La Hiperrealidad y la Deuda.

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Por: Carlos Tornel

El artículo pasado que se presentó en esta edición comenzaba con una frase que al parecer causó bastante confusión: “El estilo de vida al que hoy estamos acostumbrados, no es otra cosa que un vestigio de lo que alguna vez fue real”, fue lo que escribí. En este artículo me gustaría hacer una pequeña revisión de esa frase y tratar de profundizar un poco más en este aspecto de la realidad.

La sociedad funciona a partir de símbolos, los cuales en sus respectivos momentos de la historia, han sido determinados por diferentes contextos, en cada etapa el desarrollo del hombre se realizó por medio del uso y desarrollo de símbolos. La pregunta es: ¿cuáles son los símbolos que controlan nuestra sociedad el día de hoy? ¿Qué es lo que estamos obteniendo de esta realidad? Este aspecto podemos referirlo de esta manera. ¿Qué es Disneylandia? La respuesta es que básicamente, es un símbolo que refleja lo inexistente de la realidad, es decir, la propia existencia de Disneylandia sirve para recordarnos que todo lo demás es real, desde este aspecto todo lo que se refleja en el mundo supuestamente real, debe ser real. -No estamos en Disneylandia. Diríamos fielmente al enfrentarnos con una problema del mundo “real”.

Entonces, ¿Qué sucede si todo lo que estamos acostumbrados a ver es similar al ejemplo que elocuentemente explica Jean Baudrillard en su libro “Cultura y Simulacro”?  Sucede que, todo lo que está a nuestro alrededor es cuestionable, todos los símbolos a los que estamos acostumbrados tienen un significado completamente distinto y un mensaje completamente distorsionado. Eso es lo que hace Disneylandia a los ojos de un niño y es lo que sin duda la cultura mediática nos hace creer día con día.

Disneylandia está ahí para recordarnos la existencia de un mundo que si es real. Sin embargo la cuestión ahora es: ¿Cómo sabemos que lo que nosotros consideramos real no es otra cosa que algo similar a Disneylandia? ¿Podríamos vivir en una realidad sobre otra realidad?  A esto el mismo autor lo denomina como “hiperrealidad” y es esto exactamente lo sucede dentro de la cultura en los Estados Unidos.

Los Estados Unidos es país enfermo de este tipo de hiperrealidades, el culto a la persona y al cuerpo están fundamentados en una ilusión. Todo la cultura que gira alrededor de las celebridades y los programas de televisión promueven el morbo y el ocio, junto con valores como la traición, la humillación y la debilidad. Estos son los fundamentos que se esparcen por toda una nación obsesionada con la perfección. Sin embargo, ese aspecto de la cultura estadounidense parece sumergirse aún más en momentos de crisis y el verdadero problema se presenta cuando las personas pierden la capacidad de diferenciar el mundo real del hiperreal.

Una vez definido el fundamento de la hiperrealidad de los Estados Unidos, me gustaría relacionarlo con el aspecto económico. La ética de la población incitada por el consumismo, el morbo y el culto a la persona es similar a la ética de Wall Street, es decir, similar al mundo de las celebridades: funciona a partir de la explotación de una realidad que simplemente está muy lejos de existir. ¿Pero puede una sociedad estar fundamentada en una ilusión o hiperrealidad?

En el caso de los Estados Unidos la ilusión ya tiene años existiendo. Desde la década de los ochenta, con las políticas  económicas de Ronald Reagan (las famosas “Reaganomics”), se establecieron las propuestas para aumentar el tope de la deuda, creando al mismo tiempo, una clase social atrofiada dentro de los Estados Unidos. Actualmente, el partido Republicano está proponiendo hacer algo similar dentro de la crisis política y económica que podría desatarse próximamente en Washington.

El problema de la deuda de los Estados Unidos se hace cada vez más inminente. Por un lado tenemos al gobierno de Obama, incapaz de lograr aciertos de índole política y económica a lo largo de casi todo su periodo presidencial y del otro nos encontramos con un partido Republicano cada vez más conservador e incluso xenófobo. La propuesta de Obama, que expiró el viernes, de aumentar el techo de la deuda, está fundamentada principalmente en el aumento de los impuestos, cosa que en ojos republicanos parece herejía. Mientras que estos últimos proponen elevar el tope de la deuda, pero sin cobrar impuestos a los gigantes empresariales del país, como las petroleras. Algo que sin duda golpeará directamente a la decreciente clase media de los Estados Unidos, de nuevo similar a lo que sucedió en el gobierno de Reagan en la década de los años ochenta.

Sin embargo, es importante recalcar que esta no es la primera vez en que los Estados Unidos ha aumentado el límite de la deuda. Lo han echo 74 veces antes, 17 de las cuales se dieron durante la presidencia de Ronald Reagan. El reloj se está acabando para tomar decisiones, la deuda del país está por los cielos y al parecer Washington simplemente no puede debatir con los republicanos. Este es sin duda un momento de crisis, uno que el propio Obama denominó como: “generada por Washington”, pero que al mismo tiempo arrojará muchas premisas de lo que puede suceder el próximo año.

Estados Unidos necesita regresar a la realidad, necesita despertar movimientos sociales parecidos a los que Martin Luther King y Malcom X propusieron en su momento. Este es el momento de actuar, de salir de Disneylandia, es el momento de tomar decisiones propias y dejar de obedecer a los medios de comunicación, es el momento de tomar acciones políticas y de evitar un futuro aún más gris que el que ya tenemos.

Asimismo, es importante seguir de cerca las acciones que tomará Washington en los próximos días pues podríamos estar enfrentándonos no solo con la decisión del manejo de la deuda, sino también con un panorama más claro de las posturas para las elecciones del año 2012; y por supuesto, sugiero que nos familiaricemos con los candidatos republicanos pues, aunque parezca terrible, una buena parte de los estados ya son republicanos y todo parece indicar que de seguir por el mismo camino, el resto del país lo será en poco tiempo…

Imagen obtenida de www.danielestulin.com

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