América Latina, el escenario de una confrontación hemisférica

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Por: Anabel López Méndez

Hoy por la tarde tomará posesión de la presidencia del Perú el recién electo Ollanta Humala. Con un gabinete que sorprende por su composición moderada y promesas que parecen ser difíciles de cumplir, el líder de izquierda pretende recuperar la confianza tanto al interior como al exterior del país andino.

Basta con darle un vistazo a elecciones presidenciales en Perú para darnos cuenta del tremendo peso que ha adquirido la confrontación ideológica en América Latina. De poco le sirvieron a Ollanta Humala, una vez ganadas las elecciones, los constantes intentos por desvincularse de Chávez y asociarse con Lula Da Silva. Si bien es cierto que logró convencer al pueblo peruano en un principio (actualmente su popularidad ha caído 29 puntos, del 70% al 41%), el público internacional parecía ser más escéptico. El mismo Presidente Calderón tuiteó, como ahora es costumbre,  a unas  horas de haberse anunciado la victoria de Ollanta Humala la siguiente declaración: “Mercados se desploman tras triunfo de Humala. La bolsa cae con fuerza, 9%”.  Probablemente no la bienvenida que el Presidente electo esperaba…

Pese a que las satanizaciones por parte de ambos bandos no han hecho mas que incrementar la brecha; esta fractura ideológica se ha venido construyendo en acciones y hechos concretos que tampoco son dignos de ser ignorados.

En la última década un incremento en las victorias electorales de la izquierda en la región trajo consigo gobiernos extremadamente críticos tanto del modelo de economía de mercado como del modelo de democracia liberal.  Los gobiernos del llamado “Socialismo del Siglo XXI”  decían perseguir la igualdad y justicia social mediante una mayor incidencia del Estado en la economía y una democracia de carácter participativo y plebiscitario.

No cabe duda que el ALBA ha jugado un papel clave constantemente retando la hegemonía estadounidense en la región, muchas veces de manera explícita e inclusive, provocadora. Consecuentemente, se ha convertido en el actor más controversial de la llamada fractura ideológica latinoamericana. A pocos sorprendieron, por ejemplo, sus publicitados vínculos con el Gobierno Iraní o la defensa viceral de Chávez, principal promotor del ALBA, a Gaddafi a principios de año.

Aunado a esto, una serie de líderes, que coincidentemente gozan de una amplia popularidad, se han dado a la tarea de convocar a referéndums nacionales que les permiten a su vez contar con un mandato popular para reformar la Constitución; en la mayoría de los casos, con miras a una reelección presidencial no contemplada previamente. Países como Ecuador , Venezuela, Bolivia  y hasta cierto nivel Nicaragua son algunos de los ejemplos más citados.

En cuanto a la fractura ideológica, ésta ha tendido a traspolarse a los distintos foros regionales ocasionando tensiones evidentes. Foros y organismos que ya se caracterizaban por sus grandes fallas como son los compadrazgos, la retórica poco pragmática y la falta de compromiso, ahora además se ven sujetos a juegos políticos y divisiones ideológicas. América Latina presume de contar con una historia de regionalismo más antigua que la Europea pero a lo largo de los siglos ha demostrado ser incapaz de aterrizarla en acciones y objetivos reales a largo plazo. Considero que la coyuntura se presta para una mayor cooperación regional. Con Estados Unidos concentrando sus esfuerzos en Medio Oriente y Europa sumergido en una crisis interna, América Latina goza de una oportunidad única para protagonizar la escena internacional. No sólo Brasil despegará en los años venideros como sede de grandes eventos y líder en temas de relevancia internacional; México cuenta con una economía estable y en ascenso, mientras que Colombia experimenta un renacimiento digno de llamar la atención. Si la región centrara sus esfuerzos colectivos en sacar adelante a los talones de aquiles como Honduras y Haití e impulsara una política exterior regional de liderazgo, los alcances podrían ser inimaginables. Desgraciadamente, hasta ahora han probado que es más fácil dirigir esos esfuerzos a la confrontación hemisférica que a largo plazo no traerá consigo más que menor capacidad de incidencia y en consecuencia menor independencia regional.

Fuente de la imagen: noticias.terra.com

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