Londres…

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Por: Andrés Colín Estrada

Richard Mannington, pensionado británico, se convirtió el viernes en la quinta víctima mortal de las revueltas en Inglaterra. Mannington, fue apaleado por los jóvenes manifestantes al tratar de apagar un incendio cerca de su casa. La muerte de este hombre es sólo una de las consecuencias del caos vivido en Londres y otras ciudades de Inglaterra, un caos que no tiene justificación alguna.

Una semana antes, el 4 de agosto, durante una manifestación en contra de los recortes del gobierno de David Cameron, otro hombre, Mark Duggan fue fatalmente asesinado por policías; con su muerte se desató el infierno, se desencadenó la irá colectiva, fruto de algo más que el descontento con el gobierno, y la Inglaterra del orden y la ley cedió por una semana a aquella de los hooligans y la violencia sin razón. Durante toda la semana las escenas provenientes de los medios británicos daban cuenta del caos que se vivía; incendios de autos y edificios, saqueo de comercios y casas habitación, robos hasta entre los mismos manifestantes, batallas campales entre policías y manifestantes (o delincuentes) e incluso linchamientos y asesinatos con tintes raciales fueron nota durante la semana.

El caos en las calles era tal que las medidas “represivas” no se hicieron esperar. El uso de tanques de agua y balas de goma, con el simbolismo que cargan (fueron usados durante la guerra de Irlanda del Norte), responde a una demanda ciudadana, pero también a la determinación, tal vez errada, de detener el conflicto primero y arrestar a los responsables después. Responde también a la necesidad de no dejar escalar los niveles de violencia; de suceder esto quizás Inglaterra se enfrentaría a problemas mucho más serios, un conflicto de carácter racial, más muertes y perdidas económicas irrecuperables.

Personalmente no veo en las revueltas de la semana pasada ningún tipo de objetivo o demanda, si las hubo parecen haber muerto con el fuego; no hay pancartas, no hay denuncias, no se busca reivindicar la muerte de Duggan ni ninguna otra cosa; no se observa ni siquiera que algún sector específico sea el que se manifiesta; los vándalos y delincuentes (no hay más palabras) no son todos desempleados, no son todos de clase baja, ni todos jóvenes, no son todos inmigrantes, ni todos ingleses; al contrario, hay millonarios, figuras públicas, viejos, adolescentes, entre otros.

No hay, como en el 15-M de España, una demanda de cambio político, al contrario, después del referéndum de mayo, pareciera que los ingleses están de acuerdo con los procedimientos políticos de su país. Resulta irónico que en la misma semana hayamos visto manifestaciones pacíficas de estudiantes chilenos con demandas reales, visibles, entendibles y que deben ser atendidas.

En las revueltas de Inglaterra esto no sucede; desde luego las causas siguen ahí –el desempleo, los recortes, la exclusión social deben ser prioridad del gobierno de Cameron. También se deberán estudiar cuestiones como la pérdida y desconocimiento de las mínimas normas de urbanidad. Pero eso será después, por ahora queda juzgar y condenar a los más de mil detenidos, limpiar el país y volver al orden, o por lo menos, terminar con el desorden.

Imagen obtenida de elpaís.com

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