La Patología de la Autodestrucción.

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Por: Carlos Tornel

El estilo de vida a la que hoy estamos acostumbrados, no es otra cosa que un vestigio de lo que alguna vez fue real. Nuestra manera de vivir y la comprensión que tenemos de la realidad se encuentran profundamente distorsionadas. Los simbolismos de los que tanto dependemos están controlados y predispuestos para influir directamente en la opinión de un individuo promedio. Lo que hoy consideramos normal y real no es otra cosa que un simple simulacro de la realidad, una ejemplificación de la misma realidad llevada a la creencia en masa por medio de la cultura interconectada y globalizada. Este modo de vida en “sub-realidades” alejadas completamente de la original han distanciado al hombre cada vez más de la naturaleza, a tal grado que hoy nos encontramos en un momento de crisis por la falta de conciencia sobre el medio ambiente.

Esta es sin duda una época de crisis y cambio. Es por eso que hoy, el tema del medio ambiente se vuelve cada vez más relevante. A partir de los procesos de globalización y la interconectividad de todo el mundo, el medio ambiente se ha visto afectado por diferentes problemas que tienen como fundamento el capitalismo industrial y la producción en masa. Hoy, la globalización ha marcado para siempre nuestra percepción de la realidad, pues todo parece estar relacionado. Es decir, no podemos abordar un tema en específico sin considerar cuáles son sus consecuencias para diferentes disciplinas y para el resto de los habitantes de este planeta.

El hombre vive dentro de un contexto en el que se ha convertido en una amenaza para si mismo. Desde el primer proceso evolutivo de la historia, la vida y por consiguiente la humanidad, se ha desarrollado por medio de la adaptación al medio ambiente. Pero en algun punto de ese proceso, el hombre se ha alejado cada vez más de la idea de pertenecer al medio ambiente cambiando su cosmovisión mediante las creencias judeocristianas y grecolatinas, posicionándose a si mismo como el centro del universo (cuando en realidad solo somo un suburbio distante de nuestra galaxia, en medio de un mar de ellas). Hemos actuado como amos de la naturaleza, intentando siempre dominarla a toda costa. Hemos enfocado nuestra voluntad a satisfacer nuestras crecientes necesidades y sistemáticamente hemos tomado lo que está a nuestro alcance sin pensar en las posibles consecuencias.

Hoy hemos llegado al punto en el que hemos explotando de sobremanera el proceso de adaptación de nuestros estilos de vida con el medio ambiente, estamos ignorando lo complejo, único y a la vez, diminuto que es el fenómeno de la vida. Estamos tomando un camino que, sin lugar a dudas, está destinado a la destrucción de nuestra propia singularidad y creación, es decir, la civilización. Misma que además de ser el orgullo más grande del hombre, es también (y en especial desde los últimos 150 años) la gran detructora de su propia existencia. Pues a fin de cuentas no es más que un proceso de automutilación, una patología suicida, su propio fin dentro de la búsqueda de supervivencia y la trascendencia.

Cuando analizamos el peso que tiene el hombre para el medio ambiente, los problemas de cada disciplina y de cada acción que toma el hombre; tienen una consecuencia para su entorno, sea positiva o negativa. Cuando tocamos un tema desde la perspectiva ambiental involucramos a muchas disciplinas en donde cada una tiene una explicación al problema y al mismo tiempo una consecuencia para su respectiva área de estudio. Por ejemplo, si hablamos del tema del calentamiento global, podemos referirnos a las emisiones de carbono al ambiente, el exceso de metano emitido por el consumo desproporcionado de carne y a la desforestación y contaminación progresiva de los océanos, es decir, a la destrucción de los receptores y procesadores de los gases contaminantes. Cuando nos referimos a este problema de carácter global, las disciplinas involucradas incluyen a la biología, la química, la sociología e incluso a la psicología entre otras.

Es a partir de esta complejidad que debemos observar de donde proviene el actual sistema al que estamos acostumbrados y por el cual, nuestra cosmovisión nos ha indicado que el humano tiene el control de la naturaleza y no de la manera contraria. Si lo analizamos desde una perspectiva social de acuerdo con la interpretación grecorromana y judeocristiana; nos encontramos entonces con una paradoja. La biblia y otros textos sagrados han alejado al hombre de su entorno, haciéndolo creer en algo mucho más trascendente e ilusorio como “la otra vida” o “el más allá”. Esta creencia, y la necesidad del ser humano de llenar el vacío de la incertidumbre por medio de un concepto como el de dios, lo han alejado cada vez más de su entorno, haciéndolo cada vez más inconsciente del peso de sus propias acciones.

Por otro lado, los valores económicos impuestos y generalizados sistemáticamente por la globalización y la llamada “americanización” de la cultura a partir del consumo desmesurado y la acumulación, a expensas de los propios seres humanos menos beneficiados, también ha afectado de manera directa al medio ambiente. El consumo humano, a partir del capitalismo Industrial, se ha beneficiado por medio de la explotación laboral y la producción en masa, ha logrado el beneficio para una reducida parte de la población mundial, mientas que a segregado progresivamente a millones de personas privándolas del acceso a una vida digna en convivencia natural con el medio ambiente.

