciones y en pleno escenario de Guerra Fría en el continente latinoamericano: Cuba 1962 y República Dominicana 1965. El Tratado surgió ante el conocimiento del poder destructivo de la energía nuclear después de las bombas atómicas de 1945 y de la preocupación por parte de los Estados latinoamericanos por la defensa de su territorio ante una eventual amenaza nuclear debido al enfrentamiento ideológico y a la carrera armamentista entre las dos superpotencias: Estados Unidos de América (EUA) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La finalidad de dicho tratado fue constituir a America Latina y el Caribe en una zona desnuclearizada la cual se convirtió en la primera zona libre de armas nucleares en una región habitada -la anterior fue en el continente inhabitado de la Antártica en 1959- en donde los Estados Parte se comprometen a utilizar exclusivamente con fines pacíficos el material y las instalaciones nucleares sometidas a su jurisdicción y a impedir en sus respectivos territorios, el ensayo, uso, fabricación, producción o adquisición por cualquier medio de toda arma nuclear, así como el recibo, almacenamiento, instalación, emplazamiento de cualquier forma de posesión de toda arma nuclear.

En este sentido, con el fin de velar por el cumplimiento y los propósitos del Tratado, éste  institucionalizó el Organismo para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (OPANAL), creado en 1969 y con sede en México DF. Actualmente, todos los 33 Estados del continente latinoamericano y caribeño son partes de esta Zona Libre de Armas Nucleares (ZLAN) gracias a la última ratificación de Cuba en 2002.

A poco menos de medio siglo de la creación del Tratado, varios logros se pueden destacar  en materia de desarme nuclear, pues a medida que los países de la región se fueron incorporando al Tratado hasta llegar a su totalidad, éste se fue consolidando de tal manera que se puede afirmar que hoy por hoy no existen posibilidades de una carrera nuclear en América Latina ni la remota perspectiva de un conflicto bélico entre las partes en el que se pueda emplear armas nucleares  Asimismo, la creación de este convenio marcó precedente en el derecho internacional, pues sirvió de inspiración para la creación de las otras ZLAN en la arena internacional: el Tratado de Rarotonga en el Pacífico Sur en 1985, el Tratado de Bangkok en el Sudeste Asiático en 1995, el Tratado de Pelindaba en África en 1996, el Tratado de Semipalatinsk en Asia Central que entró en vigor en el 2009 y Mongolia[1]. De este modo, la creación de este efecto dominó, favoreció el fortalecimiento de la paz, la seguridad regional y mundial, así como la no proliferación nuclear.

Los dos Protocolos Adicionales al Tratado han sido un gran logro para el desarme regional, ya que el primero estipula que todos los territorios en la zona latinoamericana que, de jure o de facto, están bajo el control de potencias extracontinentales se comprometen a respetar el estatuto desnuclearizado de la región, entre ellos,  EUA, Francia, el Reino Unido y los Países Bajos, lo cual le otorga mayor amplitud territorial al Tratado. El segundo, de más envergadura, establece que las potencias nucleares, es decir EUA, URSS, China, Francia y el Reino Unido, se comprometen a no emplear armas nucleares y a no amenazar con su empleo contra las Partes Contratantes del Tratado lo que sin duda fortaleció al Tratado en términos de seguridad nuclear.

Otros logros del Tratado que caben mencionar fueron la creación misma del OPANAL -la única ZLAN que cuenta con un organismo de esta índole- y la vinculación y apoyo existente por parte del Organismo y la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) en el sistema de control y verificación del régimen mundial de salvaguardias nucleares.

Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados durante los 44 años, existen algunos desafíos a alcanzar para que el Tratado de Tlatelolco se adapte al nuevo escenario internacional en donde las amenazas nucleares por parte de las potencias aún está latente al no haber un tratado universal que erradique las armas nucleares por completo, a la existencia de nuevos Estados detentores de estas armas (Israel, Corea del Norte, India, Pakistán y posiblemente Irán) y nuevos actores no estatales como grupos terroristas que pudieran adquirir dichas armas.

Primero, fortalecer al Organismo como actor clave en la agenda internacional para el desarme nuclear mundial. Para ello, se debe de intensificar y continuar con los trabajos de coordinación con otras regiones desnuclearizadas que  permitan instrumentar una política común de desarme frente a las potencias nucleares. Segundo, con la experiencia que tiene el OPANAL, apoyar a las regiones de Medio Oriente, Europa Central y la Península de Corea para establecer una ZLAN en estas áreas para así ampliar más el espacio de éstas. Tercero, exigir a las potencias nucleares las garantías legales de que no utilizarán ni amenazarán con ellas al resto de las naciones ante las nuevas amenazas que el mundo enfrenta. Finalmente, se debe conjugar esfuerzos serios y sustantivos con otros organismos como la OIEA, el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN) y la Conferencia de Desarme para llevar a cabo el desarme nuclear y que las armas de destrucción masiva no lleguen a manos de actores no estatales o grupos terroristas que amenacen la seguridad internacional.

En conclusión, el Tratado de Tlatelolco a través del OPANAL debe de continuar con los esfuerzos alcanzados para adaptarse a las nuevas realidades del siglo XXI las cuales estaban limitadas a la esfera latinoamericana y que poco a poco se han venido ampliando en al ámbito internacional. Sin embargo, la tarea no es fácil y el camino a recorrer para llegar al desarme nuclear global no es corto. En estos últimos años, sin duda alguna nos encontramos ante una nueva ola en materia de desarme nuclear y no proliferación gracias a los esfuerzos de la comunidad internacional como la creación de nuevas ZLAN’S, el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas entre EUA y Rusia el cual entró en vigor en febrero de este año, entre otros. No obstante, con la renuencia de EUA, China, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte a firmar y/o  ratificar el TPCEN y sin un instrumento universal de desarme nuclear jurídicamente vinculante, los esfuerzos conseguidos en beneficio de la seguridad y la paz internacional se encuentran a la mitad del camino.

Ricardo Ballesteros es internacionalista por la Universidad Iberoamericana y actualmente se desempeña como funcionario en el Organismo para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe. El contenido expresado en este artículo es propiedad y responsabilidad  única del autor y no del OPANAL.
Imagen obtenida de http://www.atfconsulting.com.ar/.

[1] Es de importancia destacar que Mongolia no es considerado como un ZLAN, sino como un único Estado cuyo territorio es declarado de manera unilateral libre de armas nucleares en el 2000.

Discussion2 comentarios

  1. me encanto Richie!!! la proliferacion nuclear se me hace un tema interesantisimo en RI y me da muchisimo gusto que tengas la oportunidad de trabajar en temas apasionantes y relevantes en el ambito internacional como este…en mi opinion el desarme nuclear es poco viable though pero soy partidaria, aunque demasiado realpolitik, del balance nuclear…idealmente el desarme nuclear es def el camino a seguir

  2. Ricardo Ballesteros

    Es verdad que el derecho internacional y la realpoltik son dos cosas totalmente opuestas y que siempre están en colisión. Sin embargo, los países no poseedores de armas nucleares, tienen al derecho internacional como su única herramienta para poder hacer frente al poder político de lar potencias nucleres, en términos de desarme, Algunos avances se han hecho al respecto, pero no pueden concebirse como completos si los Estados detentores de esas armas no se obligan a cumplirlos.

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