La institucionalidad de lo radical: la extrema derecha europea y el doble atentado en Noruega.

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Por: Jessica Beitman Maya

El doble atentado que sufrió Noruega el pasado viernes 22 de julio nos tomó a todos por sorpresa. Incluso dejando atrás la percepción generalizada de que en este país nórdico “todos viven tranquilos y nunca pasa nada”, la brutalidad del modus operandi fue impactante: el pensar que un hombre puede vivir una hora de su vida cazando mortalmente a jóvenes y niños (la mayoría de las víctimas del atentado en Utoya tenían entre 14 y 19 años) para llamar la atención y reflejar su inconformidad ante la ideología que el partido político del cual son parte representa, implica una parte del ser humano que nos gusta pensar que es inexistente. Pero no lo es. No es la primera vez que el mundo se conmociona por un evento de esta naturaleza, y desgraciadamente debo decir que no creo que vaya a ser la última. Vivimos actualmente en sociedades en donde las ideologías se vuelven cada vez más extremas y radicales, incluso a nivel institucional, y no se ve que la tendencia vaya a cambiar. Ese es el punto que a mí me llama más la atención respecto a lo ocurrido, y a continuación compartiré mi análisis al respecto.

Una nota publicada por el periódico REFORMA el pasado miércoles 27 de julio titulada “Defiende aliado de Berlusconi a Breivik” (difundida por El Internacionalista en su momento) detallaba los casos de tres políticos europeos quienes al conocer la ideología de Anders Behring Breivik, el autor confeso del doble atentado, se declararon a favor de algunos puntos o ideas del noruego, incluso llegando a defenderlo y llamarlo “ícono y un defensor de Occidente” en el caso de un parlamentario francés del partido Frente Nacional, Jacques Coutela.

En declaraciones como esa radica precisamente el punto que a mí me genera un dilema. ¿Es válido que políticos, representantes de la sociedad y miembros del sistema institucional de naciones democráticas que, además, son vecinas continentales de Noruega, se identifiquen con una ideología extrema que llevó al terrorismo? De entrada se debe aclarar que el tener una ideología similar no necesariamente implica que se esté de acuerdo con los medios en los que se busca hacerla prevalecer. Sin embargo, es bien sabido que este tipo de ideas extremistas anti-inmigrantes, anti-islam, anti-multiculturalismo e hiper-nacionalistas han tomado fuerza en Europa y un claro ejemplo son los partidos de extrema derecha que luchan por políticas de esta naturaleza desde el ámbito institucional.

Este tipo de grupos políticos son los representantes de una parte significativa de la población europea que se identifica con sus ideales, a la cual me parece importante darle una voz institucional, más allá de si uno está de acuerdo con sus ideas o no. Si lo evitas, las consecuencias pueden ser peores, ya que muchos en vez de ir por la línea institucional pueden terminar incurriendo en medidas violentas.

En el caso de Noruega, al parecer el partido de derecha y la segunda fuerza política del país, el Partido del Progreso, resultó insuficiente como canal institucional ante la radical ideología de Breivik, quien finalmente no representa al europeo de derecha tradicional, inclusive si tomamos en cuenta a los más extremos.

El politólogo holandés de la Universidad de Utrecht, Marcel Lubbers explica en entrevista con la BBC, que en Europa hay una distancia y diferencia entre la derecha institucional que defiende la preservación de la identidad nacional y los grupos radicales extraparlamentarios con ideologías neonazis cuyo objetivo es destruir la democracia. Sin embargo, también dice que la plataforma de la extrema derecha institucional es precisamente la que describe en su manifiesto Breivik: una preocupación por la islamización de la Europa Occidental que maneja el excursionismo y la xenofobia como armas. Esto podía prestarse a que se intente prohibir a grupos políticos como los de la derecha extrema en Europa, pero el Dr. Lubbers manifiesta que eliminarlos no sería la solución.

A mí me parece que la historia nos enseña que las ideologías pueden ser extremadamente peligrosas y mortales, y es por ello que se me presenta entonces un dilema: ¿La institucionalidad de las ideas extremas es necesaria para evitar desahogos por la vía de la violencia? O, ¿Instituciones con ideologías extremas simplemente fomentan que la población se radicalice?

Mi conclusión va por la misma línea de pensamiento del Dr. Lubbers: para intentar evitar que las ideas xenofóbicas y racistas sigan permeando a las sociedades, la eliminación de los partidos políticos de extrema derecha no sería la solución. Las ideas ya están presentes y eliminar los partidos no las eliminaría. Por un lado, pienso que los partidos deben estar limitados por líneas que demarquen que todos en el mundo somos personas con derechos simplemente buscando una mejor calidad de vida, lo cual deben manejar mediante políticas que eviten el odio y el resentimiento, pero más allá de esto, me parece que la misión real la tienen los demás partidos políticos y los organismos civiles. Es tarea de éstos balancear el escenario y aportar alternativas para solucionar una situación que tiene inconformes a muchos. La gran mayoría de la población no expresa sus inconformidades por medio de la violencia, por lo que darles una alternativa viable sí puede solucionar las tensiones.

Esperemos que todos los grupos políticos, de todas las ideologías, lo tomen en cuenta, porque si no, el escenario político y social de Europa en el corto plazo se podrá pronosticar violento y explosivo.

Imagen obtenida de webislam.com

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