Esto quiere decir que la crisis ambiental no solo emana de problemas de carácter ambiental y sus consecuencias tampoco afectan a este ámbito únicamente, sino que  también involucra problemas sociales y económicos. Actualmente, de los 17 países megadiversos, tan solo uno se encuentra en el hemisferio norte mientras que el resto pertenecen al hemisferio sur y por consiguiente al grupo de países, hoy denominados “en vías de desarrollo”. La sobreexplotación del medio ambiente de los países del norte está afectando precisamente a estos países en vías de desarrollo. Son los países que producen de manera primaria, mientras que los desarrollados o del hemisferio norte, aprovechan estas producciones para más tarde emitir contaminantes al ambiente por medio de la producción industrial en masa y el consumo desmesurado.

El problema es que la producción en masa por medio de los sectores secundarios y terciarios ha logrado un desarrollo con estabilidad económica, social y política. Mientras que los países en vías de desarrollo han sido afectados, casi de manera irreparable por los contaminantes emitidos en los países del hemisferio norte y mientras que esperan su oportunidad de ser ellos los productores, los ricos, los consumidores, etc.

Al mismo tiempo estos países, con la mayor diversidad, han explotado sus bosques, selvas océanos y fuentes de recursos naturales para satisfacer la demanda de la minoría y no la mayoría. Esta desigualdad, entonces no solo es económica, sino también social. Los países desarrollados son los principales contaminantes del medio ambiente y al mismo tiempo lo más beneficiados del sistema de producción internacional; esto no solo es preocupante sino irónico, cuando más de la mitad de la población habita en el hemisferio sur.

La realidad, además de ser “incomoda”, es sin duda alguna, mucho más cruda y explicita de lo que el ex candidato presidencial Al Gore puede mostrar en una película. Por un lado, tenemos que considerar que nuestro sistema no está diseñado para la cantidad de personas que habitan esta tierra; el capitalismo industrial y la producción en masa funcionaron en un momento de la historia en donde la población era al menos la mitad de lo que es ahora. Hoy, en un mundo de siete mil millones de habitantes, el sistema no solo es desigual y excluyente sino incluso perjudicial. La manera a la que algunos están acostumbrados a consumir no alcanza para satisfacer las necesidades de toda la población del mundo.

El problema es pues que el propio sistema tiene una tendencia suicida y por lo tanto los países occidentales y la población de los mismos, también la tienen. La gente de estos países no está preparada para afrontar una realidad en donde el consumo se disminuya en niveles sustentables, prefieren ignorar los problemas y no sacrificar un poco de su estilo de vida con el objeto de lograr prolongar su bienestar personal a expensas del de alguien más. Es por eso que el problema también se puede analizar desde una perspectiva psicológica: la patología de la autodestrucción.

Esté problema es el reflejo de una cultura y un sistema que se han vuelto deficientes; sin embargo, en toda la historia de la humanidad, no habíamos experimentado un momento tan particular como el nuestro: primero es importante señalar que actualmente, después de 9 millones años con la primera división de los primates, los 3.5 millones de años desde el australopitecos y los 160 mil años en que el homo sapiens comenzó a colonizar el mundo. La evolución del hombre dependió enteramente de la naturaleza. El asentamiento de la primera civilización hace 5,000 años aproximadamente fue igual de dependiente de la misma que incluso el desarrollo de los primeros cultos y religiones pueden explicarse a partir de los fenómenos naturales que intrigaron a los antiguos.

Actualmente se estima que de todas las especies existentes se extinguen alrededor de 3 especies por minuto, mientras que la ONU únicamente tiene una advertencia para cerca de 2,000 en peligro de extinción. Nos encontramos en un momento en que la huella del hombre se hace cada vez más visible para el medio ambiente, cada vez nos percatamos más de lo que nuestro desarrollo y poca visión del futuro han causado al medio ambiente y a nuestra propia vida. Vivimos en la sexta gran extinción, que de manera muy similar al paso del calentamiento global, es un proceso natural en la tierra; sin embargo, el tiempo desde la última extinción y la última glaciación respectivamente han disminuido considerablemente desde que el hombre (a partir de hace 150 años aproximadamente), comenzó a producir de manera industrial y masiva.

Esta perspectiva habla exactamente de la huella que está dejando el hombre en el medio ambiente y es pues, imposible negar nuestra participación al modificarlo junto con el futuro de este planeta. Lo que debemos hacer no solo recae en nosotros como una responsabilidad ética y moral sino también social, económica y biológica. Es necesario que replantemos el sistema internacional de comercio y consumo. Tenemos que reestructurar nuestras creencias y nuestras cosmovisiones, adaptarlas a nuestro contexto social. Estas deben evolucionar junto con los procesos tecnológicos y científicos, y adaptarse a una manera sustentable de vida.

Debemos exigir que los países reduzcan sus emisiones de carbono, que se invierta en tecnología más limpia y que cada persona comprenda que es necesario tomar acción propia para realizar el cambio. Es nuestra obligación enmendar los errores del pasado, pues no podemos dejar un mundo peor de cómo lo encontramos. Tenemos que hacer algo pues sabemos que el problema está ahí y cada uno de nosotros es responsable en caso de no actuar; cada acción o falta de acción nos afecta a todos y todos necesitamos del medio ambiente para sobrevivir. Al final, ¿Qué es lo que nos da el derecho de terminar  una historia de evolución con 4.3 mil millones de años desde la formación de la tierra y otros 3.7 mil millones de años desde la aparición de la vida, en tan solo 150 años de “desarrollo” industrial? La respuesta es, que nada nos da ese derecho, ya no está en nuestras manos decidir. Solo nos queda actuar.

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